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jueves, 8 de mayo de 2014

La paradoja de los precios en EE.UU.: los bienes y servicios básicos se encarecen y los superfluos se abaratan, 2005-2014


La manera tradicional de medir el poder adquisitivo del ciudadano es a través de la variación del Índice de Precios al Consumo (IPC). El IPC es un índice (ponderado) en el que se valoran los precios de un conjunto de bienes y servicios (determinado sobre la base de la encuesta continua de presupuestos familiares o Encuesta de gastos de los hogares), que una cantidad de consumidores representativos adquiere de manera regular, y la variación con respecto del precio de cada uno en una muestra anterior. Mide los cambios en el nivel de precios de una cesta de bienes y servicios de consumo adquiridos por los hogares. Se trata de un porcentaje que puede ser positivo, en cuyo caso índica un incremento de los precios o negativo, que refleja una caída de los mismos.

Desde hace ya algunos años se ha abierto un debate entre los economistas sobre la cuestión de si el IPC refleja o no adecuadamente el poder adquisitivo del ciudadano. El ejemplo más exagerado de que no mide el coste real de la vida es el caso de EE.UU., tal y como muestran las cifras del siguiente gráfico publicado recientemente por el diario New York Times (hacer clic sobre el mismo para verlo más grande).



En el gráfico se muestra la variación en % de los precios de los principales bienes y servicios del IPC de EE.UU. entre 2005 y 2014. En estos años, los precios de estos bienes y servicios en su conjunto aumentaron un 23%, pero de una manera dual. Por una parte, el conjunto de bienes y servicios que se pueden considerar básicos o esenciales para el bienestar del ciudadano se han encarecido considerablemente (gastos en educación, guarderías, gasto en salud, reparación y mantenimiento de los coches, alimentación). Por otra parte, otro conjunto de bienes y servicios que son relativamente superfluos - en el sentido de que no satisfacen necesidades vitales como en el grupo anterior - se han abaratado considerablemente (teléfonos móviles, televisores, juguetes, coches, ropa, material informático y electrónico, productos de cuidado personal). [1]

En definitiva, una persona representativa de la clase media-baja norteamericana de 40-50 años posee un coche (aunque no lo puede reparar), un televisor, un ordenador, un móvil y una tablet, viste con ropa de baja calidad, puede tener una casa en propiedad o vivir de alquiler (aunque no puede realizar mejoras o pagar reparaciones) ....

... pero tiene diabetes (u otra enfermedad crónica o aguda) y no tiene un seguro de enfermedad, se enfrenta a una subida constante de los gastos de alimentación, tiene que trabajar a tiempo parcial (porque no puede pagar la guardería de sus hijos) y, en la mayoría de los casos, ya no puede llevar a sus hijos a la universidad (a no ser que se endeude de por vida).

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[1] Destaca el crecimiento de los gastos de educación que han aumentado entre 2005 y 2014 más del 40%.

sábado, 31 de marzo de 2012

Evolución del PIB de EE.UU. con y sin el efecto sobre el consumo privado de los préstamos con garantía hipotecaria (MEW), 1996-2006

El crecimiento desorbitado de los precios de los precios de la vivienda en los EE.UU. en el periodo 1996-2006 arrastró positivamente al consumo privado y al PIB a través de las operaciones de crédito hipotecario conocidas como mortgage equity withdrawal (MEW). [1] Los MEW fueron utilizados por los consumidores americanos para conseguir una financiación fácil y garantizada con el respaldo del valor neto de su hipoteca. [2] 

El problema es que el crecimiento imparable de los precios de la vivienda generó una burbuja inmobiliaria que terminó colapsando en 2006, provocó la crisis de las hipótecas subprime (de alto riesgo) en octubre de 2007 y, en última instancia, desató la crisis financiera de 2008.

Los fondos obtenidos con los MEW fueron destinados al gasto en consumo personal de los hogares estadounidenses en un sentido amplio: mejoras y reparaciones en la vivienda, segundas residencias, inmuebles con el objetivo de inversión, coches, vacaciones, educación universitaria de los hijos, seguros de vida, gastos médicos, cuidados a enfermos y dependientes, etc. Por este motivo, algunos economistas han calificado a los MEW como ATMs and piggy banks. [3]

Según las estimaciones de Greespan y Kennedy (2008) [4], la generalización de las operaciones MEW contribuyeron al aumento de la Propensión Marginal al Consumo y terminaron financiando el 1,7% del total del consumo de los hogares en el periodo 1991-2005. Y por subperíodos está financiación del consumo de los hogares ligada a operaciones MEW fue in crescendo : un 1,7% entre 1991 y 2005, y nada menos que un 3% entre 2001 y 2005. [5]

En el gráfico adjunto (hacer clic sobre el mismo para verlo más grande) se muestra el crecimiento del PIB en términos reales de los EE.UU. en el caso de que se incluyan o no los efectos sobre el consumo privado de la financiación extra derivada de las operaciones MEW.


Este gráfico muestra cómo gran parte del crecimiento del PIB de EE.UU. entre 1996 y 2006 se generó gracias a las operaciones MEW. Si no se hubiera utilizado estas operaciones hipotecarias para financiar el consumo privado, el crecimiento del PIB habría sido negativo en 2001 y 2002, y la etapa de crecimiento de la economía americana entre 2003 y 2006 (previa a la crisis financiera) habría sido mucho más modesta. De hecho, el impulso de las operaciones MEW supuso nada menos que el 75% del PIB del periodo 2003-2006. [6]
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[1] En español se podría traducir como préstamo/crédito sobre el patrimonio neto (equity) de la vivienda.
[2] Valor neto de la hipoteca = valor de mercado de la vivienda menos montante acumulado de hipotecas y préstamos con garantía hipotecaria.
[3] Cajeros automáticos y "bancos hucha". En última instancia, las viviendas se utilizaban para obtener liquidez inmediata, como cuando retiramos dinero de un cajero con una tarjeta o rompemos la hucha de un niño/niña.
[4] Geenspan, A. and Kennedy, J. (2007): "Sources and Uses of Equity Extracted from Homes", Finance and Economics Discussion Series 2007-20, Finance and Economics Discussion Series. Publicado en al revista Oxford Review of Economic Policy, 2008, Vol. 24, 1, pp. 120-144.
[5] 115.000 millones de dólares de media anual en el periodo 1991-2005.
[6] Véase al respecto, Ritholtz, B. (2009): Bailout Nation, Hoboken, NJ: Wiley

sábado, 3 de marzo de 2012

Un serio obstáculo para el crecimiento de la economía de EE.UU.: el estancamiento de la Renta Disponible Personal per cápita, 2007-2012

La Renta Personal Disponible (RPD) se obtiene restando a la Renta Nacional (suma de las retribuciones a todos los factores de producción nacionales) todas aquellas partidas que no pueden ser utilizadas por los individuos para gastar o ahorrar. Por tanto, a la Renta Nacional debemos restarle los impuestos directos, es decir, los impuestos directos pagados por los empresarios (impuesto sobre sociedades) y los impuestos directos pagados por los hogares (el impuesto sobre la renta de las personas físicas). Además, a la Renta Nacional hay que restarle también las cotizaciones a la seguridad social, que se considera como otro impuesto directo. Tampoco forma parte de la RPD los beneficios no distribuidos por las empresas (también llamado el Ahorro de las empresas). Por último, falta una partida adicional que afecta a la RPD que son las transferencias corrientes. Las trasferencias corrientes son un pago que realizan las Administraciones Públicas a los individuos sin recibir a cambio ningún bien o servicio. Las transferencias por tanto incrementan la Renta Disponible de los individuos. Las transferencias corrientes están constituidas fundamentalmente por el seguro de desempleo y las pensiones. Finalmente, la RPD per cápita que se obtiene dividiendo la RPD por el total de la población es un indicador clave para medir el gasto en consumo de los hogares, tanto presente como futuro y, en última instancia, constituye un motor clave para las perspectivas de crecimiento de la economía.

En el gráfico adjunto (hacer clic sobre el mismo para verlo más grande) mostramos la evolución reciente de la Renta Personal Disponible per cápita de los EE.UU. desde 2005 (año base) hasta la actualidad.


El último dato disponible publicado recientemente por el Bureau of Economic Analysis del Departamento de Comercio de los EE.UU. para enero de 2012 sitúa la RPD per cápita en términos nominales en 37560 dólares y en términos reales (el poder adquisitivo real de los hogares) en 32675 dólares (dólares constantes de 2005). Si tomamos en consideración la última década (enero 2001-enero 2012) la RPD per cápita ha crecido en términos nominales un 41,4%, mientras que en términos reales el crecimiento ha sido de un escaso 12%. 

Pero las cifras más significativas se han registrado desde el inicio de la crisis financiera internacional. En efecto, si tomamos como referencia el periodo enero 2007-enero 2012, la RPD per cápita en términos nominales ha crecido un 10,6%, mientras que en términos reales el aumento ha sido nulo, tal y como se puede observar en el gráfico. 

Al estancamiento de la RPD per cápita se ha unido en la coctelera el aumento y la persistencia del desempleo (sobre todo el de larga duración) y la pérdida de riqueza financiera de las familias por el hundimiento del sector inmobiliario. El cóctel de sabor amargo estaba servido: un estancamiento sin precedentes recientes del gasto en consumo de los hogares.

En el siguiente gráfico se muestra la evolución histórica de la tasa anual de crecimiento (en %) del gasto en consumo personal [1] en términos reales de los EE.UU. La media histórica de la variable (en rojo) excluyendo al periodo actual de crisis 2008-2011, se sitúa tanto en el conjunto de la muestra (1947-2007) como el periodo de crecimiento anterior (1993-2007) en el 3,6%. Esta cifra contrasta con la media del periodo actual de crisis 2008-2011: el gasto en consumo personal en términos reales sólo ha aumentado de media un 0,4%.


La dinámica del gasto en consumo personal de los hogares es de vital importancia para el crecimiento económico de EE.UU. Como se puede observar en el último gráfico, esta variable macroeconómica representa en la última década alrededor del 70% del PIB. Desde que comenzó su serie histórica en 1947 alcanzó un mínimo del 60,5% en el tercer trimestre de 1951 y un máximo del 71,2% en el tercer trimestre de 2009. En el último dato disponible para el cuarto trimestre de 2011, el gasto en consumo personal se ha situado nuevamente cerca del pico máximo, en un nivel del 71% del PIB.


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[1] Variable que mide el gasto de las familias en bienes (duraderos y no duraderos) y servicios en la economía americana.

lunes, 13 de junio de 2011

Las expectativas de los hogares de EE.UU. sobre sus ingresos futuros continúan bajo mínimos históricos

La economía de EE.UU. continúa mostrando signos negativos de estancamiento a pesar de haber abandonado técnicamente el periodo de recesión. En esta entrada del Blog nos ocupamos de una pregunta clave en relación a las expectativas de los hogares sobre sus ingresos futuros y que es utilizada por los analistas como un indicador adelantado del ciclo económico de la economía norteamericana.

El Survey Reseach Center del Institute for Social Research de la Universidad de Michigan (EE.UU.) elabora desde 1978 (y publica desde 2007 junto a Thomson Reuters) la Surveys of Consumers Attitudes (Encuestas sobre las Actitudes de los Consumidores), encuesta que trata de medir las expectativas de los consumidores en relación a sus ingresos, gastos, capacidad de ahorro, tipos de interés e inflación.

Los tres índices elaborados a través de las respuestas que las familias dan a la encuesta son: i) el Index of Consumer Expectations (ICE), que además es uno de los componentes oficiales del Index of Leading Economic Indicators elaborado por el Departamento de Comercio de los EE.UU.; ii) el Index of Consumer Sentiment (ICS); y iii) el Index of Current Economic Conditions (ICC).

En la encuesta hay una pregunta en la que el encuestado debe contestar sobre sus expectativas de cambios en sus ingresos futuros. En concreto, la cuestión es la siguiente: ¿Durante los próximos 12 meses usted espera que sus ingresos (familiares) serán más altos o más bajos que el año pasado (cambio en %)?

En el gráfico primer adjunto (hacer clic sobre el mismo para verlo más grande) se presenta la evolución de la respuesta a esta pregunta desde el año 2000 hasta abril de 2011.

Source: University of Michigan, Survey of Consumers


La media de los cambios esperados en las rentas familiares (en términos nominales) desde el año 2000 y hasta el inicio de la Gran Recesión de 2008 se situaba en el +2,4%. Pero desde comienzo de 2009 y hasta la actualidad el pesimismo de las familias americanos sobre la evolución de sus ingresos futuros para los próximos 12 meses es alarmante y está anclado, ya que fluctúa alrededor de un mínimo histórico del +0,2% (si tomamos como referencia 1978 - año de inicio de la encuesta-, tal y como muestra el segundo gráfico).

Source: University of Michigan, Survey of Consumers
Note: Shaded bars indicate recessions















viernes, 10 de abril de 2009

¿Estimula el consumo de las familias las rebajas impositivas? Me temo que no

Unos de los pilares del El Plan Español para el Estímulo de la Economía y el Empleo (El Plan E) para hacer frente a la actual crisis económica es la articulación de una serie de medidas fiscales (impulso fiscal) que suponen un apoyo directo para las familias, permitiéndoles disponer de una mayor renta disponible para afrontar la actual situación económica de dificultad. Dentro de las mismas, la medida estrella es la rebaja fiscal de 400 euros del IRPF, vigente -por el momento-para los años 2008 y 2009. Dejando a un lado las posibles chapuzas y errores de la Agencia Estatal de la Administración Tributaria en su implantación, el objetivo de esta entrada es tratar de dar alguna respuesta a la pregunta de si esta sustancial rebaja impositiva va a tener efectos significativos sobre el consumo de la familias. La respuesta -cómo ocurre casi siempre en Economía- es que depende.
El Real Decreto-ley 2/2008, de 21 de abril, de medidas de impulso a la actividad económica, estableció esta nueva deducción de la cuota líquida del IRPF, con efectos desde el 1 de enero de 2008, cuya cuantía es de hasta 400 euros anuales y que podía ser aplicada por los contribuyentes que obtengan rendimientos del trabajo o de actividades económicas en las condiciones previstas en la norma. La medida fue desarrollada mediante el Real Decreto 861/2008, de 23 de mayo, norma en la que se establece el mecanismo para que los efectos económicos de la nueva deducción se anticipe a este año sin tener que esperar a la presentación de la declaración del IRPF del ejercicio 2008, que se realizará en el 2009. En total, 16.500.000 de contribuyentes se beneficiarán de la medida: 15.500.000 de trabajadores por cuenta ajena y pensionistas, y 850.000 autónomos. Además, con la nueva deducción, 1.300.000 asalariados y pensionistas dejarían de estar obligados a presentar la declaración del IRPF, y en cuanto a los autónomos, serán 85.000 en total los que también quedarán exentos del impuesto. Según el Gobierno, está medida supuso en 2008 una inyección de 5.000 millones de euros a las familias.
Está medida se mantiene en el año 2009 mediante la disminución de la retención en el IRPF en 33,33 euros al mes, durante los 12 meses, y según estimaciones del Gobierno supondrá una nueva inyección aproximada de 6.000 millones de euros para las familias. En total 11.ooo millones de euros.
¿Pero qué efectos reales sobre el consumo privado puede tener está sustancial rebaja impositiva sobre las familias? El propio Banco de España en su Boletín Económico de abril de 2008 se mostraba escéptico sobre tal medida, ya que en su opinión su posible estímulo sobre el consumo de los hogares podría verse aminorado por el hecho de que, en las circunstancias actuales, la proporción del incremento de la renta disponible que se desvíe hacia el ahorro puede ser mayor de lo habitual.
En el momento de redactar esta entrada no conocemos ningún estudio "riguroso" que mida el posible efecto sobre el consumo privado de los familias españolas de la rebaja impositiva de 400 euros aplicada en los años 2008 y 2009. No obstante, si que podemos "anticipar" sus posibles efectos utilizando los resultados de un estudio reciente, en el que se evalúa una rebaja impositiva muy similar que fue introducida en el año 2008 por la Administración Bush.
En concreto, este estudio realizado por Matthew Shapiro y Joel Slemrod, ambos de la Universidad de Michigan, ha sido publicado por el NBER en un reciente documento de trabajo ("Did the 2008 Tax Rebates Stimulate Spending?"). En su trabajo, Shapiro y Slemrod analizan las respuestas obtenidas en la Encuesta del Consumo de la Universidad de Michigan (febrero-junio de 2008) a varias cuestiones relacionadas con la rebaja impositiva del Gobierno Federal.
En primer lugar, en la cuestión central se le preguntaba al cabeza de familia si -en base a la situación financiera del hogar para el año 2008- pensaba dedicar la rebaja fiscal del Gobierno Federal principalmente para aumentar el gasto, aumentar el ahorro o reducir la deuda. Del total de familias encuestadas (véase Tabla 1) tan sólo un 20% dijo que las rebajas fiscales de 2008 las iba a dedicar a aumentar el gasto, casi el 32% las dedicarían a aumentar el ahorro, mientras que la mayoría de los encuestados dijeron que las utilizarían para pagar la deuda (48%). En base a sus estudios previos, Shapiro y Slemrod preven que este porcentaje de gasto de las encuestas implican que la propensión marginal a gastar de la bonificación sería tan sólo de una tercera parte del montante de la devolución fiscal .
En segundo lugar, resulta interesante analizar la respuesta por grupos de edad (véase Tabla 2). De las cifras del cuadro se desprende que existe una evidente y creciente relación entre la edad y el gasto, lo cual es compatible con lo que predice la teoría del ciclo vital ante aumentos temporales de renta.
Por último, la tasa de gasto no está muy relacionada con el nivel de ingresos de las familias (véase Tabla 3). De hecho, la estimación puntual de la tasa de gasto para el grupo de más bajos ingresos es inferior a la media. Además, el estudio muestra que las personas de bajos ingresos utilizan el efectivo para pagar su deuda. En concreto, de las familias que ganan menos de 20.000 dólares, el 58 % tenía previsto utilizar la rebaja fiscal para pagar su deuda. En contraste, el 40 % de aquellos hogares con ingresos superiores a 75.000 dólares tenían previsto dedicar la devolución fiscal para pagar su deuda.
Si los resultados de este estudio se trasladan a los posibles efectos en la economía española de la rebaja impositiva de los 400 euros para los años 2008 y 2009, ello implicaría que los efectos sobre el consumo privado (y sobre la recuperación económica) podrían ser más pequeños de los que el Gobierno había anunciado. Por un lado, la mayoría de las familias españolas utilizarían la inyección de liquidez para aumentar el ahorro y para reducir la deuda. Por otro lado, no esta claro que las familias de ingresos bajos vayan a utilizar estos ingresos adicionales para aumentar sus niveles de gasto. En definitiva, parte del alcance del impulso fiscal quedaría en entredicho.

domingo, 11 de enero de 2009

Radiografía del gasto total de las familias en España



La Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF) iniciada en enero de 2006 por el Instituto Nacional de Estadística (INE), sustituye a la Encuesta Continua de Presupuestos Familiares (ECPF) base 1997, que con periodicidad trimestral se realizó desde 1997 hasta 2005. La nueva encuesta suministra información anual sobre la naturaleza y destino de los gastos de consumo, así como sobre diversas características relativas a las condiciones de vida de los hogares. El INE ha publicado recientemente los datos relativos al año 2007, cuyo resumen se muestra en el cuadro adjunto. En el primer cuadro se muestran las cifras del gasto medio por hogar y su distribución porcentual por grupos de gasto. Cada hogar español dedicó, en media, 32.000 euros a gastos de consumo en el año 2007, con un aumento del 4,7% en términos nominales y del 1,7% en términos reales (una vez descontado el efecto de la inflación). Destacar que por grupos de gasto las familias españolas dedican la cuarta parte de su presupuesto de su consumo (25,6%) a gastos relacionados con la vivienda (alquileres reales o imputados a los propietarios de vivienda sin hipoteca, gas, electricidad, agua, y reparaciones fundamentalmente), el 14,4% al transporte y el 14,2% a la compra de alimentos y bebidas no alcohólicas destinadas al consumo en el hogar. En relación al 25,6% de gasto que se dedica a la vivienda hay que matizar que está cifra está realmente "sesgada" a la baja, ya que a este gasto habría que añadir la parte que muchas familias españolas dedican al pago de la hipoteca. La razón está en que los pagos por hipotecas se consideran inversión en vivienda y, por tanto, no se incluyen en la encuesta como consumo.
El segundo cuadro recoge las cifras del gasto total y medio por persona según la comunidad autónoma de residencia. Debido a que el tamaño de la población de cada región distorsiona las cifras del consumo en cada región, el análisis comparativo se debe realizar utilizando el gasto medio por persona.
Destacan las regiones de Madrid, Navarra, País Vasco y Baleares, con un 15,4%, 14,3%, 14,1% y 13,3% de consumo superior a la media nacional, mientras que en el extremo opuesto negativo se sitúan las comunidades de Extremadura, Castilla-La Mancha, Andalucía y Canarias, con un 21,1%, 14,5%, 11,0% y 10,9% de consumo medio inferior a la media nacional.