domingo, 28 de febrero de 2021

¿Está sobrevalorado el índice S&P 500 de la bolsa de Nueva York? : la relación precio-ganancias ajustada cíclicamente (CAPE)

 



Robert J. Shiller, catedrático de Economía de Yale University y premio Nobel de Economía de 2013, ha publicado hasta el momento tres ediciones de de su libro "Exuberancia Irracional", material obligatorio de lectura para los estudiantes de Macroeconomía y de Finanzas. [1]

En la primera edición de este libro libro, publicado en el año 2000, ya advirtió proféticamente en el capítulo 1 ("The stock market in historical perspective") que los precios de las acciones estaban excesivamente caros y que se estaba gestando una burbuja en el mercado de valores de EE.UU. que tarde o temprano estallaría. La cima de la burbuja se alcanzó el 10 de marzo de 2000, cuando el mercado de empresas tecnológicas que formaban parte del índice Nasdaq composite llegó al punto máximo de 5048,62 puntos. Entre el 10 de marzo de 2000 y el 30 de septiembre de 2002, el índice Nasdaq composite de Nueva York perdió el 76,8% de su valor, al pasar de 5048,62 a 1172,06 puntos. La burbuja especulativa se pinchó y provocó la crisis de las "puntocom", una fuerte caída del valor bursátil de las empresas y las posteriores quiebras, fusiones y adquisiciones. 

En la segunda edición, publicada en 2005, Shiller incluyó un nuevo capítulo 2 dedicado a la valoración de los activos inmobiliarios ("The real estate market in historical perspective") en el que advirtió que se había formado una burbuja inmobiliaria en EE.UU.,  que tarde o temprano estallaría.  La buena marcha de la economía y los bajos tipos de interés hicieron crecer la concesión de hipotecas de alto riesgo, y la comercialización de productos financieros asociados (titulización hipotecaria). Pero poco después de publicar el libro, se asistió en 2006 - tras una período de política monetaria muy restrictiva de la Reserva Federal (subidas bruscas y elevadas de los tipos de interés nominales) - a un aumento de los impagos de las hipotecas, a una caída brusca de los precios de las viviendas en EE.UU. y, en última instancia, al colapso del mercado de la vivienda y al pinchazo de la burbuja inmobiliaria. Nuevamente se cumplía la profecía.

En la tercera edición del libro, publicada en 2015, Shiller incluyó un nuevo capítulo 3 sobre una perspectiva histórica del mercado de bonos ("The bond market in historical perspective"), en el que reflexionaba sobre un nuevo problema financiero que oteaba en el horizonte. En concreto, se mostraba preocupado porque los precios de los bonos estaban en un nivel "irracionalmente" alto (o que los tipos de interés estaban en un nivel "irracionalmente" bajo) y que, en última instancia, se podría estar formando una burbuja en los mercados de deuda pública de EE.UU. ¿Nos estaremos acercando al cumplimiento de está nueva profecía?

Recientemente Robert Shiller se muestra nuevamente muy preocupado porque cree que la "exuberancia irracional" se podría haber instalado ahora simultáneamente en los 3 mercados. En concreto, anuncia que podría existir una burbuja financiera en los bonos de deuda pública con vencimiento a largo plazo (vencimiento a 10 años), en las acciones y en la vivienda, al menos en EEUU.

En esta entrada del Blog nos vamos a centrar en la posible burbuja financiera del mercado de acciones de EE.UU. utilizando el indicador CAPE propuesto por el propio Robert Shiller.

Después de la gran caída registrada durante la crisis financiera de 2007-2009, los precios de las acciones se han disparado especialmente desde su punto más bajo generado por la COVID-19 en marzo de 2020. Con más detalle, en el primer gráfico (hacer click sobre el mismo para verlo más grande) se muestra que el índice S&P 500 de la bolsa de Nueva York (en términos reales, ajustado por la inflación) ha aumentado un 89,6% en los últimos 7 años, mientras que ha crecido un 192,1% en 10 años. Además, hay que tener en cuenta que esta evolución subestiman la rentabilidad total porque ignoran los pagos por dividendos.


¿Está sobrevalorado el índice S&P 500 de la bolsa de Nueva York?

La ratio P/E o PER (del inglés, Price to Earnings Ratio, o la relación entre el precio o valor y los beneficios), mide cuánto número de veces el beneficio neto anual de una empresa determinada se encuentra incluido en el precio de una acción de ésta. [1]

La ratio PER se calcula dividiendo la capitalización bursátil de la empresa y su beneficio neto:

PER = Capitalización bursátil / Beneficio Neto

Como la capitalización bursátil es igual al precio por acción multiplicado por el número de acciones y el beneficio neto es igual al beneficio por acción multiplicado por el número de acciones, el PER también se puede aproximar por:

PER= Precio por acción / Beneficio Neto por acción

Por ejemplo, si la empresa cotiza a 26 dólares y el beneficio neto anual por acción es de 2,60 dólares, su PER sería de 10 (26/2,60).

La interpretación económica del valor que alcanza en un momento determinado la ratio P/E de una empresa que cotiza en bolsa (o de un índice bursátil) es bastante simple. Si una empresa (o un índice bursátil) tiene una ratio P/E elevada puede significar que las expectativas del valor son favorables y están anticipando un crecimiento de los beneficios en el futuro. Aunque también puede indicar que el precio de la acción (o del índice bursátil) está sobrevalorado y, por tanto, que resulte improbable que su cotización (o valor) siga subiendo en el futuro. Por el contrario, si una empresa (o un índice bursátil) tiene una ratio P/E baja puede indicar que la acción (o el índice bursátil) está infravalorada y que su cotización (o valor) puede aumentar a corto plazo.

No obstante, el PER tiene algunos inconvenientes. Por un lado, su utilización es más que dudosa para las empresas de sectores muy dependientes del ciclo económico cuando nos encontremos en la parte alta del ciclo. Los sectores cíclicos más típicos son las aerolíneas, los fabricantes de automóviles, el sector siderúrgico, las papeleras, y las empresas relacionadas con las materias primas en general. Por ejemplo, una empresa puede tener un PER 10 en lo alto del ciclo económico y parecer “barata”, pero si la economía entra en recesión y esto le provoca una reducción de beneficios del 50%, el PER se duplicará hasta 20, convirtiéndose en una empresa “cara”. Por otro lado, el beneficio neto puede estar sesgado por la operativa contable de la empresa. Por ejemplo, las amortizaciones o las depreciaciones pueden hacer que el beneficio neto sea mayor o menor en base a la política de la empresa.

Para resolver alguno de los inconvenientes del PER para valorar a una empresa que cotiza en bolsa (o un índice bursátil), el catedrático de finanzas de la Universidad de Yale y premio Nobel de Economía, Robert Shiller, propuso una nueva ratio: el PER ajustado cíclicamente o CAPE (Cyclically Adjusted Price-Earnings, por sus siglas en inglés), conocido también como el Shiller PE Ratio o el PE/10.

El CAPE se obtiene por el cociente del precio por acción actual (o del índice bursátil) y el promedio de 10 años de los beneficios ajustados por la tasa de inflación. En definitiva, el CAPE es un indicador más preciso que el PER clásico, ya que elimina las fluctuaciones de la ratio provocadas por la variación de los márgenes de beneficio durante los ciclos económicos.

En el segundo gráfico adjunto, se muestra la evolución histórica del CAPE del índice S&P 500 de la Bolsa de Nueva York para el periodo 1881-2021 elaborado por Robert Shiller (último dato disponible: primera quincena de febrero de 2021).



Al ajustar los precios de las acciones por las ganancias, el CAPE mide aproximadamente el precio de las acciones en comparación con el valor fundamental (es decir, las ganancias) de esas acciones. Desde el punto de vista económico se podría interpretar que los ratios CAPE muy altos en el gráfico nos indican que los precios de las acciones están sobrevalorados. 

Si utilizamos como ratio de valoración de la Bolsa de Nueva York el CAPE del S&P 500, vemos como el nivel actual se sitúa en 34,8, un 103,3% por encima que su media histórica de 17,12 desde 1881.

En definitiva, podríamos concluir que el mercado de valores de EE.UU. está sobrevalorado respecto a su media histórica y los temores de Robert Shiller podrían estar justificados.

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[1] En el siguiente enlace se puede ver más información sobre el significado del término "exuberancia irracional" explicado por el propio Robert J. Shiller.
[2] Valor mínimo del CAPE del S&P 500: 4,78, enero de 1921. Valor máximo del CAPE del S&P 500: 44,20, diciembre de 1999. Media del CAPE del S&P 500: 17,12.


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Como citar esta entrada del Blog: 

Vicente Esteve, "¿Está sobrevalorado el índice S&P 500 de la bolsa de Nueva York? : la relación precio-ganancias ajustada cíclicamente (CAPE), Universidad de Valencia, Blog Viaje al Fondo de las Finanzas Internacionales, 28/2/2021,http://vicenteesteve.blogspot.com/2021/02/esta-sobrevalorado-el-indice-s-500-de.html

martes, 16 de febrero de 2021

¿Ha afectado la guerra comercial y la Pandemia al déficit comercial entre EE.UU. y China?

 

En el gráfico se representa la evolución desde enero de 2016 hasta diciembre de 2020 de las exportaciones de bienes de EE.UU. dirigidas a China (línea azul), las importaciones de bienes de EE.UU. procedentes de China (línea roja), y la diferencia entre ambas series (línea discontinua verde), es decir, el déficit comercial o de bienes entre ambas economías.


Las políticas comerciales proteccionistas de la Administración Trump que comenzaron en 2018 fueron impulsadas por el alto y persistente déficit comercial de EE.UU. con China. En un primera fase, Trump aprobó en enero de 2018 aranceles de importación sobre paneles solares y lavadoras fabricadas en China. El inicio de legislación arancelaria proteccionista aparece señalada en el gráfico con la primera línea vertical (gris). Posteriormente, los EE.UU. continuó aprobando nuevos aranceles sobre las importaciones de bienes de China y, posteriormente, este país impuso como represalia nuevos aranceles a las importaciones de bienes de EE.UU.

Varias conclusiones podemos extraer de la evolución de las variables del gráfico. Por un lado, las exportaciones de bienes estadounidenses dirigidas China se han comportado relativamente estables en el tiempo a pesar de las políticas proteccionistas de EE.UU. Por el contrario, la evolución de las importaciones de bienes chinos de EE.UU. se han comportado de manera mas variable y han continuado siendo de una mayor cuantía. Como consecuencia, el déficit comercial bilateral parece seguir la trayectoria variable de las importaciones de bienes de EE.UU. de China. Con mas detalle, a pesar de la guerra comercial, el déficit comercial de EE.UU. con China alcanzó su punto máximo en octubre de 2018, posteriormente se redujo durante unos pocos meses (noviembre 2018 a marzo 2019), y volvió a situarse por encima de su nivel de enero de 2016 a mediados de 2019. 

Este comportamiento parecen sugerir que la guerra comercial entre ambos países no tuvo un efecto  significativo y duradero en el déficit comercial entre EE.UU. y China.

En el gráfico anterior hemos señalado también con una segunda línea vertical (gris) el inicio de la pandemia del COVID-19 que coincide con el registro oficial del primer caso en Wuhan en diciembre de 2019. Ahora podemos observar que en los meses siguientes se registró una fuerte caída en las importaciones de EE.UU. de bienes de China y también una redución muy significativa del déficit comercial bilateral.

Posteriormente, desde marzo de 2020 ha habido un cambio brusco en las importaciones de EE.UU. de China y del déficit comercial bilateral, con un aumento en ambos casos muy significativo. Entre otros factores, este cambio de tendencia en las importaciones de EE.UU. de productos chinos puede estar muy relacionado con las importaciones de equipo médico esencial para contrarrestar los efectos de la Pandemia. [1]

Finalmente, el acuerdo firmado entre China y EE.UU. a finales de 2019 por el que se instauraba una tregua relajación de las medidas arancelarias a partir de 2020 junto al mayor crecimiento de la economía de China, podría haber provocado un aumento reciente en las exportaciones de EE. UU. a China, que han escalado a su nivel más alto en el último trimestre de 2020. Como consecuencia de ello, el déficit comercial bilateral registrado en diciembre de 2020 es un poco más bajo que el nivel alcanzado en julio de 2020.
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[1] Véase al respecto los trabajos de:

Bown, Chad P. "COVID-19: Trump's Curbs on Exports of Medical Gear Put Americans and Others at Risk." Peterson Institute for International Economics, April 9, 2020; https://www.piie.com/blogs/trade-and-investment-policy-watch/covid-19-trumps-curbs-exports-medical-gear-put-americans-and.

Leibovici, F. and Santacreu, A.M.: "Protectionism and Dependence on Imports of Essential Medical Equipment", Federal Reserve Bank of St. Louis On the Economy Blog, September 16, 2020; https://research.stlouisfed.org/publications/economic-synopses/2020/09/16/the-dynamics-of-the-u-s-trade-deficit-during-covid-19-the-role-of-essential-medical-goods


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Como citar esta entrada del Blog: 

Vicente Esteve, "¿Ha afectado la guerra comercial y la Pandemia al déficit comercial entre EE.UU. y China?", Universidad de Valencia, Blog Viaje al Fondo de las Finanzas Internacionales, 16/2/2021,
http://vicenteesteve.blogspot.com/2021/02/ha-afectado-la-guerra-comercial-y-la.html

lunes, 8 de febrero de 2021

Evolución histórica de los tipos de interés reales de los bonos de deuda pública a 10 años de EE.UU., 1962-2020


El tipo de interés real medio de los bonos de deuda pública con vencimiento a 10 años en la economía de los EE.UU. se ha situado en el +2,26% anual para el periodo 1962-2020, lo que supone una rentabilidad muy atractiva para un inversor que hubiera mantenido y reinvertido década tras década sus ahorros en este bono. 

En el primer gráfico se muestra la evolución temporal de la rentabilidad nominal de los bonos de deuda pública con vencimiento a 10 años y de la tasa de variación anual del IPC general para todos los consumidores urbanos (como medida de la tasa de inflación), mientras que en el segundo gráfico se representa el tipo de interés real ex-post como el diferencial o spread entre estas dos variables.

Aunque el tipo de interés real medio en la economía de los EE.UU. para el periodo 1962-2020 se ha situado en el +2,26% (línea roja), ha habido años por encima de la media y años por debajo de la media, tanto con valores positivos como negativos. También existe una gran divergencia entre las décadas con menor inflación y las de alta inflación, divergencias provocadas por las diferentes primas de riesgo por inflación (inflation-risk premium) exigidas por los inversores en las rentabilidades nominales de los bonos.



En el siguiente cuadro hemos agrupado la evolución media del tipo de interés real por décadas (segunda columna). Aunque su medias no son homogéneas, en todas las décadas la rentabilidad real media de los bonos de deuda pública a 10 años ha sido positiva.


En la década de 1970 el spread fue de media muy bajo (+0,3%) alcanzando el mínimo histórico de la serie en diciembre de 1974 con un nivel del -4,66%. En está década se registraron niveles muy altos de inflación por los efectos de los shocks del petróleo (media de inflación del 7,1%). Estas circunstancias sorprendieron a los inversores en bonos de duda pública de EE.UU. y tardaron en ajustar los rendimientos deseados.

En lo que concierne a la década de 1980, los tipos de interés reales medios crecieron sustancialmente respecto la década anterior hasta el +4,8% para ajustarse a los riesgos de alta inflación registrados anteriormente. Como consecuencia se alcanzó el máximo histórico del tipo de interés real que se situó en el +9,38% en agosto de 1983.

En las décadas de 1990 y 2000 la Reserva Federal de EE.UU. bajo el mandato del presidente Greenspan (1987-2006) aplico una política monetaria restrictiva cuyo objetivo principal era reducir la altas tasas de inflación heredadas. La consecuencia es que los inversores del mercado de bonos de deuda pública redujeron sus objetivos de demanda de altas primas de riesgo por inflación. Ello propició que los tipos de interés reales medios se redujeran hasta el 3,5% y el 1,9%, respectivamente.

Centrándonos en la última década de 2010 a 2020, con Ben Bernanke, Janet Yellen y Jerome Powell como presidentes de la Reserva Federal de EE.UU., el tipo de interés real se situó en niveles medios históricamente bajos del +0,6%. Ello se debió sin duda a las caídas históricas de los rendimientos nominales de los bonos de deuda pública a 10 años y también de las primas de riesgo por inflación, propiciadas por la política monetaria expansiva y por la reducción sin precedentes de la tasa de inflación media de esta década (+1,8%).

El año 2020 ha terminado con una tasa de interés real negativa de los bonos de deuda pública de EE.UU. a 10 años del -0,35%.  Si en un futuro próximo subiera la tasa de inflación en EE.UU. y la Reserva Federal volviera a anunciar su firme convicción de controlar está variable, no debería sorprendernos ver que la rentabilidad de los bonos de deuda pública aumentaran mucho menos que las subidas en las tipos de interés de corto plazo.

¿Cómo afectan los tipos de interés reales negativos a la economía?

Una tasa de interés real negativa significa que la inflación es más alta que las tasas de interés nominales. Y esta circunstancia afecta a las decisiones de ahorro y consumo de los hogares, al endeudamiento y a las decisiones de inversión pública.

Por un lado, es una mala noticia para los ahorradores pues verán una caída en el valor real de sus activos, y la rentabilidad de sus ahorros será insuficiente para cubrir el aumento del coste de vida. En teoría, las tasas de interés reales negativas deberían alentar a la gente a gastar, ya que no tiene sentido ahorrar más. Sin embargo, la evidencia empírica disponible sugiere que la gente en realidad puede estar poniendo más esfuerzo en ahorrar que en consumir más porque la rentabilidad del ahorro es muy baja. Desde el punto de vista microeconómico, el efecto ingreso sería mayor que el efecto sustitución.

Por otro lado, la otra perspectiva es que esto debería ser bueno para los prestatarios. La inflación está erosionando el valor de las deudas y los pagos de intereses serán bajos. Por ello, habría un incentivo en los hogares a endeudarse más para financiar la compra de vivienda o el consumo duradero. Incluso habría un incentivo para el gobierno a endeudarse más si quiere financiar proyectos "necesarios" de infraestructuras de los que se puede esperar que produzcan una rentabilidad real superior a cero.

Finalmente, para aproximar el tipo de interés real ex-ante en la economía norteamericana se utiliza habitualmente la tasa de interés anual de un bono de deuda pública indexado a la inflación de EE.UU. (TIPS). [1]

Estos bonos de deuda pública indexados a la inflación dan cobertura al inversor frente a la pérdida de poder adquisitivo derivado de la inflación. En estos bonos, se puede indexar la inflación a dos elementos: a) el cupón: aumentará o disminuirá en función de las subidas o bajadas de precios, que hacen que los tipos de interés nominales suban o bajen; b) el principal: se ajustará el valor nominal en función de la inflación. Si la inflación sube, el valor nominal se verá incrementado en función de la subida de precios, pero si existe deflación, el valor de reembolso será menor que el valor nominal. Este tipo de bonos en los que se ajusta el principal a la inflación es mucho más habitual a los ajustes realizados en el cupón.

En los bonos indexados a la inflación, la rentabilidad real del bono (en ausencia de inflación) no se ve afectada por la inestabilidad en los precios. Ya que la posible pérdida de poder adquisitivo en la inversión, derivada de la inflación, se compensa al mantener esa rentabilidad real y ajustar la rentabilidad nominal en función del incremento de precios. Esta es la diferencia fundamental respecto a los bonos no indexados a la inflación del primer gráfico.

En el siguiente gráfico se muestra la evolución reciente de los TIPS del bono de deuda pública de EE.UU. a diferentes plazos de vencimiento, 5, 10, 20 y 30 años. Desde el 1 de abril de 2020 los bonos TIPS más representativos se sitúan en terreno negativo, y en el último dato mensual de enero de 2021 se alcanza un -1,66% (5 años), -1,00% (10 años), -0,53% (20 años) y -0,28% (30 años).

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Como citar esta entrada del Blog: 

Vicente Esteve, "Evolución histórica de los tipos de interés reales de los bonos de deuda pública a 10 años de EE.UU., 1962-2020", Universidad de Valencia, Blog Viaje al Fondo de las Finanzas Internacionales, 8/2/2021, http://vicenteesteve.blogspot.com/2021/02/evolucion-historica-de-los-tipos-de.html

martes, 2 de febrero de 2021

La guerra comercial entre EE.UU. y China y la COVID-19 ha acelerado el traslado de las cadenas de suministros globales a otros países

 


La guerra comercial entre EE.UU. y China y la pandemia de COVID-19 han cambiado las estrategias de sus cadenas de suministro globales de grandes corporaciones multinacionales que fabrican bienes en China para exportarlos a EE.UU. En concreto, empresas multinacionales muy importantes como Omnidex, GoPro, Apple, Microsoft, Google y Foxconn, entre otras, han cambiado o anunciado planes para trasladar la producción de inputs intermedios en sus cadenas de suministro globales de China a Vietnam, Indonesia, Malasia, México e India. Se trataría de aprovechar los bajos costes laborales relativos de estos países. 

Aunque diversificar la cadena de suministros es a priori un proceso complejo, se puede compensar a medio plazo con unos costes laborales relativamente menores, puesto que en China se ha duplicado el índice de costes laborales en la última década.

Durante el mandato de Trump, EE.UU.  puso la diana en los productos electrónicos fabricados en China para aplicar aranceles de importación más altos y restringió el suministro de componentes producidos con tecnología estadounidense a las empresas chinas que considera un riesgo para la seguridad nacional.

La respuesta de las empresas multinacionales no se hizo esperar. En primer lugar, en 2019, el fabricante estadounidense de bombas industriales Omnidex trasladó parte de la producción de China a Vietnam, y el fabricante de cámaras estadounidense GoPro inauguró una nueva línea de producción para el mercado de EEUU. en la ciudad de Guadalajara, México, mientras mantenía su fabricación en China para atender a otros mercados no estadounidenses. 

En segundo lugar, a principios de 2020, el brote de COVID-19 llevó a las empresas multinacionales a acelerar aún más la diversificación de las cadenas de suministro globales. Por ejemplo, aproximadamente el 30% (entre 3 y 4 millones) de los AirPods de Apple se producirán en Vietnam en lugar de China.  También en está linea, Google planea fabricar su teléfono inteligente de próxima generación Pixel 5 completamente en Vietnam. Por último, Microsoft también prevé comenzar a producir su línea de ordenadores portátiles y de escritorio Surface en Vietnam.

Más recientemente, la diversificación de la fabricación de productos de Apple fuera de China sigue su curso iniciado tiempo atrás y ahora la empresa taiwanesa de componentes electrónicos Foxconn ha conseguido permiso para construir una nueva factoría en Vietnam valorada en 270 millones de dólares. Con más detalle, Foxconn está construyendo líneas de ensamblaje para el iPad y el ordenador portátil MacBook en este país con el objetivo de que este operativa en la primera mitad de 2021. Estas líneas de ensamblaje serán trasladadas de parte de la producción que en la actualidad tiene en China. Hasta ahora todos los iPads se ensamblaban en China, por lo que esta decisión de Apple y Foxconn resulta muy significativa.

Pero continuar con este proceso, tanto Vietnam como México deberán afrontar grandes retos. Por ejemplo, deberán adoptar políticas más favorables al comercio y la inversión y aumentar las inversiones nacionales en educación e infraestructuras para ampliar la mano de obra altamente cualificada. Además, deberán cambiar su legislación para hacer que sus entornos comerciales sean mas favorables para los inversores internacionales. 

De este modo, México se enfrenta a persistentes problemas de seguridad interna e infraestructuras inadecuadas, mientras que Vietnam necesita construir más infraestructuras relacionadas con la logística, como carreteras, ferrocarriles y puertos. Para pasar a las cadenas de valor mundiales de alta tecnología, ambos tendrán que aumentar sus dotaciones de mano de obra cualificada mediante mayor gasto en educación y formación.

Ambos países han aumentado su valor agregado en las cadenas de suministro mundiales desde 1990, tal y cómo se puede observar en los dos gráficos siguientes. En el primer gráfico se muestra que el comercio de México en las cadenas de suministro globales fue ocho veces mayor que el de Vietnam en 2018. 

Del segundo gráfico se puede destacar, que si bien ambos países son serias alternativas al comercio con China, los proveedores extranjeros clave que participan en las cadenas de suministro globales son diferentes para ambos países. Por un lado, a finales de 2019 el valor agregado extranjero en las exportaciones brutas de México (exportaciones más reexportaciones) tuvo principalmente su destino a EE.UU. (34,9%), China (16,7%) y Alemania (6.5%). Por otro lado, las exportaciones brutas de Vietnam se destinaron principalmente a países asiáticos, principalmente a China (22,9%), Japón (20,5%) y Corea del Sur (7,7%).

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Como citar esta entrada del Blog: 

Vicente Esteve, "La guerra comercial entre EE.UU. y China y la COVID-19 ha acelerado el traslado de las cadenas de suministros globales a otros países", Universidad de Valencia, Blog Viaje al Fondo de las Finanzas Internacionales, 2/2/2021,http://vicenteesteve.blogspot.com/2021/02/la-guerra-comercial-entre-eeuu-y-china.html