miércoles, 5 de noviembre de 2008

It's the Fiscal Policy, Obama



Bill Clinton, el último Presidente demócrata de los EE.UU. (1993-2000) es recordado por haber usado la frase "Es la economía, idiota" para criticar al Presidente George H. W. Bush (1989-1992). Clinton enfocaba su mensaje en los temas que le importaban a los ciudadanos, como el crecimiento económico, la educación y la gestión de la sanidad; todo envuelto en una imagen de cambio. Busch le gano la batalla presidencial a George H. W. Bush (padre del hasta ahora Presidente republicano de EE.UU.), porque éste había adquirido mucha popularidad después de la Guerra del Golfo. Sin embargo, durante la presidencia de Bush, la economía había entrado en recesión y eso fue fatal para la candidatura a su reelección. Y al final de su mandato en 1992, el déficit público alcanzó niveles records (véase gráfico; las líneas sombreadas son años de recesión según la metodología del NBER).
De nuevo Obama gana la presidencia por la imagen de cambio y por la economía pero se enfrenta también a un reto: la gestión de su política fiscal. Uno de los problemas iniciales que puede condicionar su gestión económica (junto al abultado déficit de la balanza por cuenta corriente) es el nivel del déficit fiscal de los EE.UU. que hereda. Según las últimas previsiones alcanzará una cifra récord de 482.000 millones de dólares en el año fiscal 2009 (alrededor de 75.000 millones más de lo que se pensaba anteriormente). Este empeoramiento del déficit presupuestario se debe a los efectos negativos sobre los ingresos y los gastos públicos del reciente paquete de medidas fiscales dirigidas al estímulo económico y para combatir la recesión económica (Economic Stimulus Act of 2008 ).
Por si fuera poco, de acuerdo con el reciente informe elaborado por el Tax Policy Center un joint venture entre Urban Institute y Brookings Institution, solo las propuestas fiscales específicamente no relacionadas con el sector de la salud de Obama, reducirían los ingresos fiscales en 2,7 billones de dólares en un periodo de diez años, o aproximadamente un 10% y un 7% de los ingresos que sean recaudados por la ley actual y, por tanto, aumentarían sustancialmente el déficit público y el stock de la deuda pública nacional.
Difícil tarea la que se le presenta al próximo Secretario del Tesoro de Obama, ya que las estimaciones de crecimiento medio anual acumulativo del PNB real para los próximos 10 años, en el supuesto de que las medidas de política fiscal propuestas fueran "neutrales" con el nivel actual de déficit público, se sitúan en el 3%. Dicho de otra manera, o la política fiscal de Obama tiene un éxito relativo rápido es estimular el crecimiento de la economía americana, o el crecimiento adicional del déficit y la deuda pública puede provocar efectos contrarios a los deseados. Esta situación es todavía más delicada cuando Ben Bernanke y la Reserva Federal han situado probablemente a la política monetaria al "límite" de su margen de maniobra.
Aunque las comparaciones en economía son odiosas, en el caso más pesimista de que la política fiscal de Obama no logre a medio plazo el estímulo sobre el crecimiento económico deseado y, por el contrario, provoque un aumento adicional del déficit público, la situación al final de su mandato se puede parecer bastante a la del Presidente republicano Ronald Reagan (1981-1988). Durante la administración Reagan, se redujo de manera importante el tipo impositivo máximo, lo cual supuso una rebaja de impuestos que recayó fundamentalmente sobre las clases acomodadas y llevó a un aumento substancial de la desigualdad económica. La situación de algunos grupos de renta baja se vio además perjudicada por la reducción del gasto social. Además los gastos militares se incrementaron de tal manera que el gasto global se incrementó, cosa que unida a la rebaja fiscal produjo déficit presupuestarios crecientes que casi duplicaron la deuda total. La deuda pasó de menos de un 40% del PIB a casi un 70% del PIB. El déficit pasó del 2,6% al principio de su mandato, a más del doble en 1986 cuando alcanzó el 5,3% (véase en el gráfico el déficit público de 1988).
Si por, el contrario su política económica tuviera un éxito importante, se repetiría la "suerte" de su antecesor demócrata, Bill Clinton, que logró una importante recuperación de la economía, redujo sustancialmente el desempleo y el stock de deuda pública deuda nacional, y terminó su segundo mandato con un superávit muy significativo en el presupuesto (véase en el gráfico el supéravit público del año 2000). Si la mejor estrategia de política fiscal fuera la de un "paseo aleatorio", a lo mejor no hubiera sido mala idea de colocar de Vicepresidenta a Hillary Clinton (y al propio Bill Clinton de Secretario de Estado del Tesoro).

1 comentario:

jose dijo...

Hola.

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