viernes, 2 de octubre de 2009

Datos históricos y proyecciones del déficit público y el stock de deuda pública de los EE.UU.

Acaban de publicarse las nuevas previsiones sobre la evolución de las Finanzas Públicas de EE.UU. para el periodo 2009-2019. Estas previsiones han sido efectuadas por la Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO en sus siglas en inglés) y por la Oficina de Gerencia y Presupuesto (OMB en sus siglas en inglés). En ambos casos -como vamos a tener ocasión de comentar en esta entrada del Blog- plantean unas proyecciones en las variables fiscales muy pesimistas. Sus efectos sobre la economía americana, en particular, y sobre la economía mundial, en general,  podrían ser muy negativas si no se efectúa una seria corrección.

Por una parte, la Oficina Presupuestaria del Congreso de los EE.UU. tiene como misión principal el control de la ejecución del presupuesto federal, asistiendo técnicamente a las todas poderosas Comisiones de Presupuestos de la Cámara de Representantes y del Senado. Adicionalmente, proporciona a las dos Comisiones una fuente neutral e independiente de información presupuestaria. Por otra parte, la Oficina de Gerencia y Presupuesto asesora al Presidente de los EE.UU. en lo relativo a la supervisión de la preparación del presupuesto federal. Las previsiones de ambas agencias se centran en el déficit público, el stock de deuda pública, y en los ingresos y gastos públicos, globales y por partidas.

En lo que respecta al déficit del presupuesto federal para el conjunto de 2009, ambas instituciones prevén que llegue hasta la cifra récord del -11,2% del PIB, valor no alcanzado desde el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, para posterior estabilizarse en el -5%  del PIB hasta el 2019.





Como resultado de los abultados déficit presupuestarios previstos, la evolución previsible de la deuda pública se ha revisado al alza de manera sustancial. La deuda federal en manos del público se espera que siga creciendo desde 2009 en adelante hasta alcanzar el 76,5% del PIB en 2019. Una vez más, hay que volver a los años inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial para ver los niveles del stock de deuda pública en semejantes niveles.





Estas previsiones de déficit y de stock de deuda pública tan negativas tienen que ver con la previsible evolución de los diversos componentes de los ingresos y gastos públicos. Por el lado de los ingresos, las previsiones se basan fundamentalmente en las previsiones de actividad económica real. Los ingresos de la mayoría de los tipos de impuestos se prevé que se sitúen por debajo de la tendencia en el corto plazo y que luego vuelvan gradualmente a sus valores de tendencia cuando la economía americana vuelva a la senda de crecimiento sostenido.



Por el lado del gasto, a largo plazo la disminución de los gastos de defensa en % del PIB es más que compensada por el aumento en los programas de asistencia social, Medicare y Medicaid (véase la entrada reciente sobre la cobertura sanitaria americana) y, sobre todo, por el extraordinario aumento de la partida destinada a los pagos de intereses del stock de deuda pública federal. Por una lado, debido al previsible incremento de la edad media de la población y de los costes de la atención sanitaria, el gasto de los programas de salud Medicare y Medicaid se espera que alcance el 5,9% del PIB en 2019.  Por otro lado, los pagos de intereses (servicio de la deuda) alcanzarán el 3,4% del PIB en 2019, lo que representa nada menos que el 85% del déficit público previsto para el final del periodo.




El escenario descrito en estas previsiones plantea mayores restricciones a las autoridades fiscales americanas. Por un lado, dado que  la recuperación de la economía americana es todavía incipiente y, por lo tanto, puede ser todavía vulnerable a los shocks negativos adversos, se prevé que continúe por cierto tiempo la actual Política Fiscal de carácter expansivo.

Pero por otra parte, hay una evidente necesidad de reducir el largo plazo el déficit presupuestario que parece insotenible desde el punto de vista intertemporal. Niveles de deuda pública tan alta como a las previstas por la Oficina de Gerencia y Presupuesto de la Casa Blanca tienen varios efectos negativos que ya se han producido en otros episodios recientes del Siglo XX.

En primer lugar, si no se plantea a corto plazo una drástica corrección en el lado del gasto, podría ser inevitable una subida de impuestos y un alza en la presión fiscal, lo que dificultaría las posibilidades de recuperación de la demanda interna.

En segundo lugar, podría aumentar el riesgo de impago de la deuda pública, lo que provocaría sin duda un alza en las primas de riesgo de las nuevas emisiones, mayores tipos de interés (y de pagos del servicio de la deuda) y, en definitiva, mayores costes futuros que dificulten la corrección del desequilibrio fiscal. Además, puede aparecer el temido "efecto expulsión", provocado por una demanda sostenida y creciente de fondos por el Gobierno que provoque una presión al alza de los tipos de interés reales, con consecuencias adversas para la inversión privada y el crecimiento real. El aumento de los tipos de interés nominales y reales internos probablemente atraerá nuevos flujos financieros de los países con mayores tasas de ahorro hacia la compra de los títulos de deuda pública americanos. Pero ello puede conducir a una fuerte apreciación del dólar y al empeoramiento del ya abultado déficit por cuenta corriente (y déficit comercial) americano, problema conocido como los "déficit gemelos".

Por último, la escalada de tipos de interés internacionales puede llevar a medio plazo a la reaparición de problemas de impago de la deuda externa en otros países.

Todo este panorama recuerda demasiado a los años de la Presidencia de Ronald Reagan. Pero ¿se volverá a repetir la misma historia o será peor? El problema es que en aquella ocasión se generaron aumentos de interés nacionales e internacionales, apreciación del dólar, problemas de déficit por cuenta corriente en los EE.UU.  y de crisis de deuda externa en países en vías de desarrollo, con niveles de déficit público y de stock de deuda pública en % del PIB muy por debajo a las proyecciones actuales (véase al respecto los dos primeros gráficos).

Sólo falta añadir a este negro escenario que el exceso de liquidez generado por los bancos centrales en el último año provocara  a medio plazo problemas de inflación a nivel internacional. Pero este tema  será objeto de una próxima entrada del Blog.

Este panorama se parece nuevamente a los problemas fiscales que tenemos en la economía española. La única diferencia es que mientras la Administración Obama se ha retratado claramente (y actúa en consecuencia) con una política fiscal keynesiana, nuestra Administración se declara un día keynesiana y al día siguiente neoclásica, en sus intenciones y en sus medidas, lo que aún es más grave.

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