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domingo, 3 de abril de 2011

Precios de la energía y tasas de inflación: el papel de las expectativas inflacionarias y de la credibilidad de la Reserva Federal de los EE.UU., 1971-2011

La opinión pública norteamericana está afrontando con temor la reciente escalada de los precios de los alimentos y, sobre todo, de los precios de la energía. Piensan que tarde o temprano estas subidas de los precios de la energía provocarán aumentos significativos de la tasa de inflación. Algunos analistas económicos y financieros empiezan ya a comparar la situación actual con lo ocurrido en EE.UU. entre 1971 y 1979, período de tensiones inflacionarias conocido como “Gran Inflación”. En esta entrada del Blog vamos a tratar de explicar como la comparación entre ambos periodos no es correcta.

Durante la década de los setenta y principios de los ochenta del siglo pasado los mercados no tenían confianza en la capacidad de la Reserva Federal de mantener la estabilidad de precios. En el primer gráfico adjunto (hacer clic sobre el mismo para verlo más grande) podemos observar como desde 1967 a 1980 (era pre-Volcker) los aumentos de los precios de la energía eran trasladados casi inmediatamente (y de manera proporcional) a la tasa de inflación global. Por el contrario, a partir del nombramiento de Paul Volcker como presidente de la Reserva Federal (era post-Volcker), este grado de traslación completo entre precios de la energía e inflación general comienza a diluirse, tal y como puede verse en el gráfico. Y este fenómeno continúa desde la era Volcker hasta nuestros días.






















¿Cuáles son los factores que explican este fenómeno monetario que se observó entre 1971 y 1979 y que no se dan en la actualidad?

Tal y como señalan, Clarida, Galí, y Gertler (2000) [1] en su análisis de los factores que influyeron en el periodo de “Gran Inflación” de EE.UU., la relajación de la política monetaria estadounidense en los años setenta sugiere que -pese al evidente impacto inflacionista de los shocks de los precios del petróleo (y de los alimentos) en la década de los setenta- una política monetaria excesivamente laxa y acomodaticia podría haber desempeñado un papel determinante en permitir el inicio y mantenimiento de altas tasas de inflación en EE.UU. Recordemos que el periodo de la "Gran Inflación" es junto al de la "Gran Depresión" los dos fracasos mayores de la política monetaria de la Reserva Federal en el siglo XX.

Dos son las características que hacían restar credibilidad antiinflacionaria a la Reserva Federal en la era pre-Volcker. Por un lado, el colapso del Sistema Internacional de Bretton Woods dejó a las expectativas de inflación de los agentes económicos sin un ancla nominal de referencia sobre la inflación futura (en Bretton Woods era el precio fijo del oro frente al dólar).

Por otro lado, la Reserva Federal no siguió de manera estricta el “principio de Taylor” [2].  El fundamento del “principio de Taylor” es que, a fin de estabilizar la inflación, todo aumento (esperado) de la inflación debería ser contrarrestado por una elevación del tipo de interés real (esperado). En el caso que nos ocupa, los tipos de interés nominales deberían haber respondido con cambios más que proporcionales a la tasa de inflación esperada. Como se puede ver en el segundo gráfico, los tipos de interés reales ex post se mantuvieron en niveles positivos (pero muy bajos) durante la mayor parte del periodo comprendido entre enero de 1965 y el colapso de Bretton Woods en agosto de 1971. Después los tipos de interés reales ex post se volvieron incluso muy negativos, situación que se mantuvo entre agosto de 1971 y el inicio del período de desinflación en octubre de 1979 (era post-Volcker). 


¿Qué cambios se registraron en la orientación de la política monetaria desde la toma de posesión de Paul Volcker como Presidente de la Reserva Federal?

En primer lugar, se generó una nueva ancla nominal sólida y creíble que sirviera de “punto de referencia” para las expectativas inflacionarias de los agentes económicos. La intención última era contener la inflación a través del control estricto de la tasa de crecimiento de los agregados monetarios. Además, se consideraba que el anuncio de objetivos monetarios cuantitativos era un medio útil para influir directamente en las expectativas de inflación de los agentes económicos. Recordemos que más adelante en los años noventa está ancla nominal se sustituyó por el anuncio de objetivos o metas "explícitos" de inflación, tanto en la Reserva Federal como por parte de la mayoría de los bancos centrales, incluido el Banco Central Europeo.

En segundo lugar, la Reserva Federal comienza a aplicar de manera “implícita” el principio de Taylor. Como se puede observar en el segundo gráfico, desde principios de 1980 los tipos de interés reales ex post comienzan a abandonar los valores negativos hasta alcanzar altos niveles positivos durante la primera mitad de los ochenta.

En síntesis, aunque es verdad que en la actualidad se da la misma circunstancia que generó el periodo de Gran Inflación en EE.UU. (la escalada de los precios de la energía y en cierta medida de los alimentos) la distinta orientación actual de la política monetaria está provocando que no se produzca una traslación total y rápida de los precios de la energía a la tasa de inflación general (véase gráfico 1). La Reserva Federal (y otros bancos centrales) no realizan en la actualidad política monetarias acomodaticias. Más aún, el ancla nominal sólida y creíble (metas explícitas de inflación futura)  y el seguimiento de un principio estricto de Taylor juegan un papel fundamental para mantener en la actualidad las expectativas de inflación sólidamente asentadas. Este análisis sería equivalente para el caso de la política monetaria del Banco Central Europeo en la zona del euro.

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[1] Clarida, R., Gali, J. y Gertler, M. (2000): "Monetary Policy Rules and Macroeconomic Stability: Evidence and Some Theory", Quarterly Journal of Economics, CXV(1), pp.147-180.
[2] Taylor, J.B. (1993): "Discretion Versus Policy Rules in Practice", Carnegie-Rochester Conference Series on Public Policy, 39, pp.195-214.


jueves, 24 de febrero de 2011

Indicadores de expectativas inflacionarias a nivel mundial (II): evolución reciente de los precios internacionales de las materias primas

En la anterior entrada del Blog nos ocupábamos del posible efecto que el aumento reciente de los precios internacionales de los alimentos podría tener sobre el aumento de las expectativas inflacionarias y el parón del crecimiento económico global.

Ahora nos centramos en otro de los factores que pueden incidir en la misma dirección sobre las expectativas inflacionarias y las tasas de inflación, lo que podría desembocar a medio plazo en un endurecimiento de las políticas monetarias y en subidas de las tasas de interés de intervención de los bancos centrales. Nos estamos refiriendo al aumento de los precios internacionales de las materias primas energéticas y no energéticas.

En el primer gráfico (hacer clic sobre el mismo para verlo más grande) se presenta la evolución temporal de enero 1991 a enero de 2011 de tres de los principales índices de precios internacionales de las materias primas elaborados por el Fondo Monetario Internacional:

  • El índice de precios del petróleo crudo que recoge la evolución media de los precios al contado o spot de los tres principales tipos de petróleo: el Data Brent, el West Texas Intermediate y el Dubai Fateh. 
  • El índice de precios de los metales que incluye los precios del cobre, aluminio, mineral de hierro, estaño, níquel, zinc, plomo y uranio.
  • El índice de las materias primas agrícolas que incluye los precios de la madera, algodón, lana, caucho y cueros.


Los aumentos continuados de los tres índices desde 2004 -fundamentalmente de los dos primeros- se truncaron bruscamente con el inicio de la crisis económica de 2008. Pero la escalada volvió con intensidad desde mediados de 2009 coincidiendo con la recuperación de la economía mundial, fundamentalmente de los países emergentes asiáticos, liderados por las economías de la India y de China. Con más detalle, desde enero de 2009 a enero de 2011, el índice de precios del petróleo crudo, el índice de precios de los metales y el índice de las materias primas agrícolas han aumentado un 111,1%, 82,1% y 151,7%, respectivamente.

En el segundo gráfico se representa la evolución más reciente (enero 2007 a enero 2011) del precio en dólares por barril del petróleo Dated Brent, precio de referencia en Europa. El Data Brent es el contrato de petróleo del mercado físico, donde se intercambian barriles reales de crudo, a diferencia de las transacciones financieras registradas por InternationalExchange, Inc, donde cotiza el contrato de futuros Brent. Los contratos del Data Brent son para carga inmediata, habitualmente a quince días vista.



Como se puede ver en el gráfico el aumento del precio del petróleo Dated Brent se ha acelerado desde el inicio de las revueltas en algunos países árabes. En concreto, el precio ha aumentado desde comienzos de año y hasta el 22 de febrero un 11,9%, hasta alcanzar un precio de 106,37 dólares el barril.

lunes, 5 de abril de 2010

Evolución histórica de los precios del petróleo, 1972-2010

En esta entrada del Blog mostramos la evolución histórica (1972-2009) y más reciente de los precios nominales y reales del petróleo a nivel internacional. La experiencia de los años setenta del siglo XX nos enseñó que una fuerte subida en los precios del petróleo puede generar presiones inflacionistas, situación que tarde o temprano obliga a los bancos centrales a endurecer su política monetaria.

En el primer gráfico (hacer clic sobre el mismo para verlo más grande) se muestra la senda temporal del precio del  barril de petróleo West Texas Intermediate en términos nominales y reales (corregido por el efecto de la tasa de inflación). Destacar que el precio real del barril de petróleo (2009=100) se situaba a finales del año 2009 en 75 dólares, un nivel entre el precio alcanzado durante el primer shock del petróleo de 1973 y el pico alcanzado en el segundo shock del petróleo de 1979, pero aún estaba significativamente por debajo del máximo histórico de 140 dólares al que se llegó en julio de 2008.


En el segundo gráfico adjunto se muestra la evolución reciente del precio spot del precio del petróleo West Texas Intermediate (en términos nominales). Las cifras muestran que la subida de precios ha sido espectacular y la misma ha sido minimizada por los analistas por la situación reciente de estabilidad o caída de los precios de la mayoría de las economías. En concreto, entre principios de febrero de 2009 y hasta principios de marzo de 2010, el alza del precio del petróleo en términos nominales ha sido de nada menos que del 107,45% (el precio del barril ha pasado de 39,16 a 81,24 dólares). Si a estas circunstancias le unimos la incipiente recuperación económica en la mayoría de las economías, no resulta difícil predecir que tarde o temprano se van a generar tensiones inflacionistas a nivel internacional.



Las perspectivas para los próximos meses no son tan poco optimistas. En el siguiente gráfico se muestra las cotizaciones del precio del petróleo West Texas Intermediate en el mercado de futuros. 



Las cotizaciones a 31 de marzo de los contratos de futuros de petróleo con entrega en abril de 2011 sitúan al precio del barril de petróleo en casi 86 dólares (un alza del precio del 6,2% en relación al precio spot de finales de marzo). Y lo peor es que las perspectivas han empeorado desde las cotizaciones de los contratos de futuros del 24 de marzo.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Perspectivas a corto plazo de los precios internacionales de la energía: ¿nuevo cambio de tendencia?

Los precios internacionales del petróleo iniciaron una escalada sin precedentes a comienzos de 2007, desde un nivel de 53,64 dólares al barril en enero de 2007, hasta situarse en un máximo histórico de 133,0 dólares en julio de 2008 (véase primer gráfico y parte superior del segundo gráfico, haz click sobre los mismos para agrandar). El inicio de la recesión económica internacional por estas fechas supone un cambio de tendencia y el inicio de una nueva etapa, con una caída significativa de los precios del petróleo en la segunda parte de 2008, hasta situarse al final de ese año en 39,5 dólares el barril, es decir, un 58% por debajo del nivel observado a comienzos de 2008. Finalmente, los precios del petróleo prácticamente se han estabilizado en los tres últimos meses en un clima de reducción de la volatilidad de los mercados internacionales de la energía. Así, a finales de febrero de 2009, se situaban en 43,8 dólares el barril, alrededor de un 18% por debajo del nivel de finales de noviembre del 2008, y situándose a niveles de 2004. No obstante, en lo que llevamos de marzo asistimos a un anticipo de un posible cambio de tendencia al alza de los precios internacionales del petróleo. Aunque la desaceleración de la economía mundial está afectando negativamente a las perspectivas de la demanda de crudo, tanto en los países de la OCDE como en las economías en desarrollo, se han producido cambios significativos por el lado de la oferta. Así, los países miembros de la OPEP se han comprometido en su última reunión a respetar los recortes acordados en diciembre, lo que se ha traducido en una contracción de la oferta de casi un millón de barriles al día en enero del 2009, que ha compensado con creces las revisiones a la baja de la demanda y parece haber respaldado una próxima escalada de los precios. En síntesis, nos situaríamos en un contexto en que las previsiones de reducciones adicionales de la demanda –según los últimos datos de la AIE- estarían parcialmente compensadas por las expectativas de futuros recortes de la producción por parte de la OPEP. La prueba de que puede haber comenzado un nuevo cambio de tendencia en los precios del petróleo la podemos observar en la parte inferior del segundo gráfico, dónde se presentan los precios de los contratos a futuro del petróleo. Así, a medio plazo, los participantes en el mercado de futuros prevén unos precios más altos, negociándose los futuros con entrega en diciembre del 2010 en torno a 53 dólares el barril (frente a una media de los últimos tres meses de alrededor de 40 dólares en el mercado al contado). Ello implicaría un aumento nada despreciable del 32,5% en los precios en dólares del barril de crudo.