martes, 31 de marzo de 2020

Los efectos de COVID-19 sobre los mercados de valores internacionales


El pánico por la pandemia global del COVID  coloca a los mercados de valores internacionales en caída libre.

A continuación se muestra un cuadro de la rentabilidad en moneda local de los índices de  los mercados de valores de 72 países. En la primera columna se ha calculado la variación mensual del índice del 17 de marzo del 2020 respecto al mes anterior, mientras que en la segunda columna aparece la variación anual del 17 de marzo de 2020 respecto al mismo mes de 2019.

La caída media mensual de todos los índices es del 20,43%. Rusia encabeza el ranking de las caídas mensuales de los precios de las acciones con un 34,67%.  Otro grupo de siete países han caído mas de un 30% mensual, entre los que se incluye  varios de la zona euro (Grecia, Italia, Austria e Irlanda por ese orden). Otros países de la zona euro como Francia y Alemania registraron caídas de cerca del 30%, mientras que otros países BRIC, como Brasil e India, registraron una caída mensual de  mas del 24%. [1]

En términos interanuales encabeza el ranking de caídas el índice de Grecia, con un retroceso del precio de las acciones de su mercado de valores del 47,93%. Completan el Top 5 negativo, Rusia (45,18%), Luxemburgo (-40,66%), Austria (-40,38%) e Irlanda (-39,03%).  La caída media interanual de todos los índices es del 26,32%.

En lo referente a la bolsa de España, el IBEX retrocede en términos intermensuales e interanuales un 28,44% y un 34,63%, respectivamente.

Por último, destacar el comportamiento relativamente menos negativo del índice S&P 500 de EE.UU., con retrocesos del 14,39% intermensual y del 21,72% interanual.

Fuente: Bespoke
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[1] BRIC: acrónimo de un grupo de 4 países emergentes (Brasil, Rusia, India y China).

martes, 10 de marzo de 2020

Las distorsiones y los efectos indeseados de los tipos de interés negativos de la deuda pública de la zona euro


En su reunión del de 12 de diciembre de 2019 el Banco Central Europeo (BCE) admitió explícitamente que los tipos de interés negativos generan distorsiones y efectos indeseados en la economía europea que deberán ser abordados. No obstante, la Presidenta del BCE, Christine Lagarde, que se estrenaba al mando de la autoridad monetaria de la zona del euro, sostuvo que la utilización de los tipos de interés negativos ha sido bastante eficiente y ha funcionado a la hora de influir en las condiciones de financiación de la zona del euro, tanto para las empresas no financieras como para los hogares.

La política monetaria no convencional del BCE y de otros bancos centrales ha llevado a la rentabilidad nominal (sin descontar la tasa de inflación) de los bonos de deuda pública de la eurozona y de otros países avanzados a niveles cercanos a cero o incluso negativos, tal y se como muestra en el siguiente gráfico (datos de noviembre de 2019).

Destacar el caso de Alemania, donde los tipos de interés nominales negativos de su deuda pública extienden a la mayoría de los plazos de vencimientos, excepto a 30 años. Para España, los vencimientos con tasas de rentabilidad nominal negativas se extienden desde los 3 meses a los 5 años. Para el caso de EE.UU. todas las rentabilidades nominales de sus bonos se sitúan en niveles positivos. El caso extremo lo representa Suiza: para todos los vencimientos los tipos de interés nominales de su deuda soberana son negativos.


Mucha más extrema es la situación de la rentabilidad real (rentabilidad nominal menos la tasa de inflación) de los bonos de deuda pública. En los dos siguientes gráficos (datos 3 de marzo de 2020) se muestran  de las rentabilidades nominales (segunda columna) y reales (cuarta columna) de los bonos a 2 y 10 años de vencimiento, respectivamente, de un grupo diverso de países.



¿Pero cuáles son los efectos indeseados de los tipos de interés nominales negativos de los bonos de deuda pública?

Los bonos con rendimiento nominal negativo producen distorsiones graves en los mercados de valores de renta fija, generando efectos adversos no deseables para los inversores, entidades bancarias e incluso para los gestores de las políticas económicas. De hecho, la idea de que un inversor pagaría por prestar dinero durante un período de tiempo (incluso hasta un horizonte de 30 años) era tan sólo una entelequia académica hasta el inicio de la crisis financiera internacional de 2007-2008.

En primer lugar, los tipos de interés negativos pueden incentivar el aumento de los precios inmobiliarios (la vivienda es un activo alternativo para la inversión) y, en última instancia, pueden aumentar la carga de la deuda de los hogares por el alza de los montantes de las hipotecas.

En segundo lugar, si se produce un cambio de expectativas de que subirán los tipos de interés en el futuro, podría tener un impacto significativo negativo en los precios de los bonos, tanto de deuda pública como de bonos corporativos privados (pérdidas en la carteras). En este sentido, según los cálculos efectuados por Bloomberg, una cuarta parte de los bonos emitidos por gobiernos y empresas de todo el mundo ahora se negocian con rendimientos negativos. Los acreedores que posean valores estos valores, que suman una cuantía de 15 billones de dólares (datos de agosto de 2019, trillones americanos en el siguiente gráfico), podrían sufrir cuantiosas pérdidas si los mantienen hasta su vencimiento.


Finalmente, los tipos de interés negativos pueden afectar a la cuenta de resultados de las entidades bancarias,  plantear problemas a los fondos de inversión y a los fondos de pensiones para garantizar una rentabilidad a los partícipes y, por último, llevar a asumir mayores riesgos a los inversores al trasladar la demanda a bonos que dan más rentabilidad pero con más riesgo, denominados fondos high yield.