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miércoles, 10 de diciembre de 2025

El Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) ha publicado un estudio que indica que la IA podría reemplazar uno de cada ocho empleos en EE. UU.

 

Un estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y el Laboratorio Nacional Oak Ridge basado  en el Índice Iceberg revela el impacto real e inminente de la Inteligencia Artificial (IA) en el mercado laboral estadounidense.

Este índice mapea un total de 32.000 habilidades en 923 ocupaciones laborales dentro de los EE. UU., correlacionándolas directamente con las capacidades funcionales actuales de la IA. A diferencia de las métricas tradicionales que solo consideran la pérdida neta de empleos, este estudio adopta una metodología innovadora al dividir los puestos de trabajo en "minutos", permitiendo cuantificar con precisión el porcentaje de tiempo que puede ser automatizado en un rol determinado.

Los hallazgos del MIT son reveladores: mientras que la pérdida de empleo mensual directamente atribuible a la IA se mantiene en el 2,2 %, el análisis más granular revela que seis veces esa cantidad —es decir, el 11,7 % de todos los minutos de trabajo— podrían ser reemplazados por la IA con la tecnología disponible hoy en día, tal y como muestra el siguiente gra. Este potencial de sustitución representa una magnitud económica considerable, estimada en 1,2 billones de dólares en salarios.


¿Cuáles son los sectores productivos más afectados?

La investigación identifica también sectores clave que se verán más afectados. Los empleos más vulnerables se concentran en informática, finanzas y administración de servicios de salud. Adicionalmente, los servicios profesionales, que abarcan áreas como contabilidad, recursos humanos (HR), centros de llamadas y entrada de datos, están altamente expuestos, tal y como se puede ver en el siguiente gráfico. En conjunto, estas categorías representan casi 1 de cada 4 empleos en EE. UU. y constituyen cerca de la mitad de los empleos de "cuello blanco".

Además, el estudio introduce una nota de cautela. Si bien el 12 % de los minutos son reemplazables, esto no implica una sustitución inmediata de los empleos. La plena integración de la IA requiere que las empresas inviertan en la reestructuración de los flujos de trabajo y adapten las habilidades del personal. Además, el persistente problema de las "alucinaciones" en la IA —la generación de información errónea— supone un riesgo que limita su despliegue en contextos donde está en juego dinero o reputación real. Por lo tanto, el impacto total y el ritmo de la transformación laboral siguen siendo inciertos. [1]

¿Cuál es el papel estratégico de la Formación Profesional (FP)?

En este contexto de automatización, las profesiones provenientes de la FP adquieren una relevancia estratégica y dual. Por un lado, aquellas tareas manuales y repetitivas dentro de la FP podrían ser susceptibles de automatización a través de la robótica avanzada y la IA, afectando a la ejecución pura de habilidades técnicas rutinarias.

Por otro lado, la FP es fundamental para crear, mantener, supervisar y reparar la infraestructura física y tecnológica que la propia IA necesita para operar (servidores, redes, maquinaria industrial, sistemas de automatización, etc.). Esto posiciona a los titulados de FP en áreas como mantenimiento industrial, mecatrónica, ciberseguridad, y desarrollo de aplicaciones específicas, como profesionales esenciales cuyo trabajo es complementario a la IA, no totalmente sustituible. El futuro de la FP radica en formar técnicos con la capacidad de diagnóstico de fallos, adaptación a nuevas tecnologías y gestión de sistemas automatizados complejos.

Además, los jovenes pueden considerar otros trabajos que sean menos vulnerables a la IA, como oficios especializados, como construcción, fontanería, electricista o soldador, medicina, enfermería y fisioterapia, u otros servicios, desde entrenador personal, cuidado de niños o de ancianos, creador de contenido, y oficios relacionados con la restauración, entre otros.

¿Qué implicaciones tiene el estudio para el sistema educativo y los jóvenes?

De manera fundamental, estos hallazgos subrayan la necesidad de una reforma educativa urgente para preparar a las futuras generaciones ante el panorama laboral transformado por la IA. El sistema educativo debe migrar del enfoque en la memorización de datos y el desarrollo de habilidades fácilmente automatizables a la enseñanza de habilidades cognitivas de orden superior.

Esto incluye:

  • Pensamiento crítico y creatividad.
  • Resolución de problemas complejos.
  • Inteligencia emocional.

Además, la alfabetización digital y en IA se vuelve esencial, no solo para manejar las nuevas herramientas, sino también para comprender sus limitaciones y sus sesgos (como el problema de las "alucinaciones" mencionado), asegurando que los jóvenes puedan interactuar con la tecnología de manera efectiva y ética en sus futuros roles profesionales.

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[1] "Alucinaciones" en IA: en el ámbito de los Modelos de Lenguaje Grandes (LLMs) como los que generan texto, una alucinación ocurre cuando el modelo genera información que parece plausible y convincente, pero que es incorrecta, inventada o que no está respaldada por los datos de entrenamiento o las fuentes consultadas. Naturaleza del problema: los LLMs están diseñados para predecir la secuencia de palabras más probable. Cuando fallan, pueden crear "hechos" completamente nuevos que no son verdaderos, lo que se conoce como alucinación o confabulación de la IA. Relevancia: este problema es especialmente crítico en contextos donde la precisión es vital, como las finanzas, la medicina o la reputación profesional, ya que el modelo está "jugando" con información real o crítica.

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Como citar esta entrada del Blog:

Vicente Esteve, "El Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) ha publicado un estudio que indica que la IA podría reemplazar uno de cada ocho empleos en EE. UU.", Universidad de Valencia", Blog Viaje al Fondo de las Finanzas Internacionales, 10/12/2025,

https://vicenteesteve.blogspot.com/2025/12/el-instituto-tecnologico-de.html

miércoles, 7 de mayo de 2025

El impacto macroeconómico de las nuevas políticas comerciales proteccionistas de EE. UU.

Olivier Blanchard y Lawrence H. Summers, dos de los más afamados macroeconomistas del mundo, mantuvieron el 17 de abril de este año un interesante debate sobre las implicaciones para EE. UU. y la economía internacional de la nueva estrategia económica de la administración Trump. Analizan cómo estas nuevas medidas comerciales proteccionistas transformarán la economía global, con efectos potencialmente duraderos en el papel y la cotización del dólar, la inflación, la política monetaria, la estabilidad financiera y las tendencias del crecimiento económico a largo plazo. 

Olivier Blanchard es en la actualidad investigador principal del Instituto Peterson de Economía Internacional y catedrático emérito de Economía Robert M. Solow en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Ciudadano francés, Blanchard ha desarrollado la mayor parte de su vida profesional en EE. UU. Tras doctorarse en economía en el MIT en 1977, impartió clases en la Universidad de Harvard y regresó al MIT en 1982. Fue director del Departamento de Economía del MIT entre 1998 y 2003. En 2008, se incorporó como asesor económico y director del Departamento de Investigación del Fondo Monetario Internacional, puesto que ocupó hasta 2015. Posteriormente, se afilió al Instituto Peterson de Economía Internacional.

Blanchard ha trabajado en una amplia gama de temas macroeconómicos, incluyendo el papel de la política monetaria y fiscal, las burbujas especulativas, el mercado laboral y los determinantes del desempleo, la transición económica en los antiguos países del Este de Europa y el origen de la crisis financiera mundial. 

Blanchard es autor de numerosos libros y artículos, incluyendo dos libros de texto sobre macroeconomía, uno de posgrado con Stanley Fischer y otro de grado. Fue editor del Quarterly Journal of Economics y del NBER Macroeconomics Annual , y editor fundador de American Economic Journal: Macroeconomics. Es miembro y exmiembro del Consejo de la Econometric Society, expresidente de la American Economic Association y miembro de la American Academy of Arts and Sciences.

Lawrence H. Summers es en la actualidad presidente emérito de la Universidad de Harvard. Durante las últimas tres décadas, ha ocupado diversos cargos políticos de alto nivel en Washington, D. C., incluyendo el de 71.º Secretario del Tesoro durante la presidencia de Clinton, director del Consejo Económico Nacional durante la presidencia de Obama y vicepresidente de Economía del Desarrollo y economista jefe del Banco Mundial.

Obtuvo una licenciatura en Ciencias del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en 1975 y obtuvo un doctorado en Harvard en 1982.

En la actualidad es catedrático Charles W. Eliot en la Universidad de Harvard y director Weil del Centro Mossavar-Rahmani para Negocios y Gobierno de la Escuela Kennedy de Harvard.

En el siguiente video pueden seguir las opiniones de ambas economistas en relación al impacto macroeconómico de las nuevas políticas comerciales proteccionistas de EE. UU.. Pueden activar los subtítulos en inglés para seguir con más facilidad el debate:

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Como citar esta entrada del Blog:

Vicente Esteve, "El impacto macroeconómico de las nuevas políticas comerciales proteccionistas de EE. UU.", Universidad de Valencia", Blog Viaje al Fondo de las Finanzas Internacionales, 6/5/2025

https://vicenteesteve.blogspot.com/2025/05/el-impacto-macroeconomico-de-las-nuevas.html

jueves, 5 de septiembre de 2024

¿Cuáles son los principales activos financieros en los que invierten los estadounidenses?, 1953-2024


Dos de los mayores activos financieros en los que materializa su ahorro los hogares estadounidenses son los fondos de pensiones (pension entitlements) y las acciones (directamente de empresas corporativas y en otras participaciones a través de fondos de inversión, mutual funds).

Los fondos de pensiones más comunes en los que participan los trabajadores estadounidenses son las cuentas de jubilación individuales (IRA) y los planes 401(k)

La principal diferencia entre los 401(k) y las cuentas IRA es que los 401(k) se ofrecen a través de los empresas, mientras que las IRA las suscriben las personas a través de un intermediario financiero o un banco. Las IRA suelen ofrecer más opciones de inversión, pero los 401(k) permiten contribuciones anuales más altas.

Una IRA es una Cuenta Individual de Retiro (también conocida como Beneficio Individual de Retiro). Las contribuciones son desgravables, y los intereses, dividendos y crecimiento de plusvalías cada año no tributan.  Además, a lo largo del tiempo la IRA puede ser traspasada a herederos.

Una cuenta 401(k) es un plan de ahorro para la jubilación de los trabajadores patrocinado por el empleador. Las empresas y los trabajadores contribuyen al plan. Permite a los trabajadores ahorrar e invertir una porción de su nómina antes de que se descuenten los impuestos. Los impuestos no son pagados hasta que el dinero sea retirado de la cuenta. El nombre 401(k) hace referencia a la sección del Código Tributario Estadounidense que permite el aplazamiento de impuestos por un Plan de Retiro. Una cuenta 401(k) es una cuenta ofrecida por la empresa en donde el trabajador contribuye antes de pagar impuestos. No se tiene que pagar impuestos con el dinero que se va acumulando en un 401(k) hasta que el trabajador pasa a la jubilación.

En el gráfico adjunto (hacer clic sobre el mismo para verlo más grande) mostramos la evolución de las participaciones en fondos de pensiones (incluidas las tenencias de IRA y 401(k)) y las tenencias en acciones (corporativas y a través de fondos de inversión) de los hogares estadounidenses en el periodo 1953-2024 (último dato primer trimestre de 2024). Las cifras están expresadas en porcentaje del patrimonio neto de los hogares.


Fuente: Board of Governors of the Federal Reserve System. Financial Accounts of the United States - Z.1

De las cifras mostradas en el gráfico se pueden distinguir tres periodos.

En primer lugar, en las décadas de 1950 y 1960, las tenencias de acciones superaron a los fondos de pensiones. 

En segundo lugar, en la década de 1970, esta relación se invirtió y las tenencias de acciones se mantuvieron de manera permanente por debajo de los fondos de pensiones durante la mayor parte de este periodo. 

Por último, en la década de 1990, las tenencias de acciones comenzaron a aumentar de manera constante y han superado a los fondos de pensiones desde 2018.

Esta tendencia puede estar relacionada con el aumento de los fondos de inversión y la disminución de las comisiones por operaciones, lo que reduciría los costes de transacción de la tenencia de acciones. Más recientemente, la tecnología financiera, como las plataformas de operaciones electrónicas que utilizan aplicaciones, han propiciado que sea aún más fácil para los hogares participar en el mercado de valores, lo que probablemente también haya contribuido al aumento de las tenencias de acciones en lugar de los fondos pensiones como activo financiero preferido de los hogares estadounidenses. La extraordinaria evolución del mercado de valores de EE. UU. ha hecho el resto.

En el primer cuatrimestre de 2024 las acciones y los fondos de pensiones representaban el 28,5% y el 19,8% del patrimonio neto de los estadounidenses, respectivamente.

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Como citar esta entrada del Blog:

Vicente Esteve, "¿Cuáles son los principales activos financieros en los que invierten los estadounidenses?, 1953-2024", Universidad de Valencia", Blog Viaje al Fondo de las Finanzas Internacionales, 5/9/2024,

https://vicenteesteve.blogspot.com/2024/09/cuales-son-los-principales-activos.html

miércoles, 7 de agosto de 2024

La divergencia entre el crecimiento de la productividad del trabajo y del crecimiento de los salarios reales en EE. UU., 1947-2024

En esta entrada del Blog mostramos un hecho estilizado para la economía de EE. UU. que podría ser sorprendente: desde la década de 1970 los trabajadores estadounidenses sólo se beneficiaron parcialmente de los aumentos de su productividad, mientras que entre 1947 y 1969 el beneficio fue completo.

Vamos a definir primero las dos variables clave objeto de estudio, la productividad del trabajo y los salarios reales:

  • La productividad laboral por hora trabajada se calcula como la ratio entre la producción total de la economía (el PIB real) y el número total de horas trabajadas en la economía.
  • El salario real por hora trabajada se calcula en dos etapas: a) en primer lugar, la remuneración total pagada a los empleados no agrícolas se divide por el número total de horas trabajadas; b) y luego el resultado se divide por el índice de precios al consumidor (IPC). De este modo, la variable se aproximaría al "poder adquisitivo" de una hora de trabajo.

En el siguiente gráfico (hacer clic para verlo más grande) se muestra la evolución de la productividad laboral por hora trabajada (línea roja) y el salario real por hora trabajada (línea azul) en EE. UU. para el periodo 1947-2024 (número índice 1970 = 100), tal y como hemos definido las variables más arriba.

El gráfico muestra un patrón no deseado: desde principios de la década de 1970, ha habido una aparente desconexión entre la productividad del trabajo por hora trabajada y el salario real por hora trabajada. En concreto, la diferencia de crecimiento acumulada desde 1970 era de nada menos que del 78,6% a finales del primer cuatrimestre de 2024.

Algunos economistas piensan que la utilización del IPC podría estar sobreestimando esta divergencia de crecimiento entre productividad del trabajo por hora trabajada y el salario real por hora trabajada. Para tratar de corregir este sesgo vamos a utilizar otros dos índices de precios para deflactar la remuneración nominal por hora trabajada: el deflactor del PIB y el índice de precios al productor.

En el siguiente gráfico añadimos al anterior la evolución del salario real por hora trabajada pero deflactado por el deflactor del PIB (línea verde) y del salario real por hora trabajada pero deflactando por el índice de precios al productor (línea morada).

La línea original del salario real por hora trabajada que utilizamos en primer lugar aproxima el poder adquisitivo de los trabajadores, ya que está deflactada por el IPC, un índice de precios que recoge una cesta típica de bienes y servicios que compraría un hogar americano. En cambio, las dos nuevas líneas analizan esta variable desde el lado del empleador: a) cuánto se les paga a los trabajadores por hora en comparación con el valor de todos los bienes y servios producidos en la economía (deflactor del PIB); y (b) cuanto se le paga a los trabajadores por hora en comparación con los precios que las empresas obtienen por sus productos. 

Resaltar que estas dos nuevas aproximaciones del salario real por hora trabajada están mucho más cerca de la línea de productividad que nuestro pirmer indicador de salario real, lo que indica que la elección de precios importa para medir en que medida los trabajadores se benefician de los aumentos de la productividad. Con más detalle, la diferencia del crecimiento acumulado entre la productividad por hora trabajada y las dos nuevas medidas del salario real por hora trabajada entre 1970 y finales del primer cuatrimestre de 2024 es menor, aunque positiva: un 36,9% con el salario real por hora trabajada medido por el deflactor del PIB, y un 51,8% con el salario real por hora trabajada  medido con el índice de precios del productor.

En síntesis, sea cual sea el índice de precios utilizado hemos mostrado como desde 1970 los trabajadores estadounidenses se beneficiaron parcialmente con sus salarios reales por hora trabajada de los crecimientos de productividad por hora trabajada, aunque el índice de precios con el que se deflacta el salario real importa.

No obstante, hemos utilizado medias de la economía para medir el salario real por hora trabajada y la productividad por hora trabajada, pero el hecho estilizado puede no haber ocurrido en la misma medida en todos los sectores de la economía norteamericana. De hecho, en las últimas décadas se ha registrado  un alto crecimiento de la productividad en algunos sectores, como las finanzas y los sectores de la información, que no fue acompañado por una remuneración laboral, a pesar de aumentos considerables. Y por el contrario, no hubo desconexión alguna en otras industrias.

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Como citar esta entrada del Blog:

Vicente Esteve, "Escala de remuneraciones (salarios y pensiones) en España en 2022", Universidad de Valencia", Blog Viaje al Fondo de las Finanzas Internacionales, 7/8/2024,

https://vicenteesteve.blogspot.com/2024/08/la-divergencia-entre-el-crecimiento-de.html

martes, 11 de junio de 2024

Evolución de los beneficios y los costes de producción de las empresas no financieras manufactureras de EE.UU., 2017-2024


La aceleración de la tasa de inflación desde la recuperación económica después de la finalización de la pandemia de COVID-19, intensificada posteriormente por la guerra de Ucrania, han suscitado un amplio debate sobre sus causas, sus consecuencias y las correspondientes respuestas de las políticas económicas.

El reciente episodio inflacionario ha estado precedido y acompañado por tensiones en las cadenas de suministro globales, el encarecimiento del transporte nacional e internacional y de los canales de la distribución, la subida de los precios de la energía y de los alimentos, todos ellos inputs productivos (en muchos casos importados) y de uso generalizado en todos los sectores productivos. 

Por un lado, una de las cuestiones más polémicas se centra en si la traslación de los incrementos de los costes a precios de venta (pass-through, en la terminología inglesa) ha realizado de forma parcial o incompleta (las empresas no trasladan íntegramente el aumento de costes y reducen en alguna medida los márgenes empresariales), o se ha realizado de forma completa (incrementando precios de venta y márgenes empresariales). 

Adicionalmente, el debate también se ha dirigido a una segunda cuestión: si el grado la de traslación de incremento de los costes a incremento de precios de venta depende de la competencia en los mercados donde se integra la empresa. Las empresas podrían estar aumentando los precios debido a los mayores costes de los inputs (los costes de producir sus bienes o servicios), o porque esperan futuros aumentos de costes, o porque tienen un poder de mercado que les permite aumentar los precios sin sufrir una pérdida de demanda.

Por otro lado, después de meses de preocuparse sobre si el aumento de los salarios de los trabajadores mantendría la inflación incómodamente alta, tanto la Reserva Federal de EE.UU. como el Banco Central Europeo tienen otra preocupación: las elevadas ganancias de las empresas de sus respectivas áreas geográficas. De este modo, las empresas que elevan sus precios más allá de lo necesario para absorber costes más altos podrían estar alimentando una inflación que los bancos centrales están combatiendo con tasas de interés más altas. En definitiva, los bancos centrales que estuvieron preocupados en primera instancia por la tendencia de los salarios más altos a incitar a las empresas a aumentar sus precios, generando una "espiral salario-precio", también deberían estar alerta a los riesgos de la llamada "espiral beneficios-precio".

En esta entrada del Blog nos ocupamos del caso de EE.UU.  En el gráfico mostramos la evolución de índice de precios al productor de la industria manufacturera (línea roja, número índice diciembre 1984 = 100, escala derecha) y de los beneficios empresariales antes de impuestos y netos de las depreciaciones y del ajuste de existencias de las empresas no financieras (línea azul, billones de dólares, escala izquierda) de EE.UU. para el periodo 2017-2024 (último dato primer trimestre de 2024). [1] [2]

De los datos del gráfico se desprende que los beneficios empresariales ha aumentando rápidamente a pesar del aumento de los costes de producción de las empresas en dos subperiodos. En primer lugar, los beneficios empresariales antes de impuestos aumentaron un 89,6% entre el  trimestre de 2020 y el segundo trimestre de 2022. Durante el mismo período, la variación del índice de precios al productor (IPP) en el sector manufacturero aumentó tan sólo un 35,94%. En segundo lugar, durante el subperiodo que abarca desde el segundo trimestre de 2023 al primer trimestre de 2024 la brecha se hace mucho mayor: mientras los beneficios crecen un 11,49% los precios industriales prácticamente no varían (un +0,20%).

En conclusión, las empresas manufactureras norteamericanas parecen haber traspasado en gran medida los costes intermedios a los consumidores de sus productos finales para obtener ganancias récord y grandes márgenes de ganancia. La "espiral beneficios-precio" se podría haber instalado en la economía de EE.UU. Pero el "coste" para las empresas norteamericanas de esta espiral vendría de los altos tipos de interés que mantiene la Reserva Federal, transmitidos a los altos costes de los prestamos bancarios a las empresas.

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[1] Capital consumption adjustment (CCAdj): depreciación del capital o consumo de capital fijo. Inventory valuation adjustment (IVA): valoración de inventarios o existencias.
[2] 1 billón americano son 1000 millones europeos.

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Como citar esta entrada del Blog:

Vicente Esteve, "Evolución de los beneficios y los costes de producción de las empresas no financieras manufactureras de EE.UU., 2017-2024", Universidad de Valencia, Blog Viaje al Fondo de las Finanzas Internacionales, 11/4/2024,

https://vicenteesteve.blogspot.com/2024/06/evolucion-de-los-beneficios-y-los.html

viernes, 31 de mayo de 2024

Tipos de interés reales y expectativas de inflación en diferentes horizontes temporales para EE.UU., 2003-2023


Entrada elaborada conjuntamente con María A. Prats de la Universidad de Murcia

En su última reunión del 30 abril y 1 de mayo de 2024, la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) decidió mantener los tipos de interés en la horquilla comprendida entre el 5,25%-5,5% por sexta reunión consecutiva. La decisión, que se ha situado en línea con las expectativas de los mercados, sitúa el precio del dinero en máximos de 23 años, niveles en los que se mantiene desde julio de 2023.

El Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés) señaló la falta de progresos adicionales para volver a situar la inflación en el objetivo del 2% fijado por el banco central, que se ha comprometido firmemente a devolver la inflación a estos niveles. El Comité no espera que sea apropiado reducir el rango objetivo de los tipos de interés hasta que haya adquirido una mayor confianza en que la inflación se está moviendo de forma sostenible hacia el objetivo de medio plazo del 2%.

Los participantes en la reunión ratificaron que si bien la inflación había disminuido durante el año pasado, en los últimos meses había faltado un mayor progreso hacia el objetivo del 2% del Comité. Los datos mensuales recientes mostraron aumentos significativos en algunos componentes de la inflación de los precios de bienes y servicios. En particular, la inflación de los servicios básicos, excluida la vivienda, había aumentado en el primer trimestre en comparación con el cuarto trimestre del año pasado, y los precios de los bienes básicos registraron su primer aumento trimestral en varios meses. Además, la inflación de los servicios de vivienda se había desacelerado menos de lo previsto sobre la base de los menores aumentos en las medidas de los alquileres de mercado durante el año pasado. También seguían preocupados de que la elevada inflación siguiera perjudicando el poder adquisitivo de los hogares, especialmente aquellos menos capaces de afrontar los mayores precios de productos básicos como alimentos, vivienda y transporte.

¿Qué indicador de precios utiliza la Fed para medir la inflación?

El Índice de Precios del Gasto en Consumo Personal (PCE por sus siglas en inglés, Personal Consumption Expenditures) subyacente, que excluye los precios volátiles de los alimentos y la energía, es la medida de inflación preferida por la Fed. Este índice de precios es elaborada por la Oficina de Análisis Económicos (BEA por sus siglas en inglés, Bureau of Economic Analysis).

En el Gráfico 1 se presenta su evolución reciente para el periodo primer trimestre de 2008 a primer trimestre de 2024.
Gráfico 1

El último informe de la BEA recogía que el PCE subyacente se disparó entre enero y marzo de 2024 a un 3,6% de tasa interanual frente al 2% de los dos últimos trimestres de 2024. La preocupación de la Fed estaría justificada.

¿Cómo podemos aproximar las expectativas de inflación de los mercados financieros a los que la Fed hace referencia en su última reunión?

Los bancos centrales para el seguimiento de las expectativas de inflación a largo plazo dentro de su estrategia global de política monetaria utilizan cuatro instrumentos complementarios: a) los bonos de deuda pública indiciados (o indexados) a la inflación; b) las encuestas de expectativas inflacionarias; c) la estimación de modelos econométricos; d) los swaps de inflación.

En primer lugar, la emisión de bonos indiciados a la inflación (o protegidos contra la inflación) ha experimentado un fuerte crecimiento en los principales mercados de deuda pública internacionales. Los bonos indexados más populares son los emitidos por el Tesoro de los EE.UU. Se trata de los bonos de deuda pública conocidos como Treasury Inflation-Protected Securities (TIPS)

Un bono indexado a la inflación es un título que devenga un cupón fijo y que a lo largo de su vida aumenta el principal de la inversión de acuerdo a la evolución de los precios. En el caso de los bonos emitidos por el Tesoro público español, están vinculados a la evolución de la tasa de inflación armonizada de la zona euro. El principal de estas emisiones suele constar de un suelo que impide que el vencimiento se sitúe por debajo de la inversión original. En un escenario de incremento de la inflación es de esperar que el principal aumente, de manera que el importe del pago del cupón será mayor.

La principal diferencia con un bono nominal es su estructura de pagos. El nominal paga un cupón fijo que se calcula como porcentaje del principal invertido, mientras el indexado a la inflación abona cupones en un principio menores pero que aumentan a medida que crece el principal en cada periodo de devengo, compensando así la pérdida de poder adquisitivo.

De este modo en los bonos indexados su rendimiento se encuentra protegido ante la inflación futura, ya que se compensa al comprador tanto en los cupones como en el capital invertido (al vencimiento) por la pérdida de poder adquisitivo ocasionada por la inflación. Mientras en los bonos de deuda pública "convencionales" su rentabilidad vendría determinada por el tipo de interés nominal, en los bonos indexados a la inflación la rentabilidad vendría determinada por los tipos de interés reales.

En la literatura económica se ha sugerido desde mediados de la década de los noventa el uso de los bonos indexados para medir el tipo de interés real y las expectativas de inflación de los mercados financieros. Dicha descomposición tiene como justificación teórica la conocida ecuación de Fisher, la cual determina que el rendimiento nominal de un bono se puede aproximar por la suma del tipo de interés real requerido y la tasa de inflación esperada como promedio durante el periodo de vida del título hasta el vencimiento: R= rπe. [1] 

En el segundo gráfico se muestra la senda temporal de la rentabilidad nominal de los bonos de deuda pública "convencionales" a 5 años (Market Yield on U.S. Treasury Securities at 5-Year Constant Maturity) y la rentabilidad de los TIPS equivalentes a 5 años (Market Yield on U.S. Treasury Securities at 5-Year Constant Maturity, Inflation-Indexed) que aproxima al tipo de interés real.

En el tercer gráfico se ha calculado el diferencial  o spread entre el bono convencional y el TIPS, conocido como el 5-Year Breakeven Inflation Rate que aproxima lo que los participantes del mercado esperan que sea la inflación en los próximos 5 años, en promedio.
Gráfico 2

Gráfico 3

Los tipos de interés negativos no son habituales en los bonos de deuda pública convencionales, porque ello implicaría que el inversor recupera menos dinero del que ha invertido, aunque si que se han dado en las rentabilidades de los bonos de algunos países de la zona euro, incluida España y Alemania. Sin embargo, sí son más frecuentes los tipos de interés negativos en los bonos indexados con la inflación, ya que en este caso la remuneración no es el tipo de interés nominal (R) sino el tipo de interés real ( re).

Es en en este contexto donde surgió una anomalía monetaria derivada de la crisis financiera internacional de 2007-2008. Por primera vez desde el inicio de la emisión de bonos indexados contra la inflación a 5 años (enero de 2003) la rentabilidad de estos bonos de EE.UU. se situaron por debajo de cero el 10 de agosto de 2010 con un -0,02% (véase gráfico 2). Desde esa fecha, los tipos de interés de los TIPS a 5 años han cotizado con tipos de interés negativos en numerosas ocasiones, alcanzando el mínimo el 15 de noviembre de 2021 (-1,91%).

Con más detalle, el 15 de noviembre del 2021, los bonos de deuda pública convencionales a 5 años cotizaban con una rentabilidad del +1,26% (R), mientras que la rentabilidad de los bonos equivalentes TIPS a 5 años cotizaban con una rentabilidad del -1,91% (re). Está rentabilidad negativa supone que los inversores que adquieren estos activos demandan una rentabilidad "segura" se "conforman" con una rentabilidad de 1,91 puntos porcentuales por debajo de la tasa de inflación media esperada hasta el vencimiento del TIPS. En definitiva, si se cumple el Efecto Fisher, los mercados estarían anticipando en esa fecha que la tasa de inflación americana se iba a situar en los siguientes 5 años en una media de al menos el +3,17%  (πe) (el correspondiente 5-Year Breakeven Inflation Rate del Gráfico 3). 

Destacar que la media real de índice PCE subyacente entre octubre de 2021 y marzo de 2024 (Gráfico 1) se ha situado por encima de esta predicción en el +4,2%, aunque abarcaba tan sólo la mitad del periodo de predicción de los mercados (5 años).

Como se puede observar en los Gráficos 2 y 3, desde el 8 de marzo de 2022 la la rentabilidad de los bonos equivalentes TIPS a 5 años y la 5-Year Breakeven Inflation Rate han ido aumentando hasta la actualidad.

Los últimos datos disponibles correspondientes a 4 de junio de 2024 muestran que los bonos de deuda pública convencionales a 5 años tenían una rentabilidad del +4,35% (R), mientras que la rentabilidad de los bonos equivalentes TIPS a 5 años era del 2,07% (re). Está rentabilidad positiva supone que los inversores que adquieren estos activos demandan una rentabilidad "segura" de 2,07 puntos porcentuales por encima de la tasa de inflación media esperada hasta el vencimiento del TIPS.  En este caso, si se cumple el Efecto Fisher, los mercados estarían anticipando en este caso que la tasa de inflación americana se podría situar en los próximos 5 años en una media de al menos el +2,28% (πe), ligeramente por encima del objetivo a medio plazo de la Fed (+2%). 

En segundo lugar, en el cuarto gráfico se muestra la evolución reciente de la encuesta de expectativas inflacionarias a 1 año para EE.UU. derivada de la conocida encuesta de los consumidores elaborada por la University of Michigan, EE..UU. El último dato de finales de abril de 2024 muestra un nivel esperado de los precios al consumidor para los próximos 12 meses (abril de 2025) del +3,2%, más elevado que el +2,9% de marzo de 2024, y por encima del objetivo a medio plazo de la Fed (+2%).
Gráfico 4

En tercer lugar, en el quinto y el sexto gráfico se muestra la evolución reciente de la tasa de inflación esperada a 2 y a 3 años para EE.UU., con datos obtenidos del modelo econométrico elaborado por la Reserva Federal de Cleveland. Este modelo estima la tasa de inflación esperada para un amplio rango de horizontes temporales que abarca desde 1 año hasta los próximos 30 años. El modelo también estima la prima de riesgo de inflación, la prima de riesgo real y la tasa de interés real. Sus estimaciones se calculan con un modelo que utiliza los rendimientos de los bonos del Tesoro, los datos de inflación, los swaps de inflación y medidas de las expectativas de inflación basadas en encuestas.
Gráfico 5

Gráfico 6

En ambos casos, la estimación en mayo de 2024 de la inflación esperada por el modelo a 2 años y a 3  años ha empeorado respecto a la estimación de abril de 2024. Con más detalle, para mayo de 2024 la tasa que se espera que promedie la tasa de inflación de EE.UU. durante los próximos 2 y 3 años, es del 2,72% y del 2,61%, respectivamente, aún alejada de objetivo del 2% de la Fed.

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Como citar esta entrada del Blog: 

Vicente Esteve, "Tipos de interés reales y expectativas de inflación en diferentes horizontes temporales para EE.UU., 2003-2023", Universidad de Valencia, Blog Viaje al Fondo de las Finanzas Internacionales, 31/5/2024
https://vicenteesteve.blogspot.com/2024/06/tipos-de-interes-reales-y-expectativas.html

domingo, 17 de diciembre de 2023

Los pagos por intereses de la deuda pública de EE.UU. se aceleran desde 2021 y alcanzan un récord histórico


Tal y como muestra el siguiente gráfico, el déficit público federal de EE.UU. en 2022 fue de 1,4 billones de dólares, equivalente al 5,4% del PIB, casi 2 puntos porcentuales más que la media de los últimos 50 años (3,6% del PIB) y en niveles récord no alcanzados desde 1947.


En lo que respecta al stock de deuda pública, a finales de 2022 se sitúo en el 119,7% del PIB (30,8 billones de dólares) más del doble que la media de los últimos 50 años (46,9% del PIB) y en niveles récord, tal y como se muestra en los dos siguientes gráficos.



Como ya tuvimos ocasión de explicar con detalle en otra entrada del Blog, el Senado estadounidense alcanzó un acuerdo el 2 de junio de 2023 para suspender el techo de deuda -la cantidad de dinero que el país puede pedir prestado legalmente-, en medio de fuertes debates sobre la sostenibilidad fiscal del Gobierno. El acuerdo evitó que EE.UU. entrara en suspensión de pagos en 2023, lo que hubiera tenido un fuerte impacto en la economía global, a cambio de situar el gasto público en niveles de 2022. El 3 de junio de 2023, el presidente Joe Biden aprobó un proyecto de ley que eliminaba el multimillonario techo de deuda del gobierno, permitiendo que se acumulara más deuda. Además, el techo de deuda actualmente no tiene límite hasta enero de 2025.

Al mismo tiempo que subía significativamente el stock de deuda pública se producía un aumento paralelo de los tipos de interés de la deuda pública desde 2020 (consecuencia de los elevados déficit públicos y de las políticas monetarias restrictivas de la Reserva Federal), tal y como se aprecia en el siguiente gráfico.

La consecuencia del aumento del volumen de deuda pública y de los tipos de interés ha sido el crecimiento del los pagos de intereses de la deuda hasta un nivel récord en 2022: 829.594 millones de dólares, tal y como muestra el siguiente gráfico. 


Y quizás lo más preocupante, el ritmo de crecimiento de los pagos de intereses ha alcanzado en 2021 y 2022 el 18,2% y el 35,5% en tasa interanual, respectivamente (véase siguiente gráfico).


Esta cifra desorbitada de 829.594 millones de dólares en pagos de intereses de la deuda pública (en azul) sobrepasa a finales de 2022 a todo el gasto federal en defensa (727.450 millones de dólares, en verde) y si sigue a este ritmo de crecimiento en pocos años será superior al gasto en pensiones de la seguridad social (retirement, en rojo), 1,10 billones de dólares en 2022, tal y como muestra el siguiente gráfico.


Tal y como podemos ver en el siguiente gráfico, los pagos de intereses de la deuda en % del PIB se situaron en el tercer trimestre de 2023 en el 3,54%, récord que no se alcanzaba desde el año 1999 en el último año de la Presidencia de Bill Clinton.


La CBO (Congressional Budget Office) ha hecho proyecciones de  la deuda pública federal hasta 2053, asumiendo que las leyes impositivas actuales y los programas de gasto público permanecen sin demasiados cambios. Según las proyecciones de la CBO, la deuda federal terminará en el 124% del PIB  al final del año fiscal 2023 y el 129% del PIB al final de 2033. A finales de 2053, dicha deuda ya alcanzaría el 192% del PIB (véase detalles en el cuadro siguiente). Todo indica que los ajustes fiscales duros serán tarde o temprano inevitables.

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Como citar esta entrada del Blog:

Vicente Esteve, "Los pagos por intereses de la deuda pública de EE.UU. se aceleran desde 2021 y alcanzan un récord histórico", Universidad de Valencia, Blog Viaje al Fondo de las Finanzas Internacionales, 17/12/2023,

https://vicenteesteve.blogspot.com/2023/12/los-pagos-por-intereses-de-la-deuda.html

lunes, 11 de septiembre de 2023

La crisis bancaria estadounidense: un primer balance de sus efectos

Por Antoni Garrido, Universidad de Barcelona

Este post se publicó en el blog (bAg): (bAg): Blog de Economía de la Aldea Global  el 14 de junio de 2023. Fruto del acuerdo de colaboración entre este blog y el blog Viaje al Fondo de las Finanzas Internacionales, cada trimestre reproduciremos en nuestro blog algunos post que, por su temática, también pueden ser interesantes para nuestros lectores.

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Entre 2012 y 2022 la Federal Deposit Insurance Corporation (FDIC) cerró 122 bancos en los Estados Unidos dejando el censo de entidades operativas a finales de ese año en 4.706 (de los cuales 4.127 serían bancos comerciales y 579 otras instituciones de ahorro). Posiblemente porque se trataba de entidades pequeñas, únicamente sus clientes, empleados y proveedores fueron conscientes de su desaparición. Los tres casos de crisis bancaria (First Republic, Silicon Valley y Signature Bank) acaecidos en el primer semestre de 2023 han ocupado en cambio las páginas de información económica de medio mundo. Y ello a pesar que los activos de las entidades afectadas (532.000 millones de dólares en total) suponen únicamente el 2,25% de los activos del sistema bancario estadounidense. La rapidez con la que tuvieron lugar las retiradas masivas de fondos que forzaron su entrada en la insolvencia, el destacado y novedoso papel que en las mismas jugaron las redes sociales y las medidas excepcionales que se tomaron para hacerles frente explican quizás esa diferencia de trato informativo.

La gestión de la crisis

A diferencia de lo ocurrido durante la crisis financiera de 2008, las autoridades estadounidenses no se han cansado de repetir que se trataba de casos aislados que no hacían sino reflejar “errores de manual” cometidos por sus directivos. Afirman también que en esta ocasión, cosa ciertamente no baladí, no habría sido necesario movilizar fondos de los contribuyentes, ya que todas las perdidas habrían sido sufridas por los accionistas y bonistas de las entidades afectadas y por la FDIC que se financia con las cuotas que aportan los propios bancos. Volveremos sobre estas dos cuestiones más adelante.

Menos positivo habría sido el balance de la actuación de los organismos supervisores. De hecho, la propia FED, en su informe sobre su actuación en la crisis del Silicon Valley Bank (SVB), reconoce algo que ya han puesto de manifiesto numerosos casos de quiebras bancarias con anterioridad. Esto es, que los supervisores se muestran reacios a reconocer la existencia de problemas, ya que ello implica explicitar que no han hecho bien su trabajo, y que les cuesta también conseguir que las entidades tomen las medidas necesarias para resolver los citados problemas. Se entiende pues que algunos autores aconsejen reducir el grado de discrecionalidad de que disponen a la hora de actuar o que, para evitar conflictos de intereses y retrasos en la intervención, se proponga separar las competencias en política monetaria de las relativas a la supervisión de las entidades bancarias.

Además de la consiguiente reducción en el censo de entidades, la crisis ha causado un trasvase de fondos hacia las entidades más grandes al ser estas consideradas más seguras, dada la cobertura implícita con la que cuentan en caso de dificultades. Pese al reducido grado de concentración del sistema bancario en los Estados Unidos, no han faltado voces que abogan por impedir que los ahorros de los estadounidenses acaben en manos de un reducido número de grandes bancos. Critican también que el First Republic fuera vendido a JP Morgan posibilitando así que el más grande lo sea aún más, y que lo fuera previa concesión al banco neoyorquino de un paquete de ayudas considerable (una línea de crédito por valor de 50.000 millones de dólares -de la que no se ha publicado el tipo de interés- y un esquema de protección de pérdidas). Es verdad, se reconoce, que la FDIC está obligada a aceptar la oferta del mejor postor y este fue JP Morgan, pero lo es también que no debería haber podido participar en la subasta ya que su cuota de su cuota de mercado en depósitos supera el tope (10%) fijado por los reguladores como condición para poder participar en ellas.

El diseño del seguro de depósitos

La publicación de noticias o rumores sobre su solvencia hizo que las tres entidades citadas, vinculadas y expuestas a los sectores tecnológico y/o de las criptomonedas, sufrieran retiradas masivas de depósitos de una magnitud desconocida hasta la fecha. Gracias a la tecnología el ritmo de las retiradas fue además muy rápido, reduciendo aún más el ya de por si escaso margen de maniobra de que disponen las autoridades para actuar. No debe sorprender pues que hayan aparecido partidarios de sustituir el régimen de protección parcial existente en la actualidad por otro que garantice que todos los depositantes, sea cual sea la cuantía de sus fondos, podrán recuperar la totalidad de sus fondos. Esto fue en definitiva lo que, por primera vez en su historia, hizo la FDIC en los casos del SVB y del Signature Bank.

Como se señaló en una entrada anterior, proteger a la totalidad de los depositantes posibilitaría sacarlos de la ecuación de la gestión de las crisis bancarias, y permitiría pues a la FED gestionar la política monetaria sin tener que preocuparse por los efectos causados por los cambios en los tipos de interés. Al dejar de ser considerados pasivos “bailinables”, esto es, susceptibles de absorber pérdidas en caso de necesidad, se evitaría que los depositantes no asegurados retiren sus fondos de sus entidades ante la menor duda sobre la solvencia de las mismas, y se podrían pues aplicar las normas aprobadas tras la crisis financiera para reducir precisamente el coste para los contribuyentes de las crisis bancarias. No habría además razón para preocuparse por la toma de riesgos, ya que el papel disciplinador que en los modelos clásicos (empezando por el de Diamond y Dybvig) desempeñan los depositantes no asegurados lo cumplirían en la actualidad los tenedores de los títulos de deuda susceptible de ser transformada en capital (CoCo’s, deuda subordinada, etc.,) para absorber pérdidas.

Para una buena parte de la academia (véase por ejemplo Philippon), proteger la totalidad de los depósitos es, en cambio, una mala idea, ya que no solo genera azar moral, sino que incentiva también que los bancos aumenten su dependencia de los depósitos como fuente de financiación y, con ello, sus ya de por si elevados niveles de apalancamiento. En el límite, si la cobertura proporcionada por el seguro fuera del 100 por cien los bancos no tendrían incentivos para emitir deuda y capital. Ampliar el grado de cobertura incrementaría también el coste y las potenciales pérdidas del fondo asegurador. Es verdad que las cuotas en principio las pagan los bancos que sobreviven a las crisis. Estos no dejan de ser otro tipo de contribuyente y también lo son los clientes a los que se les acabará traspasando el coste del seguro; seguro que, en última instancia, es considerado creíble porque está respaldado por «the full faith and credit of the US government», siendo por tanto los contribuyentes los verdaderos garantes de su viabilidad.

De implantarse, dicha medida exigiría disponer de una estricta y consistente regulación que no estamos en condiciones de poder garantizar. En última instancia, si todos los depósitos tienen que estar protegidos cabe plantearse si no estamos ante un servicio público que, como tal, debe ser proporcionado por la propia Administración.

Queriendo posiblemente remarcar el carácter extraordinario de lo hecho (garantizar todos los depósitos del SVB y del Signature Bank) la propia FDIC, en su reciente informe sobre la cuestión, se ha mostrado asimismo contraria a proteger a la totalidad de los depositantes. Entre otras razones porque, según los datos de la FED, el límite asegurado en la actualidad (250.000 dólares por depositante y entidad) es más que suficiente para cubrir el 99% de las cuentas bancarias estadounidenses. Para evitar lo ocurrido en los recientes casos de crisis, en los que quedaron sin protección los saldos que mantienen las empresas para llevar acabo su actividad, aboga por incrementar el grado de protección de tales depósitos. Consciente de que correspondería al poder legislativo determinar esa cuestión no propone formalmente una cifra, pero sugiere en el texto que 2.500.000 dólares, diez veces más que el límite actual, sería una cuantía adecuada. No explicita tampoco si el nuevo límite debería aplicarse a todas las empresas o únicamente a las pequeñas y medianas que, a diferencia de las grandes, no disponen de un departamento de tesorería capaz de gestionar de forma eficiente sus necesidades financieras.

Pese a su aparente lógica, no faltan tampoco críticos con la propuesta anterior. Para Perotti, por ejemplo, proteger siempre y en todas las circunstancias la totalidad de los depósitos empresariales no satisface ningún propósito público esencial y genera en cambio riesgos fiscales e inflacionistas. El seguro, prosigue, fue creado para proteger de forma parcial los ahorros de las familias, no para crear una red pública de seguridad para las empresas; estas, por definición, obtienen sus beneficios asumiendo riesgos y pueden, por consiguiente, aguantar un modesto incremento en el precio del riesgo a cambio de obtener liquidez de forma inmediata. De llevarse a cabo una reforma en esa línea considera que sería preciso en todo caso diferenciar entre los saldos que las empresas mantienen para el desempeño de su actividad corriente de los mantenidos como refugio de valor, que deberían ser colocados en otros activos como los fondos de inversión del mercado monetario.

Suspender temporalmente (por ejemplo, 30 días) la conversión de los depósitos (o de una parte de ellos) y fijar un precio cambiante y más elevado cuando las retiradas empiezan a aumentar es la otra vía que algunos autores han propuesto para permitir a las autoridades disponer de más tiempo para gestionar las entidades en crisis. Equivaldría para entendernos a hacer a tales depositantes transitoriamente “pseudo accionistas de la entidad” (solo en el caso de que el banco sobreviva podrán recuperar sus ahorros). Dicho de otra manera, aquellos que son los primeros que retiran los fondos de la entidad en dificultades estarían así contribuyendo a cubrir las pérdidas que su conducta causa a los depositantes más pacientes. Tal medida no está exenta de problemas. el más claro es que convierte a los depositantes en accionistas sin darles a cambio ninguno de los derechos de aquellos.

Capital, capital y…… ¡¡ más capital !!

En contra de la narrativa “oficial” (casos aislados causados por una mala gestión), algunos autores -entre los que vale la pena destacar a Anat Admati et al. y Erica Jiang et al.- sostienen que se trata de una crisis sistémica cuyo detonante habría sido la retirada masiva de fondos por parte de los depositantes, pero su causa real la situación de insolvencia en la que se encontrarían muchas entidades debido a la subida de los tipos de interés. Cerca de 200 bancos estarían, según estos autores, en riesgo de que el valor de mercado de sus activos fuera insuficiente para reembolsar a los depositantes sus saldos asegurados si estos decidieran movilizar una parte de sus fondos. Evitar una pérdida de confianza en tales entidades habría sido en definitiva la razón que llevó a la FDIC a dar a entender que si fuera necesario garantizaría la totalidad de los depósitos y a la FED a aceptar como colateral de los préstamos concedidos al sistema bancario la cartera de bonos en poder de las entidades valorada por su nominal en lugar de por su precio de mercado. El problema es que con esta actuación se estaría posibilitando el mantenimiento de un buen número de bancos zombies, que solo se diferencian de los ya quebrados en que tienen un menor porcentaje de depósitos no asegurados.

Desde esta perspectiva, habría llegado la hora de que los bancos reduzcan la dependencia de los depósitos (cuyo coste están subsidiado por la garantía estatal implícita de que gozan) que muestran en la actualidad y opten, en su lugar, por “jugarse la piel” incrementando considerablemente sus niveles de capital. Para que dicho aumento sea eficiente, se prosigue, sería necesario cambiar el marco regulador de la deuda pública, considerada en todos los casos un activo muy seguro y líquido y, por tanto, no tenida en cuenta a la hora de calcular las necesidades de capital. Habría que cambiar también la forma de contabilizar (coste amortizado) la cartera de títulos de renta fija mantenida hasta el vencimiento, ya que, como se ha visto, permite enmascarar la situación real de las entidades.

No hace falta decir que las entidades bancarias se opondrán con todos los medios a su alcance a cualquier intento de incrementar las exigencias en materia de recursos propios, aduciendo, por ejemplo, que ocasionaría una reducción y encarecimiento del crédito. No está claro tampoco que los legisladores estadounidenses acepten aumentarlos, y mucho menos a todos los bancos por igual, argumentando que no tiene sentido “castigar” a todos por culpa del mal comportamiento de unos pocos. Valorar a precio de mercado todos los activos bancarios generaría por último una volatilidad significativa de los balances bancarios que está por ver que fuera manejable.

Habrá que esperar un tiempo para saber cuál es el nuevo marco regulador de la actividad bancaria que acabarán adoptando los Estados Unidos como respuesta a la reciente crisis bancaria. Lo único que parece estar claro a estas alturas es que incrementar el grado de protección de los depósitos sin hacer nada más no es la solución.

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Como citar esta entrada del Blog:

Antoni Garrido, "La crisis bancaria estadounidense: un primer balance de sus efectos", Universidad de Valencia, Blog Viaje al Fondo de las Finanzas Internacionales, 11/9/2023,

http://vicenteesteve.blogspot.com/2023/09/la-crisis-bancaria-estadounidense-un.html

miércoles, 5 de julio de 2023

La relación entre la oferta monetaria y la tasa de inflación desde la Pandemia del Covid-19: el caso de EE.UU.


En esta entrada del Blog mostramos como la vieja idea de la Escuela de Economía Monetarista de Chicago de que existe una relación estrecha entre la oferta monetaria y la tasa de inflación (aunque el efecto puede tardar y se han estimado desfases de entre 6 meses y 2 años) parece que murió después de la crisis financiera de 2008, para volver a resucitar después de la recuperación económica tras la Pandemia del Covid-19, tal y como muestra la Federal Reserve Bank of St. Louis.

Los gráficos 1 y 2 presentan la tasa de crecimiento interanual del agregado monetario M2 representativo de la oferta monetaria de EE.UU. [1], y de los dos indicadores más utilizados para medir la tasa de inflación de EE.UU. [2]. Los datos son para un periodo de tiempo amplio (enero 1960-mayo 2023) y para un periodo de tiempo más cercano (enero 2015-mayo 2023), respectivamente.

En primer lugar, los gráficos 1 y 2 muestran que la tasa de crecimiento interanual de la M2 (línea verde) ​​se ha comportado de manera nunca vista desde febrero de 2020. Con más detalle, la M2 creció a tasas récord durante la pandemia de COVID-19 desde febrero de 2020 hasta 2022, pero ha disminuido también a tasas récord desde finales de 2022. 

Por un lado, el crecimiento interanual del 26,9% registrado en febrero de 2021 supera fácilmente las tasas de crecimiento que se dieron durante la vigencia de los programas de flexibilización cuantitativa de la Reserva Federal del periodo 2008-2015, e incluso de los periodos de alta inflación registrados en las décadas de 1970 y 1980. 

Por otro lado, las tasas de crecimiento negativas registradas en la actualidad del agregado M2 (diciembre 2022 a mayo 2023) tampoco tienen precedentes históricos. De hecho, no ha habido otro mes de caída interanual en la M2 en la serie histórica desde el año 1960. 

En segundo lugar, el gráfico 2 muestra que el comportamiento de la inflación reciente (líneas roja y azul) ha sido consistente con un efecto retardado de la M2 ​​en el comportamiento de la inflación (factores monetarios), tal y como defienden los postulados monetaristas. Con más detalle, la tasa de inflación medida por el índice PCE (línea roja) comenzó a aumentar en febrero de 2021, en el pico de las tasas de crecimiento de la M2 ​​y un año después de que el crecimiento de la M2 ​​comenzara a dispararse en febrero de 2020. No obstante, es cierto también que factores no monetarios afectaron a los movimientos a corto plazo de la tasa de inflación en 2022. De hecho, el mes de febrero de 2022 recoge el impacto inflacionario de la invasión rusa de Ucrania a través de los canales de los precios de las materias primas y de las cadenas de suministro internacionales. 

No obstante, si bien la tasa de inflación reaccionó al crecimiento de la M2, también le siguió cuando disminuyó. De hecho, la tasa de inflación medida por el índice PCE general alcanzó su punto máximo en junio de 2022, casi 18 meses después del pico de crecimiento de la M2, en un momento en que el crecimiento de este agregado monetario había vuelto a caer a niveles históricamente normales (véase gráfico 2).  Pero el crecimiento de la M2 ​​siguió cayendo, alcanzando niveles negativos sin precedentes históricos en diciembre de 2022. 

En tercer lugar, en el tercer gráfico se ha añadido a los datos del crecimiento de la M2 y de la tasa de inflación, la tasa de crecimiento de la base monetaria [3], desde 2006 hasta la actualidad.  Podemos constatar que el fuerte crecimiento de la base monetaria (línea roja) en el periodo 2008-2015 no provocó un crecimiento anormal en la M2 o en la tasa de inflación. La razón es porque los bancos norteamericanos intercambiaron bonos por reservas mantenidas en la Reserva Federal. En última instancia,  los bancos en EE.UU. optaron por mantener gran parte del aumento de la base monetaria como exceso de reservas en la Reserva Federal.


No es realmente un misterio por qué los tipos de interés a corto plazo están subiendo rápidamente y por qué la oferta monetaria (M2) se está desacelerando. Desde marzo de 2022 hasta la actualidad, la Reserva Federal ha elevado el tipo objetivo de los fondos federales desde el rango del 0,25-0% hasta el rango del 5,25-5% (véase siguiente gráfico).


Esto significa menos inyecciones de dinero de la Reserva Federal en el mercado a través de operaciones de mercado abierto. Además, aunque ha hecho muy poco para reducir considerablemente el tamaño de su cartera, la Reserva Federal ha dejado de aumentar la misma a través de la relajación cuantitativa y ha permitido que se reduzca tan sólo en una pequeña cantidad (unos 392.000 millones de dólares desde el máximo de  8,7 billones alcanzado en marzo de 2023).

Por último, recordemos que el crecimiento de la masa monetaria (la M2 en nuestro caso) puede ser una medida útil de la actividad económica y un indicador de las próximas recesiones. Durante los periodos de auge económico, la masa monetaria tiende a crecer rápidamente a medida que los bancos comerciales conceden más préstamos. Por otra parte, las recesiones suelen ir precedidas de una ralentización del crecimiento de la oferta monetaria. Sin embargo, el crecimiento de la oferta monetaria tiende a empezar a crecer de nuevo antes del inicio de la recesión. Esto suele ser una señal de alarma para el crecimiento económico y el empleo. También sirve como un indicador más de que el llamado "aterrizaje suave" prometido por la Reserva Federal es poco probable que sea una realidad.

Cabe destacar que no es necesario que el crecimiento de la oferta monetaria se vuelva negativo para desencadenar una recesión, impagos y otras perturbaciones económicas. Con décadas marcadas por el de dinero fácil, la Reserva Federal ha inflado una serie de burbujas y "empresas zombi" que ahora dependen de inyecciones casi constantes de dinero nuevo para mantenerse a flote. Para que muchas de estas "industrias burbuja" desaparezcan, todo lo que se necesita es una desaceleración en el crecimiento de la oferta monetaria, provocada por el aumento de los tipos de interés o por una crisis de confianza.

Parece que la vieja idea de la Escuela de Economía Monetarista de Chicago de que existe una relación estrecha entre la oferta monetaria y la tasa de inflación (aunque con retardos) [4] ha resucitado después de la recuperación económica tras la Pandemia del Covid-19.
¡Friedman sigue vivo!

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[1] Definición de M2:

  • Antes de mayo de 2020, M2 engloba al agregado monetario M1 más 1) los depósitos de ahorro (incluidas las cuentas de depósito del mercado monetario); (2) los depósitos a plazo de pequeña denominación (depósitos a plazo en cantidades inferiores a 100.000 dólares) menos las cuentas de jubilación individuales (IRA) y los saldos de Keogh en instituciones de depósito; y (3) los saldos en fondos del mercado monetario (MMF, por sus siglas en inglés) minoristas menos los saldos de IRA y Keogh en MMF.
  • A partir de mayo de 2020, M2 engloba a la M1 más (1) los depósitos a plazo de pequeña denominación (depósitos a plazo en cantidades inferiores a 100.000 dólares) menos los saldos de IRA y Keogh en instituciones de depósito; y (2) los saldos en MMF minoristas menos los saldos de IRA y Keogh en MMF. 
Definición de M1: 
  • Antes de mayo de 2020, M1 engloba (1) la moneda fuera del Tesoro de EE. UU., los bancos de la Reserva Federal y las bóvedas de las instituciones de depósito; (2) los depósitos a la vista en bancos comerciales (excluidos los montantes en poder de instituciones de depósito, el gobierno de los EE. UU. y bancos extranjeros e instituciones oficiales) menos las partidas en efectivo en proceso de cobro y la Reserva Federal flotante (cheques); y (3) otros depósitos a la vista (OCD), que se materializan en una orden de retiro negociable, o NOW, y un servicio de transferencia automática, o ATS, cuentas en instituciones de depósito, cuentas de giro compartido en cooperativas de crédito y depósitos a la vista en instituciones de ahorro.
  • A partir de mayo de 2020, M1 engloba (1) la moneda fuera del Tesoro de EE. UU., los bancos de la Reserva Federal y las bóvedas de las instituciones de depósito; (2) los depósitos a la vista en bancos comerciales (excluidos los montos en poder de instituciones de depósito, el gobierno de los EE. UU. y bancos extranjeros e instituciones oficiales) menos las partidas en efectivo en proceso de cobro y la Reserva Federal flotante (cheques); y (3) otros depósitos líquidos, consistentes en OCD y depósitos de ahorro (incluidas las cuentas de depósito del mercado monetario).
[2] Definición de la tasa de inflación. Se utiliza dos índices:
  • Índice de Precios de los Gastos de Consumo Personal (PCEPI): índice de precios de gastos de consumo personal (encadenado) que es una medida de los precios de los bienes y servicios comprados por las personas que viven en los EE.UU., o quienes compran en su nombre, pagan por bienes y servicios. El cambio en el índice de precios PCE se utiliza para medir la inflación (o deflación) en una amplia gama de gastos del consumidor y para reflejar los cambios en el comportamiento del consumidor. Por ejemplo, si sube el precio de la carne de ternera, los compradores pueden comprar menos carne de ternera y más pollo. El índice de precios PCEPI es similar al índice de precios al consumidor de la Oficina de Estadísticas Laborales para consumidores urbanos. Los dos índices, que tienen sus propios objetivos y usos, se construyen de manera diferente, lo que da como resultado diferentes tasas de inflación.
  • Índice de Precios de los Gastos de Consumo Personal Excluidos Alimentos y Energía  (PCEPILFE): PCEPI excluidos Alimentos y Energía.
[3] Definición de Base Monetaria: engloba la moneda en circulación (sin incluir las del Tesoro de EE.UU. y la Reserva Federal) y los saldos de las instituciones de depósito en la Reserva Federal.

[4] Castañeda y Cendejas (2023) muestran que el retardo de 18 meses entre el crecimiento del dinero y la inflación en la economía americana es consistente con la explicación de "retrasos largos y variables" de Friedman: 

Castañeda, J. E. and Cendejas, J. L. (2023). "Revisiting the Quantity Theory of Money: Money Growth, Money Velocity and Inflation in the US, 1948-2021", Studies in Applied Economics, No. 229, March, Institute for Applied Economics, Global Health, and the Study of Business Enterprise, Zanvyl Krieger School of Arts & Sciences, Johns Hopkins University, Baltimore, USA.

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Como citar esta entrada del Blog:

Vicente Esteve, "La relación entre la oferta monetaria y la tasa de inflación desde la Pandemia del Covid-19: el caso de EE.UU.", Universidad de Valencia, Blog Viaje al Fondo de las Finanzas Internacionales, 5/7/2023, http://vicenteesteve.blogspot.com/2023/07/la-relacion-entre-la-oferta-monetaria-y.html