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sábado, 5 de noviembre de 2011

Tipo de cambio de mercado del dólar con el euro versus tipo de cambio implícito de la PPA, 1975-2010

En esta entrada del Blog mostramos la desviación histórica del tipo de cambio (nominal) del dólar con el euro, E$/€, respecto al tipo de cambio de equilibrio de largo plazo que asegura el cumplimiento de la Paridad del Poder Adquisitivo o PPA (Purchasing Power Parity o PPP en inglés).

La teoría de la PPA establece que el tipo de cambio nominal entre el dólar y el euro debe tender a largo plazo a un valor de equilibrio que viene determinado por el cociente de los precios relativos (aproximados por los IPC) entre las dos zonas, E$/€ = Pus/Pze. En última instancia, la teoría en su versión relativa establece que la economía con mayor (menor) inflación relativa verá como su moneda se deprecia (aprecia) a largo plazo en los mercados de cambio para asegurar que el poder adquisitivo entre EE.UU. y la zona euro (ze) sea el mismo.

La PPA es una de las proposiciones fundamentales de la finanzas internacionales. Los modelos monetarios de determinación del tipo de cambio descansan en esta proposición y de ahí la importancia de su cumplimiento. No obstante, existe consenso en que la PPA no se cumple a corto plazo, pero en el largo plazo el tipo de cambio nominal y los precios relativos se mueven proporcionalmente, de forma que el tipo de cambio real revierte al equilibrio. Por tanto, a corto plazo pueden existir desviaciones de la PPA pero éstas deber ser temporales y desaparecer a lo largo del tiempo permitiendo que la PPA se cumpla en el largo plazo.

¿Por qué se producen desviaciones a corto plazo de los tipos de cambio de mercado del tipo de cambio de equilibrio de la PPA?. Las causas son de diversa índole. Por un lado, muchos de los bienes y servicios que se producen en una economía son poco o nada "exportables": un corte de pelo, una vivienda, la educación, los servicios públicos,... por lo que no se ven expuestos a la competencia exterior. Lo mismo ocurre con otros sectores considerados estratégicos que pueden estar protegidos por los gobiernos nacionales. Por otro lado, hay otros factores que generan también desviaciones a corto plazo respecto al valor de equilibrio a largo plazo de la PPA: riesgos geopolíticos (favorecen a las monedas más sólidas), shocks en los mercados financieros o en los mercados de materias primas y la política de gestión de las reservas de los Bancos Centrales, entre otros. De este modo, el tipo de cambio de equilibrio de la PPA debe considerarse una referencia a largo plazo para la cotización de mercado, que oscilará en torno a ella en ciclos que pueden ser muy prolongados en el tiempo. 

En el primer gráfico (hacer clic sobre el mismo para verlo más grande) se muestra la evolución del tipo de cambio de mercado del dólar con el euro (línea azul) y del tipo cambio de equilibrio entre ambas monedas según la PPA (línea amarilla). [1]


Tres conclusiones merece la pena destacar. En primer lugar, a corto plazo el tipo de cambio de mercado del dólar con el euro se desvía sistemáticamente del tipo de cambio implícito de la PPA. En segundo lugar, la PPA se cumple sólo en el largo plazo. Por ejemplo, el tipo de cambio de mercado del dólar con el euro se mantuvo por encima del tipo de cambio implícito de la PPA desde 2003 a 2010. Ello supone que en este periodo el dólar ha estado con respecto al euro "infravalorado" según la PPA, por lo que esta desviación de la PPA ha podido incidir negativamente en el nivel de competitividad de los productos de la zona euro (en media) respecto a los productos de EE.UU.

Aunque es cierto que el euro ha estado "sobrevalorado" en media con el dólar según la PPA, no ha sido así para todos los países de la Unión Económica y Monetaria (UEM). En el siguiente gráfico se muestra el tipo de cambio implícito de la PPA para varios países de la zona euro (la línea amarilla es para la media de la zona euro) y el tipo de cambio de mercado entre el dólar y el euro a finales de 2010 (línea roja, 1 euro = 1.3 dólares). [2]


En el caso de Alemania, el tipo de cambio implícito de la PPA (1.5) se situaba a finales de 2010 por encima del tipo de cambio de mercado dólar/euro (1.3), por lo que el euro estaba "infravalorado" para los productos alemanes, incidiendo positivamente en su nivel de competividad relativo respecto a los productos de EE.UU. Por el contrario, para la media de la zona euro - pero sobre todo para los países periféricos (España, Italia, Portugal y Grecia)- el tipo de cambio implícito de la PPA se situaba por debajo del tipo de cambio de mercado dólar/euro, por lo que el euro estaba "sobrevalorado" para estas economías, con la consiguiente pérdida relativa de competitividad de sus productos respecto a los de EE.UU. Finalmente, para Francia, Austria y Holanda, el tipo de cambio de mercado dólar/euro coincidía con el tipo de cambio de equilibrio a largo plazo implícito de la PPA.

En síntesis, desde el punto de vista de la PPA, el tipo de cambio de mercado del dólar con el euro de finales de 2010 favorecía los intereses de los exportadores alemanes, era neutral para los exportadores franceses, austríacos y holandeses, pero perjudicaba los intereses de los exportadores de los países periféricos (incluida España). De este modo, la fortaleza del euro con el dólar (y sus consecuencias negativas para la competitividad exterior de las exportaciones de la media de zona euro) perjudicaba curiosamente a los países relativamente menos competitivos de la UEM pero no a Alemania.

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[1] Con el ecu hasta 1999.
[2] Los precios relativos son ahora entre EE.UU. y cada país de la UEM.

lunes, 6 de diciembre de 2010

La importancia de los costes de transporte en la competitividad del comercio internacional

El responsable de logística de Ford Europa, Louis Paredis, advirtió la semana pasada que si en cinco años no se ha terminado el corredor ferroviario de mercancías mediterráneo existe el riesgo de que la empresa abandone Valencia y trasladen la producción de coches a otra parte de Europa. El problema es que los costes de transporte y de logística son determinantes para la productividad de la empresa multinacional.

En este contexto se puede encuadrar un reciente informe elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo el que se destaca la importancia de los costes de transporte en la competitividad del comercio internacional.  El informe muestra como en la mayoría de los países de América Latina y el Caribe parte de la ventaja comparativa o del aprovechamiento de las economías de escala del comercio internacional se diluyen como consecuencia de los elevados costes del transporte internacional. En concreto, los costes de transporte representan el mayor porcentaje de los costes del comercio internacional -especialmente de las exportaciones-  y la distancia al país de destino o los condicionantes geográficos no son los únicos motivos.

En el gráfico adjunto (hacer clic sobre el mismo para verlo más grande) se muestra los costes de los fletes en el año 2006 como porcentaje de las exportaciones a EE.UU. de los países de América Latina y el Caribe, China, Oceanía, Asia oriental y del conjunto de los países de la Unión Europea-12.


En primer lugar, los costes del transporte de algunos países de Centroamérica (Pánama y Guatemala), como proporción del valor de sus exportaciones a Estados Unidos, son mayores que los de China, a pesar de su menor distancia a este país. La razón es la baja eficiencia relativa de sus puertos y aeropuertos. 

La situación del resto de America Latina es muy parecida. Los problemas para algunos países son las inadecuadas infraestructuras pero quizás es más importante la ineficiencia de las actividades de apoyo del movimiento de la carga, las ineficiencias ocasionadas por una regulación inadecuada, la falta de competencia en servicios logísticos, y los procedimientos operativos y sistemas informáticos deficientes.

En segundo lugar, el informe del Banco Interamericano de Desarrollo incide que el bajo nivel arancelario alcanzado en la última década en América Latina y el Caribe ya no es un obstáculo para la productividad de las exportaciones. De hecho, los costes de transporte representan en la actualidad cuatro veces más altos que los costes arancelarios, por lo que suponen una barrera mayor para el comercio internacional que los aranceles.

Los altos costes de transporte de la región tienen dos efectos sobre la eficiencia productiva: a) protegen a los productores ineficientes, reduciendo la probabilidad de que abandonen la actividad; b) y suponen un obstáculo para  la ampliación de plantas eficientes (aprovechamiento mayor de las economías de escala), lo que limita las posibilidades de exportar. De hecho, otro estudio del Banco Interamericano de Desarrollo muestra que para Brasil y Chile los costes de transporte reducen la eficiencia de la planta y distorsionan la asignación de recursos en la economía, lo cual reduce el nivel de la productividad.

Por último, el estudio también enumera cuáles son los factores que explican los elevados costes relativos del transporte de la región.

En primer lugar, el informe destaca que la ineficiencia de puertos y aeropuertos explica aproximadamente 40% de la diferencia en los costes del transporte marítimo entre América Latina y Estados Unidos Unidos y Europa.

En segundo lugar, los elevados costes del transporte se explican también por la escasa competencia entre las empresas navieras, los ineficientes sistemas de transporte internos, fundamentalmente la elevada congestión del tránsito en las zonas metropolitanas de la región más prosperas.

Finalmente, los puertos de la región se sitúan por debajo en términos de productividad en comparación con los puertos de Norteamérica, Europa Occidental, el Medio Oriente y Asia. Las razones de la baja eficiencia relativa son múltiples: a) la calidad de las instalaciones físicas; b) las actividades de apoyo tales como el pilotaje, el remolque o el manejo de la carga; c) la claridad de los procedimientos portuarios, la precisión de sus sistemas informáticos o la existencia de restricciones legales tales como los requisitos de licencias especiales para la estiba y desestiba.

A nuestros alumnos de las Facultades de Economía de las asignaturas de Economía Internacional y de Comercio Internacional les trasmitimos la idea de que el libre comercio internacional puede resultar beneficioso para un país en dos circunstancias. Por un lado, si cada país se aprovecha de su ventaja comparativa o su dotación relativa factorial o de tecnología bajo competencia perfecta (modelos "clásicos" ricardianos y de Heckscher-Ohlin, respectivamente). Por otro lado, si las empresas situadas en sus territorios aprovechan las economías de escala internas y externas bajo modelos de competencia imperfecta. Pero en ningún caso hablamos de los costes de transporte, ya que suponemos, o que no existen o que son los mismos en los dos países. Después de lo expuesto más arriba, quizás fuera conveniente que introdujéramos un nuevo tema en los programas para estudiar los efectos de los costes de transporte en el comercio internacional.

Quizás dedicamos demasiado tiempo en los programas a explicar la incidencia de las barreras arancelarias. Hay que tener en cuenta que tanto los aranceles como los costes de los fletes son importantes, pero en la actualidad tiene mayor incidencia en la competitividad de las exportaciones la reducción de los costes del transporte que una reducción adicional de los aranceles. Por ejemplo, según los cálculos del Banco Interamericano de Desarrollo, Chile tendría que reducir sus costes de los fletes en más de 50% para situarse en el mismo nivel de EE.UU., mientras que le bastaría con una reducción de sus aranceles de apenas 10% para ponerse a la altura arancelaria de EE.UU.

martes, 20 de abril de 2010

El aumento de la cuota de mercado de las exportaciones de la economía española en el periodo 1994-2007: ¿efecto competitividad o efecto especialización?

La cuota de mercado de las exportaciones de un país y su dinámica temporal  se utilizan como medidas indirectas de la capacidad competidora con el exterior. No obstante, la evolución de la cuota de mercado puede estar determinada a largo plazo no solo por movimientos autónomos  de la competitividad exterior (vía precios y otros factores), sino también por la composición o especialización de las exportaciones, bien en términos de tipo de producto o bien en términos de país (o región) de destino de las exportaciones. Bajo estas premisas, si una economía está especializada en exportaciones de bienes (o en destinos) cuya demanda resulta especialmente dinámica, la cuota de mercado podría aumentar aunque la competitividad  no mejore.

En un artículo reciente del Boletín Económico del Banco de España se analiza en qué medida la cuota de mercado de los países de la Unión Económica y Monetaria (UEM) para el periodo 1993-2007 ha estado determinada por dos factores no excluyentes: i) las variaciones de la competitividad exterior de cada país;  ii)   y la composición geográfica y sectorial específica  de los bienes exportados por cada país.  

En el gráfico 1  adjunto (hacer clic sobre el mismo para verlo más grande) se representa la evolución de las cuotas de exportación entre 1993 y 2007 de los países de la Unión Europea y de EE.UU. En primer lugar, destacar como se registra una caída significativa de las cuotas de exportación de EE.UU. y del Reino Unido, mientras que en el conjunto de la UEM y en Alemania se mantienen estables.  En segundo lugar, España, Eslovenia y Finlandia, pero sobre todo Eslovaquia e Irlanda, son  los países en los que la cuota de sus exportaciones crece por encima de la media de la UEM, mientras que en el caso de Francia, Italia y Grecia el deterioro ha sido muy significativo.



El análisis sectorial y geográfico presentado en este estudio muestra como estas divergencias entre los países podrían estar relacionadas, al menos en parte, con la composición geográfica y por productos de las exportaciones de cada una de las economías analizadas. Centrémonos en el caso de la economía española.

El estudio destaca que  la cuota de exportación de la economía española cambió en el conjunto del periodo 1993-2007 por la conjunción desigual de los efectos de dos factores: i) cambios en el nivel competitivo (vía precio y no precio); ii) una especialización en los mercados (países o regiones) o en sectores especialmente dinámicos a nivel internacional.

Por un lado, el efecto competitividad capta la parte de la ganancia o pérdida de cuota que se produciría si la estructura de las exportaciones españolas, bien en términos geográficos o bien en términos sectoriales, hubiera permanecido inalterada. De este modo, este efecto tiene como objetivo medir en qué medida los cambios de la cuota se han debido a cambios en la capacidad competitiva (vía precio y vía no precio) de las exportaciones españolas.

Por otro lado, el efecto estructural cuantifica en qué medida la economía española se está beneficiando de una posición ventajosa en términos de composición (geográfica o sectorial) de sus exportaciones. A su vez, el efecto estructural se puede dividir en un efecto de producto, en un efecto geográfico y en un efecto mixto. Los dos primeros miden  la ganancia de cuota derivada de exportar productos y hacia países o regiones cuyas demandas han sido más dinámicas, respectivamente, mientras que el efecto mixto captura la interacción de ambos efectos, dada la imposibilidad de distinguirlos perfectamente.

En el cuadro 3 adjunto se presenta la descomposición de los efectos mencionados sobre la evolución de la cuota de las exportaciones españolas.



Como se observa en el cuadro 3, el aumento de la cuota de las exportaciones españolas en el conjunto del periodo 1994-2007 - del 1,5% medio anual - se debió casi en su totalidad al efecto de la competitividad (+1,6), que más que compensó la leve aportación negativa del efecto estructural de la especialización (-0,1). A su vez, el efecto estructural negativo recoge un efecto positivo de la especialización de los mercados de destino (+0,1) y mixto (+0,2), el cual no pudo compensar el efecto negativo de la especialización productiva (-0,4).

Quizá más interesante resulta la descomposición de los factores determinantes de las cuotas de exportación por subperiodos y, sobre todo, en la última etapa. La ganancia de las cuota de exportación de España en el subperiodo 2001-2007 de +1,5 puntos porcentuales de media anual se debe ahora a la aportación positiva conjunta de los dos efectos: una contribución de la competitividad de +0,5 puntos y del efecto estructural de +1,0 punto, dividida a su vez en una aportación positiva de la especialización geográfica y de la especialización productiva de 0,7 y 0,3 puntos, respectivamente.

En lo que respecta al efecto de la especialización sectorial (véase cuadro 4 adjunto), destacar que tanto en el conjunto del periodo como en los dos subperiodos el comportamiento por productos fue desigual: los bienes de tecnología baja y media tuvieron un efecto positivo sobre la cuota de exportación, mientras que los bienes de tecnología alta tuvieron una contribución claramente negativa. Interesante es el subperiodo más reciente (2000-2007), ya que la aportación positiva de los bienes de tecnología baja y media pudieron compensar el efecto negativo de los bienes de alta tecnología, por lo que el efecto de la especialización productiva tuvo un efecto neto positivo (aunque limitado) sobre la cuota de exportación de la economía española.


En lo que respecta a la especialización geográfica, el mercado de la Unión Europea (especialmente el conjunto de los países de la UEM) tuvo un efecto positivo sobre la cuota de exportación de la economía española, mientras que el resto de los mercados tuvieron un efecto negativo.  Este patrón se repite tanto en el conjunto del periodo como en los dos subperiodos. Además, el efecto neto del mercado de la Unión Europa- Resto del Mundo fue negativo para el subperiodo 1994-2000 y positivo para el subperiodo 2000-2007.

En síntesis, la respuesta a la pregunta planteada en el título de la presenta entrada del Blog es clara para la economía española:  la mejora experimentada en la posición relativa de sus exportaciones se debe en su totalidad a la mejora de la competitividad y no a la especialización sectorial o geográfica. Además, en relación al efecto de la especialización productiva, se detecta que la menor especialización relativa al comercio mundial en productos de tecnología alta ha repercutido negativamente (aunque de manera débil) en la cuota de las exportaciones españolas (compensado por el efecto positivo de la especialización en bienes de baja y media tecnología). Por último, respecto al impacto que ha tenido cada región sobre el efecto de mercado, se estima en el estudio contribuciones positivas del comercio con el resto de países europeos (el conocido sesgo del comercio intra-UEM y del resto de países de la UE) y negativas con el resto de regiones. Aunque en este último caso, los dos efectos geográficos también tienden a compensarse como en el caso de la especialización por tipo de productos.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Indices de competitividad exterior de la economía española



En los gráficos adjuntos se ilustra la evolución de los índices de competitividad exterior de la economía española. Dada la metodología particular utilizada para la construcción de los índices, una subida del mismo recoge una apreciación del tipo de cambio efectivo real y, por tanto, refleja una caída de la competitividad nacional con el exterior o con el conjunto de países del índice [¡¡¡atención funciona al revés de como se construye en la mayoría de los manuales de Economía Internacional!!!, como el de Krugman y Obstfeld (2008)]. Los índices de competitividad de la economía española con el exterior con los datos disponibles para 2008 han registrado cambios sustanciales que afectan de manera desigual a la posición relativa frente a los distintos mercados y también a los diferentes índices. Fuera del área del euro, se ha registrado una ganancia de competitividad (depreciación real) en algunos de los índices (especialmente en los precios industriales frente al conjunto de países industrializados), aunque ello se ha debido básicamente a la fuerte depreciación (nominal) del euro iniciada en la segunda parte del año. Destacar la ligera pérdida relativa del índice de Valor Unitario de las Exportaciones con el conjunto de los Países Desarrollados (que recoge los diferenciales de inflación de los precios de exportación). Por lo que respecta a la zona del euro y a los países europeos (UE-27) los indicadores de competitividad-precio registraron, en general, un comportamiento negativo, aunque muy desigual en su magnitud. Por una parte, frente a los países de la zona del euro, el indicador de competitividad-precio empeoró sustancialmente con el diferencial con los precios al consumo (pérdida de competitividad), mientras que apenas varió con los precios industriales y con los precios de exportación. Por otra parte, frente al conjunto de los países europeos se ha producido también un claro empeoramiento del nivel de competitividad relativo con los precios al consumo, una ligera pérdida de competitividad con los precios industriales y un mantenimiento con los diferenciales de precios de exportación.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Indicadores de competitividad en los países de la zona del euro y comportamiento del sector exterior



En la anterior entrada del blog prestábamos atención a las variaciones acumuladas entre 1999 y 2007 de los indicadores armonizados de competitividad (IAC) de los países de la zona del euro con el objetivo de evaluar la evolución de la competitividad internacional en términos de precios y costes. Destacábamos la heterogeneidad en el comportamiento de los IAC, ya que mientras un grupo mayoritario de países registraba una pérdida elevada de competitividad exterior, otro grupo menor de economías de la zona del euro se había beneficiado de ganancias acumuladas de competitividad exterior, destacando a mucha distancia Alemania. Esta divergencia en la evolución de la competitividad tenía una relación directa con la persistencia en la evolución de los costes laborales unitarios entre los países de la zona del euro, tema que también fue abordado en otra entrada reciente. En esta ocasión nos centramos en la relación existente entre la evolución de la competitividad exterior y el comportamiento del sector exterior de cada país de la zona euro y, en concreto, en la determinación de las cuotas de exportación y en el saldo de la balanza por cuenta corriente. Por un lado, la teoría económica nos propone una posible relación a largo plazo positiva entre la evolución de la competitividad exterior en términos de precios y costes y las ganancias en las cuotas de mercado de exportación. En el primer gráfico (hacer click para ver más grande) se representan para el periodo 1999 a 2007 las variaciones acumuladas en la competitividad exterior- aproximada por el IAC en términos de los costes laborales unitarios (CLU)- y en las cuotas de mercado de exportación entre los países de la zona del euro. Como tuvimos ocasión de explicar, un aumento del IAC implica una apreciación del tipo de cambio efectivo real o una caída de la competitividad exterior para la economía nacional. Destacar la divergencia en la evolución de las cuotas de exportación entre los distintos países. Si bien algunos han registrado sustanciales descensos de sus cuotas de exportación en la Eurozona (Francia, Irlanda, Italia y Finlandia), otros muestran ligeras pérdidas o ganancias (Portugal, Grecia, España y Austria), o incluso algunas economías han mostrado una tendencia a aumentar sustancialmente sus cuotas (Alemania, Bélgica, Holanda y Luxemburgo). Además, la evolución en las cuotas de exportación sólo puede asociarse en parte a los cambios en las condiciones de competitividad exterior. De este modo, sólo en países como Irlanda e Italia se puede observar claramente una evolución coincidente entre pérdidas acumuladas de cuotas de exportación y pérdidas acumuladas de la competitividad en términos de precios y costes. Lo mismo ocurre, pero en sentido contrario, con el caso de Alemania. Por tanto, otros factores distintos a la evolución de los CLU, tales como la especialización productiva inter o intraindustrial , pueden haber jugado un papel determinante en la evolución de las cuotas de exportación en otros países de la Eurozona. Por otro lado, la teoría económica también señala una posible relación a largo plazo entre la evolución de la competitividad exterior en términos de precios y costes y el comportamiento del saldo de la balanza por cuenta corriente a través de las exportaciones. En relación a este tema, en el segundo gráfico se representa -para los países de la zona del euro y para el periodo 1999 a 2007- la evolución del saldo de la balanza por cuenta corriente en porcentaje del PIB y de los respectivos IAC basados en los CLU. En esta ocasión la relación coincidente no presenta muchas excepciones y, por lo tanto, es mucho más consistente. En la mayoría de los países de la zona del euro en los que observamos una elevada pérdida de competitividad en términos de precios y costes (Grecia, España, Portugal, e Irlanda), también se ha producido un deterioro sustancial del saldo de su balanza por cuenta corriente. Por el contrario, en las economías que incrementaron notablemente su competitividad exterior en términos de CLU (Alemania y Austria) o la mantuvieron (Finlandia), se ha registrado simultáneamente una mejora en el saldo exterior.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Indicadores de competitividad exterior de los países de la zona del euro: los tipos de cambio efectivos reales



El Banco Central Europeo publica periódicamente los llamados indicadores armonizados de competitividad (IAC) de los países de la zona del euro con el objetivo de evaluar la evolución de la competitividad internacional en términos de precios y costes. Estos IAC se basan en los tradicionales tipos de cambio efectivos reales, por lo que recogen tanto la evolución de un índice de tipo cambio nominal como de la ratio de precios relativos entre una economía de la Eurozona y sus socios comerciales. En el caso particular de los IAC entre los países de la zona del euro, y puesto que la moneda es común, tan sólo recogen la evolución temporal de la ratio de diversos precios relativos entre las economías de la zona del euro. Además, al tratarse de tipos de cambio “efectivos”, las ponderaciones utilizadas para cada economía nacional están construidas en base a su estructura particular del comercio exterior y, por tanto, de sus países competidores. En el primer gráfico se presentan las variaciones acumuladas entre 1999 y 2007 (Grecia desde el 2001) de los IAC basados en el comercio total (comercio intra y extracomunitario), por lo que para una economía particular se tienen en cuenta tanto los intercambios comerciales que se producen dentro de la zona del euro como los que se realizan con un grupo de 22 países no pertenecientes a la zona. Los tres IAC presentados utilizan para construir la ratio de precios relativos tres deflactores de precios alternativos: los costes laborales unitarios (CLU), el deflactor del PIB (DPIB) y el IPC. En el gráfico aparecen ordenados los países en orden decreciente en función del IAC-CLU (de mayor a menor pérdida de competitividad exterior). Dada la metodología particular utilizada para la construcción de los índices, una subida del mismo recoge una apreciación del tipo de cambio efectivo real y, por tanto, refleja una caída de la competitividad nacional con el exterior o con el conjunto de países del índice (¡¡¡atención funciona al revés de como se construye en la mayoría de los manuales de Economía Internacional!!!, como el de Krugman y Obstfeld). De la evolución de los IAC basados en el comercio total se extraen varias conclusiones importantes. En primer lugar, la mayoría de los países de la zona del euro ha registrado importantes pérdidas de competitividad exterior al haberse producido una sustancial apreciación del tipo de cambio efectivo real. Esta apreciación real se ha derivado tanto por la pérdida de competitividad en términos de precios como por la apreciación nominal del euro desde el año 2001. En segundo lugar, las pérdidas de la competitividad son muy heterogéneas y puede explicarse en mayor medida por la evolución diversa de los precios, y en menor medida por la estructura particular de comercio. En tercer lugar, por países merece la pena destacar la elevada pérdida de competitividad exterior de Grecia, Irlanda, España y Luxemburgo, lo que contrasta con la ganancia de competitividad exterior de Finlandia, Austria y sobre todo de Alemania. Por último, si bien las conclusiones cualitativas siguen siendo prácticamente las mismas, la magnitud de las pérdidas o ganancias de competitividad sí que son sensibles a la selección del deflactor de precios elegido para construir la ratio de precios relativos (CLU, DPIB o IPC). En el segundo gráfico se presenta la evolución temporal de los IAC basados en el comercio entre los países de la zona del euro (comercio intracomunitario) con la misma metodología para su construcción y con los países ordenados en el mismo orden que en el primer gráfico. Como ya se ha señalado anteriormente los IAC solo recogen ahora las pérdidas o ganancias de competitividad exterior derivadas de la evolución de los precios relativos, ya que la moneda es única y, por lo tanto, desaparece el tipo de cambio nominal como determinante de la competitividad exterior en la Eurozona (y las posibilidades de recuperar como antaño la competitividad con una devaluación de la moneda nacional). Los resultados son prácticamente los mismos que cuando se utilizaban las ponderaciones con el comercio total, aunque merece la pena destacar algunas diferencias. En primer lugar, el grupo de campeones de pérdidas acumuladas de competitividad sigue siendo el mismo, aunque España lidera ahora el grupo si no tenemos en cuenta las “peculiaridades” de Luxemburgo. En segundo lugar, se produce un cambio cualitativo para el caso de Francia, que pasa de pérdidas acumuladas a ganancias de competitividad. Por último, Alemania amplia sus diferencias positivas con el resto de la Eurozona, al liderar en mayor medida y más distancia las ganancias acumuladas de competitividad con el resto de países de la zona del euro.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Costes laborales unitarios y competitividad exterior en España y la zona euro



Los costes laborales de una economía se suelen medir en términos de unidad de producto, es decir, mediante la variable conocida como el coste laboral unitario, CLU, la cual se aproxima mediante el cociente entre la remuneración media por asalariado, W, y la productividad aparente del factor trabajo, PROD. A su vez la productividad aparente del factor trabajo se calcula por el cociente entre la producción en términos reales y el empleo total de la economía. De este modo, los posibles aumentos temporales de los CLU serán el resultado del aumento de la retribución por asalariado y de una caída de la productividad, o de una combinación de ambos factores, CLU = W-PROD. En principio, los diferenciales a corto plazo de los CLU en una Unión Económica y Monetaria (UEM) con una moneda común podrían reflejar en un momento del tiempo dos situaciones complementarias: 1) la diferente evolución de los salarios nominales, consecuencia de las características particulares de los mercados de trabajo nacionales; 2) y la diversa evolución de la productividad del trabajo doméstica. No obstante, a largo plazo lo grave sería una situación en la que los diferenciales en el crecimiento de los salarios nominales fueran ampliándose y resultaran persistentes en el tiempo, y que ello no fuera consecuencia directa de diferenciales positivos de productividad. En este contexto, el país miembro de la UEM terminaría acumulando pérdidas de competitividad exterior y un déficit creciente de la balanza comercial con el resto de países de la Eurozona, lo que provocaría pérdidas de producción y de empleo. En el cuadro 1 aparecen las cifras de las tasas de variación interanual de los CLU de los países de la zona euro desde 1999 a 2007. Varios países, entre los que se encuentra España con un +26,4%, han registrado incrementos acumulados muy elevados y muy por encima del aumento medio acumulado en la zona del euro desde 1999. Esta evolución contrasta con los ligeros aumentos de Alemania (+2,3%) y de Austria (+5,9%), y en menor medida por los aumentos moderados de Finlandia (+11,6%) y de Bélgica (+14,2%). Para el caso de la economía española resulta necesario destacar que el grado de persistencia de la evolución negativa de los CLU ha sido muy elevado, ya que: 1) el crecimiento acumulado de los CLU ha sido constantemente superior a la media de la zona del euro; 2) y nuestra posición negativa relativa incluso ha empeorado con el paso del tiempo. En el cuadro 2 se puede ver para el periodo 1999-2007 y para los países anteriores, las cifras del crecimiento acumulado de los CLU y de sus dos componentes más arriba mencionados: la remuneración por asalariado y la productividad del trabajo. En general, la divergencia entre los diferentes países en la evolución de los CLU se ha debido en gran medida a las diferencias en las tasas de crecimiento de la remuneración por asalariado más que a la evolución de la productividad. La excepciones negativas se dan principalmente en Italia y España. Para el caso de la economía española, la muy baja tasa de crecimiento de la productividad del trabajo acumulada en estos nueve años (un +4,1% frente al 11% de la media de la zona euro o el 15% de Alemania, por ejemplo), ha podido contribuir sin duda a que los CLU hayan crecido muy por encima de la media, con los consiguientes efectos negativos sobre la competitividad exterior de nuestra economía en términos de precios y costes.
No cabe duda que está situación es insostenible a medio plazo y que la misma tendrá que corregirse necesariamente con una combinación de 3 factores complementarios: 1) medidas que impulsen el aumento de la productividad a largo plazo; 2) moderación del crecimiento de la remuneración de los costes salariales teniendo en cuenta los avances de la productividad; 3) y con cambios normativos que faciliten el funcionamiento más flexible y eficaz del mercado de trabajo español. Todas estas sugerencias resultan ya viejas conocidas, aunque el 1) y el 3) son objeto del último Informe de la OCDE sobre la economía española, recientemente publicado.