sábado, 13 de junio de 2026

Lo que los datos salariales de 2024 revelan sobre la economía española cuando nadie te los explica bien

                                 

En esta entrada del Blog se analiza la estructura salarial española a partir de los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística y el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones correspondientes al año 2024. A través del examen de los principales indicadores de tendencia central y de dispersion, se identifican brechas persistentes por genero, nacionalidad, categoría ocupacional y territorio, y se argumenta que dichas brechas responden a mecanismos estructurales de segmentación del mercado de trabajo que no pueden resolverse mediante la lógica de mercado sin intervención institucional activa, que por el momento es claramente insuficiente. También se realiza un análisis de las pensiones españolas para el año 2024.

En el cuadro adjunto (hacer clic para verlo más grande) aparece la escala de mayor a menor de las remuneraciones (salarios y pensiones) en la economía española a finales de 2024. Para los salarios se ha utilizado los últimos datos publicados por el INE en su Encuesta Anual de Estructura Salarial (EAES) 2024 (publicada el 28 de mayo de 2026). Los datos para 2024 de las pensiones han sido extraídos de Estadísticas, Presupuestos y Estudios, enero 2025, del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones (publicados el 10 de Junio de 2026). Aunque existen datos más recientes de las pensiones hemos utilizado los de 2024 a efectos de una comparación homogénea con los salarios.




Las cifras del cuadro no son una colección aleatoria de datos: revelan hechos estilizados que se reproducen año tras año y que apuntan a mecanismos estructurales, no a anomalías coyunturales.

El país de los mil euros

Hay un número que lo resume todo. En España, el salario más frecuente —el que más trabajadores cobran en realidad, no el que aparece en los titulares— es 1.180 euros brutos al mes. Ese dato, publicado por el INE en su Encuesta de Estructura Salarial de 2024, es la fotografía más honesta de un mercado de trabajo que lleva décadas presentándose con una cara que no es la suya.

Cuando los medios y los políticos hablan del salario “medio”, hablan de 2.110 euros. Una cifra que suena razonable, incluso esperanzadora, hasta que entiendes cómo funciona la estadística: los altos sueldos de los sectores oligopolísticos regulados (suministro de energía eléctrica, gas, vapor y aire acondicionado), de actividades financieras y de seguros, información y comunicaciones y de las industrias extractivas, elevan la media aritmética muy por encima de lo que cobra la mayoría. El salario mediano -el que divide exactamente a la mitad a toda la población asalariada- es 1.749 euros. Y el más frecuente, insisto, 1.180.

Esa distancia de 930 euros entre la media y lo más frecuente no es un tecnicismo matemático. Es la huella cuantificable de una economía profundamente desigual.

La pirámide del privilegio

Los datos son brutalmente elocuentes cuando se ordenan de arriba a abajo. Los directores y gerentes se llevan 4.561 euros de media. Los trabajadores no cualificados en servicios, 1.147 euros. Una ratio de casi 4 a 1 que no es fruto del azar, sino de décadas de segmentación del mercado laboral: un núcleo de empleos estables y bien pagados, y una periferia de empleos precarios en la que el Salario Mínimo Interprofesional no funciona como suelo de protección, sino como techo salarial efectivo de sectores enteros.

La segmentación sectorial es igual de llamativa. El sector energético paga de media 4.137 euros. La hostelería, 1.260 euros. Tres veces y media menos. Y no porque los camareros trabajen menos o sean menos necesarios: la hostelería, que sostiene el modelo turístico sobre el que descansa buena parte de nuestra economía. Es un sector que más dinero genera para el país y el que peor paga a quienes lo hacen posible.

Esta no es una anomalía del mercado. Es su resultado lógico cuando no existe poder de negociación real: mucha oferta de trabajadores, poca organización sindical, alta rotación y escasas alternativas. El modelo productivo español ha apostado históricamente por la devaluación salarial como ventaja competitiva, en lugar de apostar por la productividad, la innovación y el valor añadido. Llevan décadas aplicándolo. Estos son los resultados.

La brecha de género: un robo que no termina en la jubilación

Los hombres cobran de media 2.289 euros. Las mujeres, 1.921 euros. Una diferencia de 368 euros al mes, más de 5.000 euros al año, un 16,1% menos por el mismo tipo de trabajo, en el mismo mercado laboral, en el mismo país.

Cuando alguien dice que esto se debe a que las mujeres “eligen” sectores peor pagados o tienen más interrupciones laborales por maternidad, en realidad está describiendo el problema, no explicándolo. ¿Por qué los sectores feminizados pagan menos? ¿Por qué la maternidad penaliza económicamente a las mujeres mientras la paternidad apenas afecta los salarios masculinos? ¿Por qué los cuidados, históricamente realizados por mujeres, no cuentan como trabajo productivo a efectos retributivos?

La brecha no termina cuando te jubilas. La pensión media de las mujeres es 1.348 euros. La de los hombres, 1.869 euros. 521 euros menos al mes. No como excepción estadística. Como norma.

El sistema de pensiones contributivas no corrige las desigualdades del mercado de trabajo: las recibe, las institucionaliza y las proyecta sobre la vejez con una fidelidad casi matemática. Toda una vida de salarios más bajos, carreras más interrumpidas y más años trabajando a tiempo parcial se traduce, al final, en una vejez más pobre. Es la misma brecha, con distinto nombre.

Trabajar más, cobrar menos: la penalización del origen

Los trabajadores con nacionalidad española cobran de media 2.155 euros. Los procedentes de América Latina, 1.421 euros. Una diferencia del 34,2% que no se explica por menor cualificación ni menor esfuerzo.

Una parte importante de esta brecha opera a través de la inserción forzada en los sectores con peores condiciones: muchos trabajadores inmigrantes, independientemente de su formación real, acceden al mercado laboral español por la vía de los empleos que nadie más quiere, y encuentran después barreras estructurales —administrativas, lingüísticas, de redes— para moverse hacia segmentos mejor pagados.

Es incómodo decirlo con claridad, pero la economía española se sostiene en parte sobre esta mano de obra sistemáticamente infravalorada. El turismo, la agricultura de exportación, la limpieza, la hostelería. La gratitud que les dispensamos es retórica. La retribución que reciben, estructuralmente insuficiente.

Las pensiones: donde todo se hereda, incluso la precariedad

El sistema público de pensiones español funciona así: cobras en función de lo que has cotizado durante tu vida laboral. Esto tiene una consecuencia distributiva que raramente se menciona en el debate público: quien ha cobrado poco toda su vida, cobra poco también cuando se jubila. El sistema no corrige las desigualdades del mercado de trabajo. Las recibe, las institucionaliza y las proyecta sobre la vejez con una fidelidad casi matemática.

Los números lo confirman. La pensión máxima de jubilación es 3.175 euros -más alta que el salario medio del país-. La pensión media del régimen general es 1.658 euros. Y la de Extremadura, la comunidad con los salarios más bajos, apenas llega a 1.376 euros. Entre la pensión más alta por comunidad -País Vasco, 2.064 euros- y la más baja -Extremadura, 1.376 euros- hay una brecha del 49,9%. La geografía de la desigualdad salarial se replica con total coherencia en la geografía de la desigualdad en la vejez.

Pero si hay una brecha que merece detenerse, es la de género. Los hombres cobran de media 1.869 euros de pensión. Las mujeres, 1.348 euros. Una diferencia de 521 euros al mes -más de 7.000 euros al año- que no es una anomalía estadística sino el resultado previsible y calculable de toda una vida de desigualdad acumulada. La mujer que cobró menos durante su carrera laboral, que interrumpió su trayectoria por maternidad, que trabajó a tiempo parcial durante años para conciliar, que cotizó sobre bases más bajas durante más tiempo: esa mujer llega a la jubilación y descubre que el sistema ha guardado memoria de todo. No para compensarla. Para perpetuarlo.

Esta brecha del 27,9% entre la pensión media de hombres y mujeres es, además, más amplia que la propia brecha salarial del 16,1% entre activos. Es decir: la desigualdad no solo se mantiene en la vejez, sino que se amplía. Cada año de cotización perdido por un permiso de maternidad no remunerado, cada mes trabajado a jornada parcial, cada sector feminizado que cotizó por debajo de la media: todo ello se acumula en silencio durante décadas y estalla en el momento de la jubilación en forma de pensión insuficiente. Y eso, en un país donde las mujeres mayores viven solas en una proporción muy superior a los hombres —por razones de esperanza de vida diferencial—, tiene consecuencias directas sobre su capacidad de cubrir necesidades básicas sin depender del apoyo familiar o de los servicios sociales.

Las reformas que han ido ampliando el período de cómputo para calcular la pensión -de 15 a 25 años con la reforma de 2011- agravaron este problema: al promediar más años, se incorporan los períodos de desempleo, de trabajo parcial y de bajos salarios, que afectan de manera desproporcionada a mujeres, inmigrantes y trabajadores con trayectorias precarias. La reforma de 2023 intentó corregirlo parcialmente con un sistema dual: a partir de 2026, se aplicará el período más beneficioso entre los 25 años actuales o los 29 últimos años descartando los 2 peores, lo que beneficiará especialmente a quienes tienen carreras irregulares. También introdujo un complemento específico por brecha de género -unos 33 euros mensuales en 2024, con incrementos del 10% adicional en 2024 y 2025- y amplió la cobertura de lagunas de cotización para mujeres hasta cinco años con el 100% de la base mínima. Son pasos en la dirección correcta, pero insuficientes: 33 euros al mes no compensan 521 euros de diferencia en la pensión media entre hombres y mujeres.

Los bajos salarios generan bajas cotizaciones. Las bajas cotizaciones generan bajas pensiones. Las bajas pensiones reproducen en la vejez la precariedad que el mercado impuso en la edad activa. Es un círculo vicioso que se refuerza a sí mismo, y que castiga con especial dureza a quienes más tiempo dedicaron al cuidado de otros sin que el sistema contara ese tiempo como trabajo.

Corregirlo requiere decisiones más ambiciosas que las tomadas hasta ahora: cotizaciones ficticias por períodos de cuidado, complementos que compensen de verdad la brecha de género en las pensiones -no 33 euros, sino una corrección proporcional a la desigualdad acumulada-, prestaciones mínimas suficientes para quienes tuvieron trayectorias discontinuas, y una fiscalidad progresiva sobre pensiones altas que financie la mejora de las bajas. Sin esas correcciones, el sistema de pensiones seguirá siendo lo que es: un mecanismo que perpetúa la desigualdad. No su antídoto.

¿Cuánto se puede vivir con 1.180 euros?

Hagamos las cuentas. El salario más frecuente en España son 1.180 euros brutos, que en neto se quedan en unos 990-1.020 euros para un trabajador sin cargas familiares. Una habitación en alquiler en cualquier ciudad mediana del país cuesta de media en 2025 425 euros al mes según Idealista, cifra que en Madrid sube a 575 euros y en Barcelona supera los 600. Transporte, alimentación y suministros se llevan otros 300-400 euros.

Resultado: un margen de entre cero y 250 euros para todo lo demás. Para ropa, para el médico, para algún ocio, para ahorrar, para cualquier imprevisto. Con ese margen no se ahorra para una entrada de piso en un mercado donde el precio de la vivienda subió un 12,7% solo en 2025 -su mayor alza en 18 años según el INE- y acumula ya 12 años consecutivos de subidas. No se tienen hijos sin que suponga un salto al vacío. No se enferma con tranquilidad. No se planifica nada más allá del mes siguiente.

Y esto, conviene subrayarlo, no describe a los trabajadores más vulnerables del sistema. Describe a la mayoría estadística de los asalariados españoles. La precariedad en España no es la excepción. Es la "norma modal".

Lo que los números no pueden contar

Hay algo que estas cifras no capturan: la angustia. El trabajador de 58 años con contrato temporal en hostelería que sabe que su pensión será miserable. La mujer de 45 que cobra 400 euros menos que su colega con el mismo puesto y lleva años sin poder demostrarlo formalmente. El joven universitario de 28 que trabaja a tiempo parcial no por elección sino por ausencia de alternativas, y vive en casa de sus padres no por comodidad sino por imposibilidad económica de emanciparse. La estadística deshumaniza por necesidad. 

Conclusión: es hora de hacer reformas serias

Los datos analizados dibujan una estructura salarial española que combina un núcleo reducido de trabajadores bien remunerados con una amplia base de asalariados próximos al umbral del salario mínimo. Las brechas documentadas por género, por nacionalidad, por categoría ocupacional y por territorio no son accidentes del mercado ni resultados inevitables de la globalización. Responden a decisiones históricas y cotidianas sobre qué trabajo se valora, quién tiene derecho a negociar y qué sectores se protegen con políticas públicas y cuáles se abandonan a su suerte.

Detrás de cada cifra hay una persona que merece algo mejor. Los datos lo demuestran y el sentido común lo confirma. Toca pedir en voz alta lo que debería ser evidente. Estas son las reformas que no pueden seguir esperando:

Transparencia salarial real. La directiva europea de transparencia salarial, aprobada en 2023, obliga a los Estados miembros a transponerla antes de 2026. España debe hacerlo con ambición y no con mínimos: que las empresas publiquen las bandas salariales por categoría y sexo, que los trabajadores tengan derecho a conocer lo que cobran sus compañeros con funciones equivalentes, y que las sanciones por incumplimiento sean disuasorias. Sin información no hay negociación posible, y sin negociación la brecha salarial de género seguirá siendo invisible para quienes la sufren.

Negociación colectiva fuerte en todos los sectores. La cobertura de la negociación colectiva en España es formalmente alta, pero su calidad es muy desigual. Los sectores peor pagados —hostelería, limpieza, cuidados, agricultura— son precisamente aquellos donde los convenios son más débiles, la representación sindical más escasa y la rotación laboral más alta. Extender la negociación colectiva sectorial con convenios de mayor cobertura y mecanismos de extensión automática a empresas no firmantes es la herramienta más eficaz para comprimir la dispersión salarial desde abajo.

Un SMI que no sea el techo sino el suelo. El Salario Mínimo Interprofesional ha crecido significativamente en los últimos años, pero en demasiados sectores sigue funcionando como referencia de facto para fijar salarios, no como límite inferior. El objetivo del 60% del salario medio —recomendado por la Carta Social Europea— debe mantenerse como suelo, no como destino. Y su actualización debe desvincularse del ciclo político para convertirse en un mecanismo automático ligado a la evolución de la productividad y los precios.

Reformar las pensiones desde la equidad, no solo desde la sostenibilidad. El sistema contributivo premia a quien más ha cotizado y más ha cobrado. Eso es exactamente lo contrario de lo que necesitan quienes llegaron a la jubilación con trayectorias interrumpidas, sectores precarios o años de trabajo no remunerado de cuidados. Las cotizaciones ficticias por períodos de maternidad, paternidad y cuidado de dependientes deben ampliarse y equipararse a bases de cotización reales, no mínimas. El complemento por brecha de género debe crecer en proporción a la desigualdad que corrige, no en los 33 euros actuales que apenas rozan el problema. Y las pensiones mínimas deben garantizar que nadie que haya cotizado durante décadas termine su vida por debajo del umbral de pobreza.

Un modelo productivo que no dependa de pagar poco. Esta es la reforma más difícil y la más urgente. España tiene una productividad por hora trabajada inferior a la media europea, no porque sus trabajadores trabajen menos, sino porque su economía está especializada en sectores de bajo valor añadido que compiten fundamentalmente en precio. Revertir eso exige inversión pública en I+D, políticas industriales activas que diversifiquen la estructura productiva más allá del turismo y la construcción, y incentivos reales para que las empresas suban salarios como parte de su estrategia de retención y productividad, en lugar de recurrir sistemáticamente a la devaluación salarial interna.

Ninguna de estas propuestas es utópica. Todas tienen precedentes en países de nuestro entorno con economías más igualitarias y más competitivas al mismo tiempo. La evidencia comparada demuestra que los países con mayor cobertura de negociación colectiva, mayor transparencia salarial y sistemas de pensiones más redistributivos no son menos eficientes económicamente: son más resilientes, tienen mayor cohesión social y generan menos coste sanitario, educativo y asistencial derivado de la pobreza y la precariedad. Los países nórdicos son el ejemplo más documentado de esta compatibilidad entre igualdad y competitividad (Andersen et al., 2007), pero no el único: el análisis comparado de la OCDE sobre treinta países concluye que una mayor cobertura de negociación colectiva se asocia sistemáticamente a menor desigualdad salarial sin penalización del empleo ni de la productividad (OCDE, 2019). Y la evidencia macroeconómica es aún más contundente: la propia OCDE ha documentado que la desigualdad elevada reduce el crecimiento económico a largo plazo, de modo que corregirla no es un coste para la economía sino una condición para su sostenibilidad (OCDE, 2015).

El Gobierno ha aprendido en 8 años a gestionar el relato de la desigualdad mejor que la desigualdad misma. Sube el SMI, revaloriza las pensiones con el IPC, anuncia compromisos de transparencia salarial y presenta cada décima de reducción de la brecha de género como un logro histórico. Mientras tanto, el salario más frecuente sigue siendo 1.180 euros (bruto), la pensión media de las mujeres sigue siendo 521 euros inferior a la de los hombres, y los sectores peor pagados del país siguen siendo exactamente los mismos que hace una década. Gobernar la estadística no es lo mismo que cambiar la realidad que mide.

Y para terminar, y parafraseando a Bill Clinton en la campaña presidencial de EE.UU. de 1992, y a quién corresponda:

¡Es el salario más frecuente, no el salario medio, estúpido!

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Referencias
  • Andersen, T. M. et al. (2007). The Nordic Model: Embracing Globalization and Sharing Risks. ETLA.
  • OCDE (2015). In It Together: Why Less Inequality Benefits All. OECD Publishing.
  • OCDE (2019). Negotiating Our Way Up: Collective Bargaining in a Changing World of Work. OECD Publishing.
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Como citar esta entrada del Blog:

Vicente Esteve, "Lo que los datos salariales de 2024 revelan sobre la economía española cuando nadie te los explica bien", Universidad de Valencia", Blog Viaje al Fondo de las Finanzas Internacionales, 13/6/2026,
https://vicenteesteve.blogspot.com/2026/06/lo-que-los-datos-salariales-de-2024.html

viernes, 22 de mayo de 2026

El mercado le hace el "trabajo sucio'" a la Fed: Regla de Taylor, tipos de la deuda pública, swaps y freno a los tipos de los fondos federales en 2026

Kevin Warsh, Presidente de la Reserva Federal de EE. UU.

Kevin Warsh, nuevo Presidente de la Reserva Federal de EE. UU.

El objetivo principal de esta entrada del Blog es analizar si la Regla de Taylor ha funcionado a lo largo de tiempo en el caso de la política monetaria de la Reserva Federal de EE.UU., con especial hincapié en las tensiones inflacionarias provocadas por el Conflicto en Oriente Próximo y el cierre del Estrecho de Ormuz.

Uno de los principales instrumentos de política monetaria que utiliza la Fed es la orientación de las tasas de los fondos federales. En el mercado de fondos federales (mercado interbancario en EE.UU.) se realizan préstamos en dólares entre las instituciones depositarias (principalmente bancos) que operan en el país.

Por un lado, el Comité Federal de Mercado Abierto  (Federal Open Market Committee) de la Reserva Federal de EE.UU. fija en sus reuniones periódicas la tasa “objetivo único específico” o (Federal Funds Rate Range, FFRR) en las que pueden negociar las instituciones depositarias en el mercado de fondos federales.

Por otro lado, la tasa efectiva de los fondos federales (Efective Federal Funds Rate, EFFR) se calcula como la media de los tipos de interés de los préstamos de fondos federales ponderada por el volumen de las transacciones de fondos federales del día.

La hoja de ruta de la Fed en 2026: Del desacuerdo interno a la cautela unánime por el frente geopolítico


La Reserva Federal de EE.UU. (Fed) tuvo su última reunión bajo el mandato de Jerome Powell el 28 y 29 de abril de 2026. La próxima reunión prevista para el 16 y 17 de junio será ya con Kevin Warsh como nuevo Presidente.

Las Actas de esta última reunión de la Fed evidencian un posible endurecimiento en la política monetaria ante el alza de la tasa de inflación.  El conflicto en Oriente Próximo fue un tema central en la reunión de la Fed, y los miembros del FOMC han destacado que tendrá "implicaciones significativas" para la trayectoria de los tipos de interés.

Iniciar el año analizando la estrategia de la Reserva Federal estadounidense requería mirar con lupa la velocidad de sus futuros recortes. Sin embargo, tras encadenar las actas de sus reuniones de enero, marzo y abril de 2026, queda claro que el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) ha entrado en una fase de máxima prudencia. Aunque el rango objetivo para el tipo de los fondos federales (FFRR) se ha mantenido congelado en el 3,25% - 3,50%, la intrahistoria de estos meses revela cómo los shocks geopolíticos imprevistos han obligado al banco central a replegar posiciones y priorizar la estabilidad.

Para entender el momento actual, hay que recordar cómo empezó el año. En enero, el consenso de la Fed se resquebrajó con una votación de 10 a 2, donde los gobernadores Stephen I. Miran y Christopher J. Waller exigieron un recorte inmediato de tipos de 25 puntos básicos. Sin embargo, el panorama cambió drásticamente en marzo. El estallido del conflicto en Oriente Medio sacudió los mercados con un repunte vertical en los precios de la energía y los combustibles, obligando a los disidentes a replegarse. Para las reuniones de marzo y abril, el Comité recuperó la unanimidad absoluta: 12 votos a favor de mantener las tasas estables. La urgencia por bajar los tipos se disipó ante el temor colectivo de que las tensiones internacionales reavivasen las presiones inflacionistas.

El análisis secuencial de las actas revela una transición clara en las expectativas de actuación futura. En enero y marzo, el debate se centraba en cuándo iniciar la flexibilización, y las encuestas de mercado proyectaban con optimismo hasta dos bajadas de tipos para la primera mitad del año. Sin embargo, los datos y eventos acumulados hasta abril han obligado a los inversores y al propio Comité a retrasar el calendario. Ahora, las actuaciones previsibles apuntan a una pausa mucho más prolongada de lo previsto, postergando cualquier movimiento para la segunda mitad del año. Es más, el ala más dura del Comité (hawks) ha dejado constancia de que, si la inflación se estanca debido al impacto cruzado de los aranceles sobre los bienes principales (core goods) y los costes energéticos, no dudarán en proponer ajustes al alza (subidas de tipos).

Detrás de este blindaje de la Fed hay tres indicadores macroeconómicos clave que justifican su inacción:

  1. Inflación dualizada: Mientras que los precios de los servicios y la vivienda muestran una moderación sostenidala inflación subyacente de los bienes se mantiene rígida por los aranceles, y el IPC general se ve amenazado por la volatilidad del petróleo provocada por el conflicto en Oriente Medio.

  2. Mercado laboral en equilibrio: La tasa de desempleo se ha estabilizado en torno al 4,4%. El mercado ya no está sobrecalentado, pero sigue siendo robusto: la creación de empleo es moderada y los salarios nominales están creciendo a un ritmo más lento, lo que reduce los riesgos de una espiral salarios-precios.

  3. Crecimiento económico sólido: A pesar de los tipos restrictivos, el PIB real sigue expandiéndose a un ritmo firme, respaldado por un consumo privado resiliente y una fuerte inversión empresarial en tecnología (pese a los temores iniciales reflejados en marzo sobre disrupciones de la IA en ciertos modelos de negocio).

La conclusión para los próximos meses es una "ultra-dependencia de los datos". Con una economía que resiste y un mercado laboral que no se destruye, la Fed cuenta con el margen necesario para mantener la cautela. El banco central prefiere pecar de paciente antes que arriesgarse a recortar el precio del dinero prematuramente en un mapa global volátil e impredecible. La puerta a las bajadas sigue abierta, pero el umbral para cruzarla exige ahora certezas geopolíticas que el mundo, de momento, no puede garantizar.

La tasa de interés de los fondos federales implícita de la Regla de Taylor


El Presidente de la Fed, Jerome Powell, en un simposio de política económica patrocinado por el Banco de la Reserva Federal de Kansas City en Jackson Hole, Wyoming [1], hacia referencia a varias variables que como veremos más adelante están presentes en la conocida Regla de Taylor para la fijación de los tipos de interés por parte de los bancos centrales. Por un lado, hace hincapié en que las estimaciones de la tasa neutral o "normal" de los fondos federales es la tasa consistente con la economía en el pleno empleo (relacionada con el "output gap") y con una tasa de inflación estable. Por otro lado, que la evolución de la tasa neutral de los fondos federales refleja en gran parte los cambios en la tasa de interés real de equilibrio (denominada técnicamente como r-star).

¿Pero cuál es el nivel "normal" a largo plazo de las tasas de los fondos federales a los que se refería Jerome Powell? 

Para contestar a esta pregunta tenemos que hacer una referencia a la principales reglas de política monetaria que han sido mencionadas por el Comité Federal de Mercado Abierto desde 1995. Las reglas monetarias recogen bien el mandato legal de la Fed de promover el máximo empleo y la estabilidad de precios, al prescribir que la tasa de los fondos federales debe responder a la desviación de la inflación de su objetivo a largo plazo y a la brecha del producto, dado que la economía debe estar en o cerca del pleno empleo cuando se cierra la brecha de producción (la diferencia entre el PIB real y una estimación de la producción potencial). Además, los trabajos de investigación empírica sugieren que reglas tan simples pueden ser razonablemente sólidas ante la incertidumbre sobre la verdadera estructura de la economía, ya que funcionan bien en una amplia variedad de modelos. [2]

La regla monetaria más conocida es la Regla de Taylor que permite una aproximación a este nivel "normal" a largo plazo al que se refirió Jerome Powell en 2020, pero existen más reglas que han sido mencionadas en distintos informes de la Reserva Federal junto a la Regla de Taylor original.  Por ejemplo, la regla modificada de la Regla de Taylor original propuestas en Taylor (1999) y Yellen (2012) que se han incluido en los Informes de Política Monetaria (Monetary Policy Report) de la Reserva Federal desde 2017, y que resultan consistentes con la "Declaración sobre objetivos a más largo plazo y estrategia de política monetaria" original de 2012 [3].

En relación a la Regla de Taylor, John B. Taylor, catedrático de Economía de Stanford University, California, EE.UU., propuso en un seminal trabajo de 1993 una regla monetaria para establecer cambios en los tipos de interés de los fondos federales en función de la desviación de la producción real actual respecto a la producción real potencial y de la desviación de la inflación actual del objetivo de inflación, tal y como se puede ver en la siguiente expresión: [4]

i = π + 0,5 (y – y*) + 0,5 (π – π*) + r   [a]

donde i es el tipo de interés nominal a corto plazo y objetivo de la Política Monetaria derivada de la Regla de Taylor (en nuestro caso, la tasa de interés de los fondos federales); y es la tasa de variación del PIB real; y* es la tasa de variación del PIB potencial, (y-y*) es el "output gap"; π es la tasa de inflación actual (medida por la variación del deflactor del PIB); π* es la tasa de inflación objetivo de la Reserva Federal (en nuestro caso el 2%); y r es la tasa de interés real de equilibrio (de estado estacionario) o r-star, en el caso de la economía de EE.UU. el 2%. 

Recordemos que la tasa de interés real neutral es consistente con una inflación igual al nivel objetivo de inflación y un crecimiento real igual al crecimiento potencial a largo plazo.  Además, la tasa de interés real de equilibrio no se ve afectada por la política monetaria, sino que está impulsada por factores fundamentales de la economía, incluida la demografía y el crecimiento de la productividad, los mismos factores que impulsan el crecimiento económico potencial. Por último, la tasa de interés real neutral y el PIB potencial a largo plazo pueden variar con el paso del tiempo.

Teniendo en cuenta los dos datos fijos, la regla de Taylor quedaría finalmente como:

i = π + 0,5 (y – y*) + 0,5 (π – 2) + 2   [b]

Desde el punto de vista práctico, por ejemplo, si la economía de EE.UU. mantuviera una tasa de crecimiento real del +1%, el crecimiento potencial fuera del +3% y la tasa de inflación fuera del +0,5%, la tasa de inflación neutral fuera del 2% (objetivo de la Reserva Federal), la Regla de Taylor sugeriría que la Reserva Federal debería fijar unos tipos de interés de los fondos federales del +0,75%.

¿Son necesarias subidas de los tipos de interés de los fondos federales para reducir la tasa de inflación actual y doblegar las expectativas de la inflación futura?


Para entender si los tipos de interés de la Reserva Federal están en el nivel correcto, los economistas suelen recurrir a una brújula matemática conocida como la Regla de Taylor. Al cruzar el tipo de interés efectivo de los fondos federales con sus variantes históricas —la regla original de 1993, la modificada de 1999 y la versión basada en la tasa de desempleo—, se revela una interesante radiografía de los aciertos y las lagunas de la política monetaria estadounidense durante las últimas dos décadas. Analizar la divergencia entre lo que la teoría matemática exigía y lo que la Fed ejecutó realmente nos permite entender por qué el banco central se encuentra hoy en una encrucijada tan compleja.

En los siguientes gráficos (hacer clic sobre los mismos para verlos más grandes) se muestra la evolución de la tasas de interés de fondos federales efectivos (línea roja) y las tasas de interés implícitas de la Regla de Taylor (el tipo de interés que se fijaría de seguirse la Regla de Taylor de la ecuación [b], línea azul) para el periodo 1954-2026 (último dato abril), y desde abril de 2016 hasta abril de 2026.


La historia de esta desconexión comenzó a gestarse mucho antes de la Gran Recesión. Tras el estallido de la burbuja tecnológica de las puntocom y los atentados del 11 de septiembre, la Fed redujo agresivamente el precio del dinero. Durante el periodo de 2001 a 2006, los tipos oficiales se mantuvieron sistemáticamente por debajo de lo que recomendaban todas las versiones de la Regla de Taylor, que sugerían tasas de entre el 3% y el 4% mientras la autoridad monetaria las congelaba cerca del 1%. Esta laxitud prolongada, bautizada por los críticos como la era del dinero "demasiado bajo por demasiado tiempo", terminó alimentando de forma pasiva las condiciones crediticias que dieron origen a la desastrosa burbuja inmobiliaria subprime.

Cuando la crisis financiera global estalló con toda su crudeza en 2007, la Fed se vio obligada a vaciar rápidamente su arsenal, recortando los tipos a velocidad récord hasta encallarlos en el suelo del 0% al 0,25%, el límite inferior cero. En ese instante, las Reglas de Taylor experimentaron una caída libre vertical sin precedentes históricos. Debido al desplome del PIB y al repunte masivo del desempleo, las fórmulas matemáticas exigían tipos de interés negativos extremos de hasta el -5%. Al ser físicamente imposible fijar tasas nominales negativas en la economía real, la profunda brecha que se abrió entre ambas líneas reflejó el nacimiento de una nueva era: la Fed se vio forzada a ignorar la regla tradicional y a inventar la flexibilización cuantitativa (QE) e inyecciones masivas de liquidez para compensar el estímulo que los tipos ordinarios ya no podían ofrecer.

Tras la tormenta llegó una de las divergencias más persistentes y debatidas de la historia moderna. Durante la lenta recuperación de 2010 a 2019, marcada por los temores al "estancamiento secular", la economía estadounidense comenzó a sanar gradualmente. Las Reglas de Taylor rebotaron con fuerza y ya para el periodo 2012-2014 exigían subidas de tipos generalizadas hacia la zona del 3% o 4%. Sin embargo, la Fed mantuvo las tasas en cero hasta finales de 2015 por pura cautela. Hubo una divergencia pasiva prolongada porque el banco central priorizó sanar el mercado laboral antes de atacar una inflación que aún no presionaba. Incluso cuando comenzaron las subidas en 2016, la Fed frenó en seco al llegar al 2,4% en 2018, desoyendo por completo a una Regla de Taylor que para entonces ya demandaba tasas cercanas al 5%.

Esta desconexión voluntaria palidece al compararse con el shock inflacionario del COVID-19 entre 2020 y 2023. Tras devolver los tipos al 0% por la pandemia, la reapertura económica y los cuellos de botella globales desataron una espiral de precios histórica. Las Reglas de Taylor reaccionaron de forma explosiva y vertical, llegando a exigir tipos de interés de entre el 9% y el 11% en 2022 para contener los precios. Al catalogar inicialmente la inflación como "transitoria", la Fed se quedó peligrosamente por detrás de la curva de la regla matemática. Aunque posteriormente aplicó la subida de tipos más rápida en décadas hasta el entorno del 5,3%, la brecha histórica evidenció que la Fed prefirió amortiguar el golpe económico en lugar de aplicar el durísimo castigo monetario que dictaba la teoría.

Finalmente, el ciclo actual nos traslada a la encrucijada del primer cuatrimestre de 2026. Tras iniciar una senda de normalización que redujo el tipo efectivo hacia el rango del 3,25% - 3,50% gracias a la moderación de los servicios y la vivienda, el estallido del conflicto geopolítico en Oriente Medio ha vuelto a sacudir las variables. El violento repunte en los precios del petróleo ha provocado que las variantes de la Regla de Taylor basadas en la inflación detengan su descenso y vuelvan a registrar una preocupante rigidez al alza. Este repunte matemático justifica a la perfección el giro prudente de la Fed en sus últimas reuniones de marzo y abril: mientras que indicadores como el empleo justificarían seguir bajando tipos, el shock petrolero introduce presiones en la fórmula que obligan al banco central a activar el freno de mano y prolongar su pausa, evitando a toda costa que la brecha con la Regla de Taylor se vuelva a ensanchar y descontrole las expectativas de inflación.

Con más detalle, la tasa efectiva de los fondos federales ha alcanzado en junio de  2026 el nivel del +3,64%, mientras que la tasa de interés implícita de los fondos federales derivada de la Regla de Taylor indica que la Reserva Federal  - en base a los datos del PIB real actual y de la inflación actual - debería situar los tipos de interés en nada menos que el +6,41,%. Una potencial alza de los tipos de 2,77 puntos porcentuales.

Esta encrucijada matemática y geopolítica no ha pasado desapercibida para los inversores. En las últimas semanas, el mercado de renta fija ha reaccionado con un movimiento contundente: un repunte vertical en las rentabilidades (yields) de los bonos del Tesoro a 10 y 30 años (véase el siguiente gráfico). Esta subida de los tipos de interés a largo plazo es el reflejo inequívoco de que el mercado está reajustando sus expectativas de inflación estructural. Los inversores exigen ahora una mayor prima por plazo ante el temor de que el binomio "aranceles continuos y tensiones petroleras" enquiste los precios durante el resto de la década.

Para la Reserva Federal, este comportamiento de los bonos se traduce en un arma de doble filo. Por un lado, la subida de los tipos a 10 y 30 años encarece automáticamente las hipotecas y el crédito corporativo, provocando un endurecimiento de las condiciones financieras reales; en la práctica, el mercado le está haciendo el "trabajo sucio" de restricción monetaria a la Fed. Por otro lado, valida los peores temores que la regla de Taylor lleva meses anticipando: que la inflación sigue viva en el horizonte. En definitiva, el repunte de las curvas de deuda soberana es la señal definitiva que justifica la extrema cautela del banco central. Con el mercado largo tensionándose solo, la Fed no necesita mover ficha: le basta con sentarse a esperar, vigilar los datos y confirmar si este repunte de los bonos es el freno definitivo que la economía necesita o el preludio de un ciclo de tipos altos mucho más largo de lo que nadie se atrevía a pronosticar.

Pero el verdadero efecto multiplicador de este movimiento se entiende al observar los tipos swap de interés a 5 y 10 años (USD 5 Years Interest Rate Swap y USD 10 Years Interest Rate Swap), que han repuntado en perfecta sintonía con la deuda pública (ver gráficos, datos desde ferbero de 2026 hasta la actualidad). [5] Si analizamos la trayectoria de ambas curvas, se observa un cambio de tendencia drástico y un repunte vertical a partir de los meses de febrero y marzo. Este movimiento no es casualidad: refleja el momento exacto en el que los mercados interbancarios comenzaron a descontar las graves tensiones geopolíticas en Oriente Medio, el recrudecimiento del conflicto y, muy especialmente, la amenaza de estrangulamiento logístico en el estrecho de Ormuz. Al ser una de las arterias energéticas más cruciales del planeta, el temor a un bloqueo prolongado disparó las expectativas de inflación por el lado de las materias primas, y los tipos swap reaccionaron de inmediato exigiendo mayores primas por plazo.

Mientras que los bonos del Tesoro marcan la "tasa libre de riesgo" del Estado, la curva de tipos swap de 5 y 10 años es la referencia real que utiliza la banca comercial e institucional para cubrir sus carteras y fijar el precio del dinero en el largo plazo. Su encarecimiento simultáneo en estos dos tramos clave, espoleado por la prima de riesgo geopolítico, genera un efecto de transmisión directa e inmediato: eleva drásticamente el coste de emisión de deuda para las corporaciones que buscan financiarse a medio y largo plazo, y dispara en paralelo los intereses de las nuevas hipotecas a tipo fijo.

Para la Reserva Federal, este comportamiento conjunto de bonos y swaps se traduce en una situación idónea para sus intereses. Al subir estos tipos en el mercado abierto por la pura fuerza de los acontecimientos internacionales, las condiciones financieras de la calle se endurecen de forma orgánica, enfriando el consumo y la inversión sin necesidad de que el Comité vote nuevas subidas en sus tipos oficiales. En la práctica, el mercado le está haciendo el "trabajo sucio" de restricción monetaria a la Fed. Esto valida por qué el banco central cuenta hoy con tanto margen para prolongar su pausa y aplicar una estrategia de "esperar y ver": con un mercado financiero que ya se está auto-regulando al alza ante los riesgos arancelarios y petroleros, la Fed puede permitirse el lujo de no mover ficha, dejando que la propia inercia de las curvas de tipos consolide el freno que la inflación necesita.



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[1] Powell, J. (2020), New Economic Challenges and the Fed’s Monetary Policy Review”, remarks at Navigating the Decade Ahead: Implications for Monetary Policy, a symposium sponsored by the Federal Reserve Bank of Kansas City, Jackson Hole, Wyoming, August 27.

[2]  Véase la discusión en Taylor, J.B. y Williams, J.C. (2011), "Simple and Robust Rules for Monetary Policy", en Benjamin M. Friedman y Michael Woodford, eds., Handbook of Monetary Economics , vol. 3B, (San Diego: Holanda Septentrional), 829-860.

[3] Taylor, J. B. (1999), “A Historical Analysis of Monetary Policy Rules”, in Monetary PolicyRules, University of Chicago Press, 319-348. Yellen, Janet (2012), “Perspectives on Monetary Policy”, speech at the Boston Economic Club Dinner, June 6.

[4] Taylor, J.B. (1993), "Discretion versus policy rules in Practice", Carnegie-Rochester Series on Public Policy 39, 195-214. Véase también el articulo del ex-presidente de la Fed de St. Louis, William Poole: William Poole, W. (1999), "Monetary policy rules?", Review, Federal Reserve Bank of St. Louis, issue Mars, 3-12.

[5] Los instrumentos referenciados corresponden a los contratos de permuta financiera de tipos de interés en dólares estadounidenses (USD Interest Rate Swaps). El Bono USD 5 Years Interest Rate Swap y el Bono USD 10 Years Interest Rate Swap (cuyas referencias estándar de mercado en terminales financieras son los índices USDSB3L5Y y USDSB3L10Y, respectivamente) determinan el tipo de interés fijo que las instituciones financieras acuerdan intercambiar por un tipo flotante —generalmente ligado a tasas de referencia interbancarias a 3 meses— para plazos de vencimiento a 5 y 10 años. En la práctica, actúan como el indicador real y el termómetro del coste del dinero a medio y largo plazo para el sector corporativo, el mercado hipotecario y el sistema bancario global.

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Como citar esta entrada del Blog:

Vicente Esteve, "El mercado le hace el "trabajo sucio'" a la Fed: Regla de Taylor, tipos de la deuda pública, swaps y freno a los tipos de los fondos federales en 2026", Universidad de Valencia", Blog Viaje al Fondo de las Finanzas Internacionales, 22/5/2026,

https://vicenteesteve.blogspot.com/2026/05/el-mercado-le-hace-el-trabajo-sucio-la.html

martes, 5 de mayo de 2026

Una anomalía del mercado laboral: más perceptores de prestaciones que parados en ocho provincias


 La "falsa" radiografía del paro: Por qué las estadísticas ya no reflejan la realidad laboral

El mercado laboral español ha entrado en una dimensión estadística desconocida. Los últimos datos publicados por el SEPE revelan una anomalía técnica que debería encender todas las alarmas: en ocho provincias españolas hay más personas cobrando el subsidio de desempleo que parados registrados oficialmente. ¿Cómo es posible que alguien cobre el paro sin estar, técnicamente, en el paro? La respuesta está en la "ingeniería estadística" que rodea a la figura del fijo discontinuo.

El "maquillaje" de las listas del SEPE

Desde la última reforma laboral, el contrato fijo discontinuo se ha erigido como el instrumento ideal para adelgazar artificialmente las listas del paro. Al finalizar su campaña, el trabajador se va a casa y desaparece de la estadística de "parados registrados" por el simple hecho de mantener un vínculo formal con la empresa. No trabaja, no cobra sueldo, pero la realidad estadística es surrealista: se le contabiliza como una "persona ocupada". Sin embargo, la economía no entiende de etiquetas administrativas; ese trabajador sigue necesitando ingresos y acude a la prestación por desempleo, generando esa anomalía donde hay más beneficiarios que parados oficiales.

El resultado es una distorsión burocrática sin precedentes. Como muestra la tabla de la "Tasa de cobertura del total de beneficiarios", la administración reconoce el derecho a cobrar por no trabajar, pero se niega a contabilizar a esos ciudadanos como desempleados. En las provincias con elevado volumen de trabajadores fijos discontinuos la tasa de cobertura puede superar el 100% en los meses de fuera de temporada. [1] [2]


Las provincias donde la estadística pierde el sentido

Si observamos los datos adjuntos, la brecha entre la realidad de la calle y el registro oficial es flagrante:
  • Illes Balears: El epicentro de la distorsión. Con una media anual del 274,6% y un pico surrealista del 360,2% en enero, Baleares es el ejemplo máximo de este fenómeno. Por cada parado oficial, hay casi tres personas cobrando una prestación. Es la prueba de que las listas de desempleo en las islas durante el invierno son, simplemente, una ficción contable.
  • La barrera del 100%: Provincias como Girona (115,4%), Huesca (112,9%), Huelva (107,4%) o Jaén (105,3%) muestran tasas que desafían la lógica. En estos territorios, el fin de las campañas turísticas o agrícolas genera una masa de trabajadores en inactividad que "no existen" para la estadística del paro, pero que sí suponen un coste real para el sistema de prestaciones.
Un agujero en las arcas públicas y un espejismo de estabilidad

Este modelo no es inocuo; tiene consecuencias graves en dos frentes:
  • El coste económico para el Estado: Mantener tasas de cobertura superiores al 100% supone un esfuerzo financiero inmenso. Se están destinando miles de millones de euros en prestaciones para sostener a una masa laboral que, oficialmente, "no está parada". Es un gasto estructural de desempleo camuflado, lo que dificulta una planificación económica real.
  • La incertidumbre del trabajador: Para el empleado, es una precariedad intermitente. Aunque su contrato diga "indefinido", vive pendiente de una llamada que depende de la volatilidad del mercado, mientras consume una protección por desempleo que podría necesitar en el futuro.
Propuestas para una transparencia real: ¿Cómo arreglar el dato?

Para que las estadísticas vuelvan a ser una herramienta útil y no un arma de propaganda, son necesarios cambios técnicos urgentes:

  1. Creación de una categoría de "Paro Efectivo": El SEPE debe publicar mensualmente una cifra que sume los parados registrados y los fijos discontinuos en periodo de inactividad que están cobrando prestación. Solo así conoceremos el volumen real de personas sin trabajo.
  2. Sincronización de registros con la Seguridad Social: Cruzar en tiempo real los datos de cotización con los de demandantes de empleo. Si no hay cotización activa pero hay cobro de prestación, esa persona debe computar como desempleada a efectos estadísticos, independientemente de su tipo de contrato.
  3. Transparencia por sectores: Desglosar la inactividad de los fijos discontinuos por CNAE (actividad económica) para identificar qué sectores están abusando de esta figura para cubrir puestos que deberían ser estructurales.
Conclusión

La tabla adjunta no solo muestra cifras de cobertura; muestra la pérdida de fiabilidad del dato público. Al no computar a los fijos discontinuos en periodos de inactividad como parados, se está hurtando al ciudadano una visión veraz del mercado de trabajo.

En definitiva, con este modelo estamos haciéndonos trampas al solitario. El éxito político de "bajar el paro" se basa más en un cambio de nomenclatura que en una creación real de empleo estable. Si hay más beneficiarios de prestaciones que parados, es que el sistema de medición está roto. La pregunta ya no es cuántos parados hay, sino cuántos trabajadores "inactivos" prefiere el sistema mantener ocultos bajo la etiqueta de "ocupado". Sin datos honestos, es imposible diseñar soluciones eficaces para los problemas reales de los trabajadores.

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[1] El indicador de la tasa de cobertura se calcula como: Total de beneficiarios de prestaciones por desempleo/(Paro registrado SISPE con experiencia laboral + Beneficiarios de subsidio de eventuales agrarios). Paro registrado SISPE con experiencia laboral = Total Paro registrado SISPE - Para registrado SISPE sin empleo anterior.
[2] El Paro Registrado SISPE es la estadística oficial del número de desempleados inscritos en las oficinas públicas de empleo (SEPE y servicios autonómicos) en España, gestionada a través del Sistema de información de los Servicios Públicos de Empleo (SISPE). Mide el volumen de personas desempleadas al último día de cada mes.
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Como citar esta entrada del Blog:

Vicente Esteve, "Una anomalía del mercado laboral: más perceptores de prestaciones que parados en ocho provincias", Universidad de Valencia", Blog Viaje al Fondo de las Finanzas Internacionales, 5/5/2026,

https://vicenteesteve.blogspot.com/2026/05/una-anomalia-del-mercado-laboral-mas.html

jueves, 23 de abril de 2026

Guerra en Irán y rebajas fiscales: ¿Por qué la teoría económica y los antecedentes cuestionan los 20 céntimos de descuento del Gobierno de España?

 

Ante la escalada de los precios de la energía provocada por el conflicto en Irán, el Gobierno de España aprobó el Real Decreto-ley 7/2026 (20 de marzo), que moviliza 5.000 millones de euros en ayudas y rebajas fiscales. Entre las rebajas fiscales directas se incluye la reducción del IVA, con una caída del tipo impositivo para la gasolina, gasóleo, biocarburantes, gas natural, briquetas y "pellets" del 21% al 10%. 

A esta medida se sumó una reducción del tipo impositivo del Impuesto sobre Hidrocarburos en los productos más consumidos, como son el gasóleo y la gasolina sin plomo. La rebaja será hasta el nivel mínimo permitido por la directiva europea que regula la imposición de los productos energéticos. Algo que se extenderá al fuelóleo, el GLP, el gas natural y el queroseno usado como combustible.

Si bien las bajadas de impuestos cuentan con el respaldo social, los expertos y entidades como el FMI o la OCDE suelen rechazarlas. Los motivos principales son la falta de equidad, el daño ambiental y los riesgos económicos:

1. Impacto regresivo y falta de equidad

Las rebajas fiscales no distinguen entre niveles de riqueza, lo que genera las siguientes ineficiencias:
  • Sin distinción de renta: Benefician por igual a propietarios de vehículos de lujo y de utilitarios sencillos.
  • Premio al alto consumo: Quien más gasta (usualmente rentas altas) obtiene un ahorro total mayor que las familias con menos recursos.
  • Inexistencia de foco: Es más efectivo otorgar ayudas directas a colectivos vulnerables que reducir impuestos de forma generalizada.
2. Ruptura del principio "quien contamina, paga"
  • Estas medidas chocan directamente con los objetivos de sostenibilidad y transición ecológica:
  • Estimulación del consumo: Al bajar el precio de forma artificial, se pierde el incentivo para ahorrar energía o buscar transporte limpio.
  • Retroceso climático: Subvencionar combustibles fósiles contradice los compromisos globales de descarbonización.
  • Costes ocultos: No se cubren las "externalidades", como los daños a la salud, el ruido o la contaminación urbana.
3. Inflación y distorsión del mercado
  • A nivel macroeconómico, las rebajas fiscales pueden ser contraproducentes por dos factores:
  • Presión sobre los precios: Al mantener alta la demanda, los precios de mercado no bajan, alimentando la espiral inflacionista.
  • Captura de márgenes: Existe el peligro de que las petroleras suban sus beneficios, absorbiendo la rebaja fiscal en lugar de trasladarla al ciudadano.
Expertos económicos y organismos internacionales sugieren medidas que resguarden a la población sin alterar los precios de mercado ni frenar los objetivos ambientales. Frente a las reducciones de impuestos para todos, se plantean estas vías:

1. Ayudas Directas y Segmentadas
  • Transferencias por nivel de ingresos: Entregar cantidades fijas exclusivamente a familias con recursos limitados.
  • Eficiencia del gasto: Se asegura que el apoyo llegue a quienes no cubren sus necesidades básicas, evitando subvencionar a ciudadanos con rentas altas.
  • Conciencia de consumo: Al no bajar artificialmente el precio del combustible, se mantiene el interés por el ahorro energético mientras se alivia el bolsillo del usuario.
2. Ajustes Fiscales y Bonificaciones
  • Desgravaciones en el IRPF: Implementar deducciones fiscales específicas para trabajadores de bajos ingresos que enfrentan altos costes energéticos.
  • Refuerzo de bonos sociales: Evolucionar los bonos eléctricos y térmicos para incluir ayudas de movilidad para los colectivos más vulnerables.
3. Impulso a la Movilidad Sostenible
  • Subsidios al transporte público: Priorizar la inversión en trenes y autobuses gratuitos o a bajo coste en lugar de abaratar los combustibles fósiles.
  • Optimización de redes: Mejorar rutas y frecuencias para que el transporte colectivo sea una opción viable frente al vehículo privado, disminuyendo la dependencia energética.
4. Tributación sobre Ganancias Extraordinarias
  • Impuestos a beneficios "caídos del cielo": Gravar las ganancias excepcionales de las empresas energéticas derivadas de crisis geopolíticas.
  • Financiación redistributiva: Destinar lo recaudado a sufragar ayudas para ciudadanos y sectores profesionales (como transportistas) sin generar déficit.
Durante la crisis energética de 2022 por la guerra en Ucrania, la implementación de estas medidas generó resultados diversos y un profundo análisis crítico. Esta experiencia previa es la que sustenta el escepticismo actual de muchos economistas sobre su validez.

En concreto, estas fueron los efectos encontrados en los estudios empíricos para el caso de España:

1. Impacto en Precios y Márgenes
  • Alivio inicial: La subvención de 20 céntimos logró reducir el coste en el surtidor de manera inmediata tras su aprobación.
  • Apropiación de beneficios: Informes de entidades como Esade o Funcas revelaron que las petroleras absorbieron entre el 20% y el 25% de la ayuda, impidiendo que el descuento llegara íntegramente al usuario.
  • Escalada de costes: Debido a la volatilidad internacional, el diésel subió un 32%, neutralizando la percepción de ahorro para el consumidor a pesar del esfuerzo fiscal.
2. Repercusión en la Inflación
  • Contención pasajera: Junto a la "excepción ibérica", la rebaja fiscal ayudó a que la inflación española se moderara antes que la de sus vecinos europeos en 2022.
  • Repunte posterior: Al eliminarse la bonificación general en 2023, los precios subieron de golpe, evidenciando que la medida solo ocultaba el problema de forma temporal sin atacar la raíz.
3. Análisis de Equidad Social
  • Medida regresiva: Se comprobó que las rentas altas recibieron hasta el triple de subvención que las bajas, debido a su mayor consumo de combustible y uso de vehículos potentes.
  • Gasto público ineficiente: El coste ascendió a unos 6.000 millones de euros. Los expertos sostienen que esos recursos habrían sido más útiles mediante transferencias directas a los hogares más necesitados.
Desde el punto de vista de la teoría macroeconómica es indiscutible la demanda de carburantes se considera inelástica en relación a los cambios en los precios, especialmente en el corto plazo. 

Las petroleras trasladan rápidamente a los precios de venta al público de los combustibles los incrementos de las cotizaciones del crudo y de sus derivados y, cuando estos descienden, su traslado es muy lento e incompleto.

Pero esta posible estrategia asimétrica de las petroleras se solapa a una característica microeconómica de los combustible. En concreto, los combustibles son bienes con una elasticidad precio muy baja (la demanda es inelástica o rígida), por lo que su demanda cambia muy poco cuando cambian los precios. [2]

Aunque las medidas analizadas son nacionales, el comportamiento del consumidor es universal. Para ilustrar esta rigidez de la demanda, observemos el mercado más documentado del mundo: el de EE.UU.

En el primer gráfico se puede observar la evolución temporal de las ventas de gasolina en las estaciones de servicio y del precio del petróleo de referencia en EE.UU., el West Texas Intermediate (datos mensuales).


Como se puede observar en el gráfico ambas series se mueven en la serie histórica de manera sincronizada.

En el segundo gráfico se representa la evolución de las tasas de crecimiento anual de las ventas de gasolina y de las tasas de crecimiento anual de los precios de la gasolina (datos mensuales).


La sincronía de las dos series es ahora todavía más alta, ya que las tasas de variación están en casi todo el periodo en valores muy cercanos, tanto cuando suben como cuando bajan los precios de la gasolina. Ello implica que las ventas de gasolina responden muy poco a los cambios en los precios de la gasolina. En definitiva, la demanda de gasolina en los EE.UU. es muy inelástica en relación a los cambios en los precios de la gasolina. [1]

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[1] Una estimación de la elasticidad-precio media de la demanda de gasolina en EE.UU. puede verse en el trabajo de Espey, M. (1996): "Explaining the Variation in Elasticity Estimates of Gasoline Demand in the United States: A Meta-Analysis", The Energy Journal, Vol. 17, No. 3, pp. 49-60. En el estudio se estima una elasticidad-precio media de la demanda de la gasolina a corto plazo (horizonte temporal de 1 año o menos) del -0,26, es decir, un aumento del 10% en el precio de la gasolina provoca que disminuya la cantidad demandada en un 2,6%. En el largo plazo (horizonte temporal de más de 1 año), la elasticidad-precio media de la demanda sube hasta el -0,58, es decir, un aumento del 10% del precio de la gasolina provoca que la cantidad demandada disminuya en un 5,8%.

[2] Para entender la "pérdida irrecuperable de eficiencia" y por qué los subsidios a bienes de demanda inelástica (gasolina) generan distorsiones, véase Pindyck, R. S., & Rubinfeld, D. L. (2018). Microeconomía (9ª ed.). Pearson Educación. Capítulo clave: Capítulo 9, "El análisis de los mercados competitivos".

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Referencias Bibliográficas

Black, S., Liu, A., Parry, I., & Vernon, N. (2023). IMF Fossil Fuel Subsidies Data: 2023 Update. International Monetary Fund. https://www.imf.org/en/publications/wp/issues/2023/08/22/imf-fossil-fuel-subsidies-data-2023-update-537281

Hidalgo, M., Roldán, T., & Martínez, J. (2022). ¿Cómo ha afectado el descuento de los combustibles al precio en las estaciones de servicio? EsadeEcPol - Center for Economic Policy. 

International Energy Agency. (2023). Fossil Fuels Consumption Subsidies 2022. IEA Analysis. https://www.iea.org/reports/fossil-fuels-consumption-subsidies-2022Moral, M. J. (2022). La subvención de 20 céntimos por litro de combustible a debate. Funcas, Documentos de Trabajo (Nº 232/2022). 

OECD. (2023). The OECD Energy Support Measures Tracker: Looking back to move ahead. OECD Economics Department. https://oecdecoscope.blog/2023/06/21/the-oecd-energy-support-measures-tracker-looking-back-to-move-ahead/

OECD. (2025). OECD Inventory of Support Measures for Fossil Fuels: Policy Trends up to 2025. OECD Publishing. oecd.org

Raymond, J. L. (2022). Medidas para frenar la inflación en 2022: impacto fiscal y sobre los precios. Cuadernos de Información Económica, (291), 1-10.

Roldán, T., & Martínez, J. (2023). Un repaso a las medidas de emergencia del gobierno: ¿cómo mejorarlas? EsadeEcPol - Center for Economic Policy.

World Bank. (2023). Global Landscape of Fuel Subsidies and Price Controls. World Bank Publications. https://openknowledge.worldbank.org/entities/publication/d6830ebf-f584-4734-8369-756b0593cedf

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Como citar esta entrada del Blog:

Vicente Esteve, "Guerra en Irán y rebajas fiscales: ¿Por qué la teoría económica y los antecedentes cuestionan los 20 céntimos de descuento del Gobierno de España?", Universidad de Valencia", Blog Viaje al Fondo de las Finanzas Internacionales, 23/4/2026,
https://vicenteesteve.blogspot.com/2026/04/guerra-en-iran-y-rebajas-fiscales-por.html

miércoles, 15 de abril de 2026

Vídeo de una entrevista reciente al macroeconomista Olivier Blanchard: propuesta de creación de un mercado de eurobonos "azules" para Europa

 

Olivier Blanchard es en la actualidad senior fellow en el Peterson Institute for International Economics y catedrático emérito de Economía en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), EE. UU.. Después de obtener su doctorado en economía en el MIT en 1977, enseñó en la Universidad de Harvard y regresó al MIT en 1982.

En 2008, se tomó una excedencia en el MIT para ocupar un puesto como consejero económico y director del Departamento de Investigación del Fondo Monetario Internacional, donde permaneció hasta 2015.

Blanchard ha trabajado en un amplio conjunto de cuestiones macroeconómicas, incluido el papel de la política monetaria y fiscal, las burbujas especulativas, el mercado laboral y los determinantes del desempleo, la transición económica en los antiguos países comunistas y la naturaleza de la crisis financiera mundial. 

Blanchard es autor de numerosos libros y artículos, incluidos dos libros de texto sobre macroeconomía, uno de nivel de posgrado con Stanley Fischer y el otro de nivel de pregrado. Fue editor del Quarterly Journal of Economics y del NBER Macroeconomics Annual y editor fundador de American Economic Journal: Macroeconomics. 

El Peterson Institute for International Economics (PIIE) con sede en Washington, DC, EE. UU., es una organización de investigación independiente, sin fines de lucro y no partidista, dedicada a fortalecer la prosperidad y el bienestar humano en la economía global a través de análisis expertos y soluciones políticas prácticas.

En este video se puede ver una reciente entrevista a Olivier Blanchard donde analiza la postura de Europa respecto a la propuesta de eurobonos que él y Ángel Ubide presentaron el año pasado, las perspectivas para la región y las razones por las que sigue siendo optimista sobre el futuro de Europa.

Aquí tienen también el enlace de un breve artículo donde Blanchard plantea la propuesta de creación de un mercado de eurobonos "azules" para Europa. [1]

Disfruten y practiquen el inglés americano (de un ciudadano americano de origen francés):


En el video pueden poner subtítulos en inglés.

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[1] Una crítica a la propuesta de eurobonos "azules" de Blanchard y Ubide puede verse en este artículo reciente "Why Eurobonds won't work" de Hanno Lustig (2026): 

https://thetwocents.substack.com/p/why-eurobonds-wont-work

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Como citar esta entrada del Blog:

Vicente Esteve, "Vídeo de una entrevista reciente al macroeconomista Olivier Blanchard: propuesta de creación de un mercado de eurobonos "azules" para Europa", Universidad de Valencia", Blog Viaje al Fondo de las Finanzas Internacionales, 15/4/2026,

https://vicenteesteve.blogspot.com/2026/04/video-de-una-entrevista-reciente-al.html

viernes, 3 de abril de 2026

Liderazgo en investigación de la Facultad de Economía de la UV: primera de España en Negocios, Gestión y Contabilidad y segunda en Economía según el ranking SCImago 2026

La Facultad de Economía de la Universitat de València (UV) ha reafirmado su posición como referente académico al alcanzar resultados históricos en la edición 2026 del SCImago Institutions Rankings (SIR). Este prestigioso monitor, que evalúa el impacto y la calidad de la producción científica a nivel internacional, sitúa a nuestro centro en la vanguardia de la investigación en España.

Liderazgo nacional en áreas clave

Los datos de esta última edición consolidan la trayectoria de excelencia de la Facultad en dos ámbitos fundamentales:

  • Negocios, Gestión y Contabilidad: La Facultad se posiciona como la número 1 de España, destacando por su volumen de publicaciones y el impacto de sus investigaciones en el entorno empresarial y académico. A nivel global, ocupa el puesto 112 entre más de 2.700 universidades.
  • Economía, Econometría y Finanzas: Alcanza la 2ª posición a nivel nacional, reforzando su papel como motor de conocimiento económico en el país y situándose en el puesto 164 del ranking mundial.

Ranking SCImago 2026: Mejores Universidades de España en investigación
Pos.Gestión / Contab.Econ. / Finanzas
U. València (UV)U. Barcelona
U. BarcelonaU. València (UV)
U. Autònoma BCNU. Autònoma BCN
U. GranadaU. Complutense
U. SevillaU. Granada
U. ComplutenseU. Castilla-LM
U. ZaragozaU. Sevilla
U. Carlos IIIU. Zaragoza
U. Castilla-LMU. Carlos III
10ºU. MurciaU. Murcia


Por qué los rankings de investigación importan al estudiante

La relevancia de estos indicadores trasciende el ámbito académico, convirtiéndose en un factor determinante para los futuros alumnos al elegir su centro de estudios. Optar por una facultad situada en la élite científica garantiza un entorno de aprendizaje donde el conocimiento es actualizado, riguroso y está alineado con las últimas tendencias globales.

Formarse en una institución líder en producción científica asegura, además, que el alumnado contará con docentes que no solo transmiten teoría, sino que generan activamente el saber que transformará el futuro de la economía y la gestión empresarial.

Metodología y alcance global (SIR 2026)

El ranking SCImago utiliza indicadores objetivos de rendimiento para evaluar a universidades y otras instituciones relacionadas con la investigación mediante una métrica combinada de tres dimensiones:

  1. Investigación (50%): Volumen, impacto (citas), especialización y colaboración internacional.
  2. Innovación (30%): Patentes solicitadas y citas de conocimiento en el ámbito tecnológico.
  3. Impacto Social (20%): Visibilidad web y conversación en entornos digitales.

Este hito se suma a otros reconocimientos en rankings globales, consolidando a la Facultad de Economía de la UV como un destino preferente para la formación y la investigación de alto nivel.

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Como citar esta entrada del Blog:

Vicente Esteve, "Liderazgo en investigación de la Facultad de Economía de la UV: primera de España en Negocios, Gestión y Contabilidad y segunda en Economía según el ranking SCImago 2026", Universidad de Valencia", Blog Viaje al Fondo de las Finanzas Internacionales, 3/4/2026,

https://vicenteesteve.blogspot.com/2026/04/liderazgo-en-investigacion-de-la.html