lunes, 31 de marzo de 2014

La insostenibilidad de las finanzas públicas españolas: un problema histórico que parecía olvidado


El Gobierno se muestra satisfecho con el ajuste fiscal, cuando ya ha acumulado a finales de 2013 un montante de 992.298 millones de euros de deuda pública (93% del PIB) y mantiene un elevado déficit público total (con ayudas a la banca) a finales de 2013 de 72.632 millones de euros  (-7,1% del PIB). Las finanzas públicas caminan en una senda temporal insostenible, pero este problema no es nuevo.

La economía española presenta diferentes episodios recurrentes en los que no ha sido posible mantener el equilibrio presupuestario y el nivel del stock de deuda pública sin diversas medidas extraordinarias: quiebras, impagos del servicio de la deuda, quitas, canjes y reestructuración de la deuda pública soberana, y utilización del impuesto inflacionario. La lista de estos episodios es interminable:

Felipe II: 1557, 1560, 1575, 1597

Felipe III: 1607

Felipe IV: 1627, 1647, 1652, 1662

Carlos II: 1666

Carlos IV: 1798

Cortes de Cádiz: 1812-1813

Fernando VI: 1814, 1817, 1823, 1825, 1828

Isabel II: 1835, 1841, 1844, 1851, 1867

Sexenio Democrático y I República: 1871

Alfonso XII: 1876, 1881

Alfonso XIII: 1900, 1915-1919, 1927-1928

II República: 1935, 1939

En el primer gráfico adjunto (hacer click sobre el mismo para verlo más grande) se muestra la evolución temporal del stock de deuda pública sobre el PIB (en %) desde 1850 a 2013. La situación actual de la dinámica de la deuda pública se camina sin control hacia los peores episodios de nuestra historia económica reciente: la I Guerra de Cuba de 1868-1878 en el reinado de Alfonso II y la II Guerra de Cuba-Crisis de 1898 en el regencia-reinado de su hijo Alfonso XIII.


No menos importante por comparación histórica es la situación actual del nivel del déficit público total en relación al PIB: nunca se había viso tal cifra desde 1850, tal y como muestra el segundo gráfico.


Y estas cifras recientes de déficit público total no incluyen (si el stock de deuda pública) las innumerables emisiones de deuda necesarias para las necesidades de financiación de diversos "Fondos Especiales" a los que ha tenido que hacer frente el Tesoro español. Es el llamado "efecto ajuste déficit-deuda" (emisiones de deuda que no computan como déficit pero si como deuda; origen = necesidad de financiar la adquisición neta de activos financieros). La lista es la siguiente:

- FEEF (Fondo Europeo de Estabilidad Financiera), préstamos al rescate de Irlanda, Grecia y Portugal.
- Participación en el MEDE (Mecanismo Europeo de Estabilidad Financiera), sustituye al FEEF para futuros rescates.
- Fondo de Apoyo a la República Helénica (bilateral).
- FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria).
- FAAF (Fondo de Adquisición de Activos Financieros).
- Fondo para la Financiación de los Pagos a Proveedores (FFPP).
- FADE (Fondo de Adquisición del Déficit Eléctrico).
- ¿Rescate a las autopistas de peaje quebradas en 2014 (2400-5000 millones de euros?

Recordemos que las adquisiciones netas de activos financieros para financiar los Fondos mencionados ha provocado entre 2008 y 2013 un aumento de la deuda pública (no relacionada con las necesidades de financiación del déficit público) de 46.883 millones de euros (4,5% del PIB).

Por último, en las estadísticas de deuda pública quedan fuera la "deuda contingente" de las AA.PP., que constituyen la concesión de avales y otras garantías sobre las deudas contraídas por otros sectores institucionales. Estos avales y garantías no se registran como pasivos en las cuentas de las AA.PP., dado que la deuda garantizada es registrada entre los pasivos del agente que recibe la garantía.

No obstante, estas garantías suponen unos pasivos contingentes para las finanzas públicas, de modo que, si la garantía fuese ejecutada total o parcialmente, las AA.PP. asumirían la totalidad de la deuda, se registraría como contrapartida una transferencia de capital pagada al deudor original y, por lo tanto, se incrementaría el déficit y la deuda de las AA.PP. 

A finales de 2013 el volumen de pasivos contingentes se situaba en algo más de 16 puntos del PIB (165.000 millones de euros), como resultado de los distintos avales concedidos al sistema bancario (avales a emisiones de deuda bancaria a medio plazo, 2008-2009), al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) y, más recientemente, a la Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria (SAREB) en el marco del proceso de reestructuración bancaria.

sábado, 29 de marzo de 2014

¿Existe un peligro de deflación en la economía española?



El último dato de la variación interanual del IPC general correspondiente al mes de marzo de 2014 del -0,2% publicado por el INE ha hecho saltar las alarmas en los medios de comunicación, en el sentido de que la economía española podría estar dirigiéndose a un período de deflación.

Recordemos, que lo que en principio podría parecer una buena noticia para las familias (que bajen los precios de los bienes y servicios) puede convertirse en todo lo contrario. Y ello por varias razones.

En primer lugar, cuando bajan los precios de los bienes y servicios de manera generalizada, las empresas ven reducidos también sus márgenes de los precios de venta de sus productos, lo que supone a medio plazo una caída de sus beneficios y un deterioro de su cuenta de resultados. Además, ello puede provocar que tengan problemas para devolver sus préstamos (y para obtener nuevos), y si los costes laborales unitarios se mantienen estables, ello puede terminar a su vez en estructuraciones y reducciones de las plantillas. Finalmente, el aumento del desempleo genera más caída del consumo y, por tanto, nuevas reducciones de precios.

En segundo lugar, la deflación provoca un efecto negativo psicológico en los consumidores. En concreto, si los consumidores perciben que los precios han bajado pero pueden hacerlo aún más, pueden tomar la decisión de retrasar sus decisiones de compra para adquirir los bienes y servicios más baratos en un futuro. En este caso, la demanda de bienes y servicios disminuye en mayor medida, lo que provoca un exceso de la oferta y una nueva disminución de los precios. Y esta espiral se puede retroalimentar indefinidamente si no se pone remedio.

Por último, si estos efectos de la deflación se dan en una economía muy endeudada (como es el caso de la española), el problema se traslada también al sector bancario. En concreto, si las familias y las empresas no financieras tienen más problemas para devolver los préstamos bancarios, la morosidad bancaria aumenta, lo que provoca problemas de solvencia para las entidades, una caída significativa de concesión de nuevos créditos y, en última instancia, genera más problemas para los hogares y las empresas no financieras.

También la deflación afecta negativamente a la sostenibilidad de las finanzas públicas, ya que el stock de deuda pública crece si cae la tasa de crecimiento nominal del PIB por el efecto de la deflación y si los tipos de interés nominales de la deuda pública son mayores que la tasa de crecimiento nominal del PIB (como es el caso de la economía española). Este es el efecto "bola de nieve" de los pagos de intereses de la deuda pública.

Algunos colegas de la profesión académica y del mundo financiero, y la mayoría de los comentaristas económicos, están alertando en los últimos tiempos de un posible peligro de deflación en la economía española. Pero pueden estar equivocados, al menos por tres razones.  Por un lado, porque no interpretan los datos estadísticos disponibles de una manera rigurosa y adecuada desde una óptica temporal. Por otro lado, porque no escogen adecuadamente los indicadores de precios para poder afirmar que estamos entrando en un período de deflación. Por último, porque circunscriben la deflación como un fenómeno de corto plazo, obviando las consecuencias a largo plazo de la conjunción actual de las acciones de la política monetaria, fiscal y de la evolución del tipo de cambio nominal.

Primer error: El horizonte temporal no es el adecuado

Algunos de los que señalan el peligro de deflación de la economía española basan su afirmación en la reducción observada en el IPC en un mes o varios meses consecutivos. Pero como enseñamos a nuestros alumnos de Economía, el fenómeno de la inflación o deflación no se define utilizando un nivel de precios en un horizonte temporal de corto plazo, en este caso un mes, sino más bien hace referencia a la tasa de variación "sostenida" (en el medio y largo plazo) de los precios, no del nivel de precios.

En los dos gráficos adjuntos se muestra la evolución temporal del IPC general de la economía española (tasa interanual del IPC mensual) en los períodos enero 1962-marzo 2014 y enero 1999-marzo 2014, respectivamente (hacer clic sobre los mismos para verlos más grandes).

Como se puede observar en el segundo gráfico desde el inicio del euro en enero de 1999 sólo se ha dado en tres ocasiones tasas interanuales negativas del IPC mensual: de marzo a octubre de 2009, en octubre de 2013 y el último dato disponible de marzo de 2014.




Segundo errorEl indicador de precios utilizado no es el adecuado

En primer lugar, los que alertan que la economía española va a entrar en una etapa de deflación (o ya ha entrado) utilizan los datos del IPC "general". En concreto, señalan que la tasa negativa interanual del IPC general del -0,1% en octubre de 2012 y -0,2% del mes de marzo de 2014 respectivamente, es un prueba que la deflación es una "amenaza" para la economía española. Sin embargo, el dato agregado es engañoso. De hecho, esta evolución se debe a una caída -quizás transitoria- de las tasas interauales de algunos de los componentes del IPC general, como el índice que recoge los precios de la energía y el índice de los bienes industriales no energéticos. De hecho, si profundizamos en la evolución de algunos de los componentes principales de la inflación, podemos destacar que los IPC de la Alimentación, el IPC de las Manufacturas y el IPC de la Hostelería y Turismo (ver siguientes gráficos) continúan registrando tasas interanuales positivas.




En segundo lugar, existen indicadores estadísticos más adecuados para ver las tendencias a largo plazo que el IPC general y sus componentes. De hecho, muchos estudios disponibles indican que un indicador menos volátil y, por tanto, más preciso para tal fin, es el deflactor del PIB. De hecho, la tasa interanual del deflactor del PIB se mueve en tasas positivas en los cuatro trimestres de 2013 (véase siguiente gráfico). Por lo tanto, habrá que esperar al dato del deflactor del PIB del primer trimestre del 2014 para ver si mantiene o no la tasa interanual positiva.



Tercer error: La inflación y la deflación no es un fenómeno de corto plazo

Si algo hemos aprendido los economistas es que la inflación o la deflación es siempre y en cualquier lugar un fenómeno monetario en el largo plazo.

¿Cómo se puede prevenir la deflación en la zona euro y en la economía española en particular?

Con un aumento extraordinario y de carácter permanente de la base monetaria de la zona euro (la liquidez), tal y como está aplicando el Banco de Japón con su nueva estrategia de política monetaria de "facilidad monetaria cualitativa y cuantitativa" iniciada en abril de 2013, y que tuvimos ocasión de abordar en otra entrada del Blog.

Por un lado, la política monetaria del Banco Central Europeo (BCE) debe de ser mucho más expansiva, como ya tuvimos de ocasión de explicar en otra entrada del Blog. El BCE debe expandir en mayor medida su balance interviniendo en el mercado monetario de la zona euro con compras masivas de títulos deuda pública y de activos respaldados por hipotecas del sistema bancario.

Por otro lado, el BCE debe influir activamente en la depreciación del tipo de cambio nominal del euro, interviniendo en los mercados de cambio mediante compras masivas de títulos deuda pública de los EE.UU. 

martes, 25 de marzo de 2014

Las fuentes del crecimiento de la productividad de EE.UU., 1948-2012


El Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca acaba de publicar su informe anual 2014 Economic Report of the President. De especial interés resulta el capítulo 5 (y parte del capítulo 1) dedicado a las fuentes del crecimiento de la productividad de EE.UU. desde la década de los 50 hasta la actualidad. En esta entrada del Blog vamos a destacar los hechos más relevantes.

En el cuadro siguiente (hacer clic sobre el mismo para verlo más grande) se muestra las fuentes del crecimiento de la productividad del trabajo sector privado no agrícola de la economía de EE.UU. desde 1948 a 2012.


Bajo el supuesto que la producción agregada se puede representar con una función de producción Cobb-Douglas, podemos descomponer la evolución a largo plazo del crecimiento de la productividad del trabajo - medida por el output por hora trabajada - (Y/H, labor productivity) en la suma de tres componentes: i) el crecimiento de la "calidad" del factor trabajo por hora trabajada, como medida de los cambios en la composición de la fuerza laboral (L/H, composition of labor); ii) el crecimiento de la ratio capital/trabajo o dotación de capital por trabajador (K/H, capital); y iii) el crecimiento de la productividad total de los factores (PTF), en nuestro caso medida por la productividad multifactor (MFP). Recordemos que la PTF aproxima la contribución del progreso técnico al avance del crecimiento de la productividad del trabajo.

Por un lado, merece la pena destacar que en 2012 un trabajador representativo de EE.UU. es cuatro veces más productivo que un trabajador representativo del año 1948 (en concreto 4,21 veces). Por otro lado, se muestra que este crecimiento de la productividad del trabajo se debe en un 10% a la calidad del factor trabajo (fundamentalmente a mayores niveles de educación), en un 38% al aumento de la dotación de capital productivo por trabajador, y nada menos que en un 52% al avance del progreso técnico, es decir, a aquellas innovaciones introducidas en el proceso productivo que provocan que - dada un dotación de capital - el trabajador pueda producir más output por hora trabajada. Y este último factor - la PTF - tiene mucho que ver con la inversión en I+D, tal y como muestra el informe.

En el siguiente gráfico se presenta la evolución del crecimiento de la PTF de EE.UU. en los últimos 60 años en tres períodos claramente divergentes.


En primer lugar, la PTF creció a una extraordinaria tasa media anual del 1,8% en el periodo 1953-1973, impulsada en parte por las inversiones públicas en el sistema de autopistas interestatales y por la comercialización de las innovaciones desarrolladas durante la Segunda Guerra Mundial, como el motor de avión y el caucho sintético, entre otras.

En segundo lugar, la tasa de crecimiento de la PTF se desaceleró considerablemente en el período 1974-1995, al registrar una tasa de crecimiento medio anual de tan sólo un 0,4%. El informe apunta algunas causas de esta desaceleración del crecimiento de la TFP: i) las dos crisis del petróleo de 1973 y 1979, que provocaron una aumento de la inversión en capital de alto consumo de energía y obsoleto; y ii) la entrada masiva en la fuerza laboral de la generación del "baby boom" y del colectivo de las mujeres, con menos experiencia laboral en ambos casos.

Por último, la PTF creció a una tasa media anual más elevada del 1,1% en el último período 1996-2012, impulsada por las grandes mejoras del software y el hardware del sector informático y por el desarrollo del sector de las tecnologías de la información y de las comunicaciones.

Y a esta altura de la entrada del Blog, el lector se podría hacer dos preguntas: ¿Importa tanto la caída del crecimiento anual medio de la PTF del 1,8% del período 1953-1973 al 0,4% del período 1974-1985? ¿No son en ambos casos tasas de crecimiento medio anual muy pequeñas?

La respuesta puede ser sorprendente. Sólo con que la tasa anual media de crecimiento de la PTF del período 1974-1995 hubiera sido un 1% mayor de la que fue (del 0,4 al 1,4%, en lugar del 1,8% del período 1953-1973), el PIB de EE.UU. hubiera sido después de 22 años ¡el 25% más grande del que realmente fue! (aplicando una tasa de crecimiento anual compuesto).

lunes, 17 de marzo de 2014

“Another BRIC in the Wall”: caída de la rentabilidad de las bolsas de los grandes países emergentes, 2010-2014


En economía internacional, se emplea el acrónimo BRIC para referirse conjuntamente a los cuatro grandes países emergentes: Brasil, Rusia, India y China. [1] Sus mercados de valores estuvieron de moda desde el inicio del siglo XXI hasta el comienzo de la crisis financiera internacional de 2007. Pero como toda moda pasajera, pronto se ha desvanecido y la rentabilidad de las mercados de valores de los BRIC ha caído en gran medida desde 2010. La última bolsa en caer en números rojos - y disfrutar de sus 15 minutos de gloria parafraseando a Andy Warhol -  ha sido la bolsa de Rusia. O como dice el título de la canción del disco "The Wall" de Pink Floyd: "Another BRIC in the Wall". 

En el primer gráfico se muestra la rentabilidad acumulada (en %) de las bolsas de valores de los BRIC para el periodo 2010-2014 (hacer clic sobre el mismo para verlo más grande).  La rentabilidad acumulada desde finales de 2009 ha caído significativamente para la bolsa de China (-38,8%), Brasil (-34,4%) y Rusia (-9,7%). Solamente se salva de la quema, por el momento, la bolsa de la India que registra una rendimiento acumulado positivo del +24,9%. Además, la caída de la rentabilidad se ha acentuado desde comienzos de 2014, con una caída del 18% para la Bolsa de Rusia, de un 13% para la bolsa de Brasil y de un 5% para la bolsa de China. En el lado contrario se sitúa la bolsa de la India que registra un ligero avance en su rentabilidad del 3%. [2]


En el segundo gráfico se compara para el periodo 2010-2014 la rentabilidad acumulada de una cesta ponderada (al 25%) de los índices de las cuatro bolsas de los BRIC con la rentabilidad acumulada en el mismo periodo por el índice S&P 500 de la bolsa de Nueva York.


El gráfico muestra un hecho relevante. Si un inversor hubiera invertido a principios de 2010 un montante de 10.000 dólares estadounidenses en la cesta representativa de las bolsas de los BRIC, el pasado viernes 14 de marzo su inversión tendría un valor de 8.550 dólares (sin tener en cuenta variaciones de los tipos de cambio y dividendos recibidos), con una pérdida acumulada en los cuatro años del 14,5%. Si por el contrario el inversor hubiera colocado su dinero en las acciones que componen el S&P 500, su valor acumulado se situaría ahora en 16.800 dólares (sin corregir por dividendos recibidos), con una ganancia acumulada del 68%.

[1] El acrónimo BRICS incluye también en el grupo de grandes países emergentes a Sudáfrica (S).
[2] El FMI prevé una significativa desaceleración del crecimiento económico en términos reales para la economía india para el periodo 2013/19: una media del 5% frente a una media del 8% registrada en el periodo 2005-2012. Ello podría colocar "Another BRIC in the Wall".

viernes, 7 de marzo de 2014

¿A qué edad alcanza un investigador su producción científica de máxima calidad?


El National Bureau Economic Research de EE.UU. acaba de publicar un Documento de Trabajo en el que se aborda la cuestión del nexo entre la edad del investigador y su producción científica de máxima calidad o impacto. [1]

En el primer gráfico (hacer clic sobre el mismo para verlo más grande) se muestra que los ganadores de los premios Nobel y los grandes inventores del siglo XX tuvieron sus mejores aportaciones a la ciencia más frecuentemente alrededor de los 40 años. Además, este desplazamiento hacia los 40 años se ha ido acentuado a medida que avanzaba el siglo XX, tal y como se muestra el segundo gráfico.





Esta evidencia tiene importantes implicaciones para la política científica del Gobierno de España: el Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica y de Innovación debería concentrar más recursos en tres líneas: i) el subprograma de  ayudas para contratos predoctorales para formación de doctores; ii) en el programa de ayudas para la Formación del Profesorado Universitario;  iii) y en la adjudicación de proyectos de I+D+i liderados por jóvenes doctores con una producción científica previa de calidad.
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[1]  Jones, B., Reedy, E.J. y Weinberg, B.A. (2014): "Age and Scientific Genius", NBER Working Paper No. 19866, Cambridge, Massachusetts.

jueves, 27 de febrero de 2014

Ranking 2012 de Facultades de Economía según la producción científica elaborado por Tilburg University

En numerosas tertulias televisivas se sigue menospreciando a la universidad (pública) española, al repetir la conocida frase pronunciada el 13 de abril de 2012 - en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros - por parte el Ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert: "Desgraciadamente, no hay ninguna universidad española entre las 150 mejores del mundo". Pero José Ignacio estaba equivocado - al igual que ahora lo están los tertulianos -, ya que al menos en el área de Economía hay tres universidades (y son universidades públicas).

Una de las divisiones de la empresa Thomson Reuters, Thomson Scientific ISI, se ocupa de elaborar bases de datos de la producción científica a nivel mundial. La más conocida es el Journal of Citation Reports Web, base de datos que ofrece un medio sistemático y objetivo para evaluar de manera crítica las revistas científicas más importantes del mundo. En concreto, JCR Web permite medir la influencia y el impacto de las investigaciones realizadas (a nivel de revistas y por áreas de investigación) y muestra las relaciones entre las revistas que citan y las que son citadas.

El CentER for Research in Economics and Business de Tilburg University (Holanda) ha publicado su tradicional Ranking mundial de Facultades de Economía correspondiente a 2012. El ranking se elabora con los puntos acumulados por cada Facultad en relación al número de artículos publicados en las 70 principales revistas científicas del área de Economía indexadas en la base JCR Web.

En el primer cuadro (hacer clic sobre el mismo para verlo más grande) aparece el ranking de las 100 primeras Facultades de Economía a nivel mundial. El orden viene determinado por la puntuación acumulada por las publicaciones de sus profesores en las revistas científicas escogidas para el período 2005-2012. [1]


El ranking lo encabeza la Universidad de Harvard, EE.UU., con 1264 puntos, mientras que la primera universidad europea es la London School of Economics, Reino Unido, que se sitúa con 613 puntos en el puesto número 10. La sorpresa es que si aparecen tres Facultades de Economía española en el Top 100 mundial: se trata de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, que ocupa el puesto 50 con una puntuación acumulada de 231 puntos (y además cierra el Top 50 mundial), la Universidad Carlos III de Madrid en el puesto 56 (con 220 puntos) y la Universidad Autónoma de Barcelona en el puesto 97 con 153 puntos.

Si ampliamos el ranking tenemos también bien situadas varias Facultades de Economía españolas:
  • En el Top 200 mundial aparecen la Universidad de Alicante en el puesto 168 (con 84 puntos) y la Universidad de Barcelona en el puesto 175 (con 80 puntos). 
  • Y en el Top 300 mundial aparece la Universidad de Valencia en el puesto 237 (con 59 puntos).
En el segundo gráfico aparece el ranking de las 50 primeras Facultades de Economía de Europa. Aquí es donde debería el Ministro Wert y las Universidades españolas centrar sus esfuerzos para escalar más en el ranking europeo.


El ranking europeo lo encabeza la London School of Economics, Reino Unido, mientras que la primera universidad española es lógicamente la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona que se sitúa en el puesto número 16.  Y en el Top 50 europeo también se colocan en puestos destacados la Universidad Carlos III (puesto 17) y la Universidad Autónoma de Barcelona (puesto 36). [2]

Si ampliáramos el rango al Top 100 de Europa entrarían en el mismo la Universidad de Alicante (puesto 60), la Universidad de Barcelona (puesto 64) y la Universidad de Valencia (puesto 91).

En el último gráfico presentamos el ranking de la Facultades de Economía españolas. Las Universidades que no aparecen en el ranking es porque sus profesores no han publicado ni un sólo artículo en las 70 revistas internacionales de prestigio seleccionadas en el periodo 2005-2012.


En el Top 10 español (si excluimos el CEMFI dependiente del Banco de España) hay dos grupos bien diferenciados: las Facultades de Economía que jugarían la "UEFA Champions League" en Europa (Universidad Pompeu Fabra, Universidad Carlos III y Universidad Autonóma de Barcelona) y las que jugarían la "UEFA Europa League" (Universidad de Alicante, la Universidad de Barcelona y la Universidad de Valencia). La distancia entre los dos grupos de excelencia está aumentando con el tiempo, pero también es verdad que la distancia entre el segundo grupo y el resto de Facultades de Economía españolas aún se ha ampliado más.

El Ministro Wert incluyó en el Real Decreto-ley 14 /2012, de 20 de abril, de medidas urgentes de racionalización del gasto público en el ámbito educativo una medida que va en la buena línea de premiar la excelencia de los profesores que dedican parte de su tarea universitaria a la investigación, y que la misma es reflejada en la publicación en revistas revistas científicas del área de Economía indexadas en la base JCR Web y que es, en última instancia, ya recompensada económicamente con la obtención del complemento de productividad de la actividad investigadora (sexenio) otorgado por la Comisión Nacional Evaluadora de la Actividad Investigadora (CNEAI) dependiente del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Esta medida "discriminatoria" positiva premia a los profesores con éxito probado en su producción científica y se concreta ahora en la reducción horaria de la actividad docente respecto a los que no han dedicado parte de su tarea universitaria a la actividad investigadora. En concreto, en el Real Decreto-ley se establecen tres grupos:
  • La dedicación docente se establece como máxima en 16 créditos [3] para los Catedráticos de Universidad con cuatro o más sexenios de investigación (estando el último en vigor) y al resto de profesores universitarios funcionarios con tres o más sexenios de investigación (estando el último en vigor). 
  • La dedicación docente aumentará como máximo a 32 créditos para cualquier profesor universitario funcionario que no haya sometido a evaluación el primer período de seis años de actividad investigadora, que haya obtenido una evaluación negativa de dicho período, o que hayan transcurrido más de seis años de la última evaluación positiva.
  • Finalmente, en el resto de casos la actividad docente queda fijada como hasta ahora, un máximo de 24 créditos.
Esta debe ser la primera medida incentivadora, pero no la última de una amplia lista. Las próximas podrían ser las siguientes:  i) aumentar en gran medida la retribución asignada a los complementos de productividad de la actividad investigadora o sexenios (y con mayor cuantía para cada tramo acumulado); ii) establecer el distrito único universitario nacional, para que los mejores alumnos vayan a las mejores universidades (con becas de movilidad generosas). Ello implicaría una competencia entre universidades para captar a los mejores alumnos; iii) establecer que solamente las universidades con carácter más investigador impartan estudios de postgrado (Máster y Doctorado). Para tal fin, bastaría con exigir determinado número de sexenios de investigación al conjunto (y también individualmente) de los profesores que vayan a impartir su docencia en postgrado; iv) reducir el número de años de los Grados (de los cuatro actuales a tres como ocurre en la mayoría de los países de la Unión Europea) para liberar recursos con el objetivo último de establecer titulaciones de postgrado de mayor calidad. [4]

Afortunadamente, no todas las Facultades de Economía (y los profesores universitarios de la disciplina de Economía y de la disciplina de Empresa) son iguales y, por lo tanto, no deberían ser tratados casi por igual. Las diferencias salariales derivadas del plus de productividad investigadora que otorga la CNEAI (básicamente publicaciones en artículos de la base de datos utilizada para elaborar el ranking) son ridículas. El "café para todos" tan típicamente español debería ser "cortado". Pero eso es otra historia.

Parafraseando a Bill Clinton: “it’s about the incentives, stupid” (¡se trata de los incentivos, estúpido!).
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[1] En el mundo hay 11992 universidades.
[2] En Europa hay más de 5854 universidades.
[3] Una asignatura en un Grado tiene normalmente 6 créditos.
[4] Sólo España, Chipre, Turquía y Eslovenia están aplicando unos Grados de cuatro años y un Máster de uno (lo que se le conoce como 4+1), el resto de las universidades europeas han adaptado sus títulos a tres años de Grado y dos de Máster (3+2), dándole un mayor protagonismo a la especialización de lo que se le otorga en España.

jueves, 20 de febrero de 2014

La desaceleración del crecimiento económico (real y potencial) de la economía de China


La desaceleración reciente del crecimiento económico real de la economía de China es una amenaza para la recuperación de la economía mundial. En esta entrada del Blog mostramos cómo esta desaceleración tiene que ver con la caída del producto potencial desde el inicio de la crisis financiera internacional y describimos que factores pueden estar detrás de este cambio estructural del crecimiento económico.

En el primer gráfico (hacer clic sobre el mismo para verlo más grande) se puede observar como la tasa de crecimiento real media anual de China fue del 13% en el periodo 2003-2007, descendió a un 10% en el periodo 2008-2010, y ha vuelto a caer alrededor del 8% en el periodo 2011-2013.


El crecimiento potencial de una economía es una de las variables más relevantes para el análisis macroeconómico y, en particular, para la toma de decisiones de política económica. Cuestiones tan importantes como la posición cíclica de la economía o la valoración de la orientación de las políticas macroeconómicas (especialmente la política fiscal) no pueden ser abordados si no se dispone de una estimación fiable de esta variable. Sin embargo, cabe señalar que el producto potencial no puede observarse directamente, sino que debe deducirse de los datos económicos existentes, utilizando diversos métodos estadísticos y econométricos.

El término "crecimiento tendencial o potencial" se puede definir en macroeconomía de tres maneras alternativas:

(1) "crecimiento tendencial": una estimación puramente estadística de la tendencia de los datos del PIB real. El PIB real se descompone en los componentes cíclicos y los componentes tendenciales.

(2) "crecimiento potencial": se trataría de la tasa de crecimiento compatible con la tasa natural de desempleo y una tasa de inflación estable. En este caso, el "crecimiento potencial" se deriva de la relación macroeconómica que relaciona la tasa de inflación y el "output-gap".

(3) "crecimiento potencial": se estima la tasa de crecimiento potencial a largo plazo dada la capacidad productiva de la economía: los inputs de la economía (capital físico, trabajo y capital humano) y la tecnología.

La estimación del producto potencial de una economía puede realizarse a partir de diferentes metodologías que, fundamentalmente, pueden clasificarse en tres grupos:

i) Metodologías que utilizan procedimientos estadísticos para estimar la tendencia de la producción de la economía descontando los factores cíclicos ("statistical filters"): a) la aplicación de filtros estadísticos puros como el filtro de Hodrick y Prescott, de Baxter-King y de Christiano-Fitzgerald; b) la aplicación de modelos univariantes y bivariantes de "espacios de estado" que utilizan el filtro de Kalman. En este caso, se estima directamente (1).

ii) Metodologías que utilizan multi-filtros y que se apoyan en un modelo macroeconómico ("model-based"). En este caso, se combina la estimación de (1) y (2) y se obtienen valores del "crecimiento tendencial" compatibles con otras variables macroeconómicas, tales como la tasa de inflación y la NAIRU (tasa de desempleo no aceleradora de la inflación).

iii) Metodologías que se basan en utilizar una función de producción para estimar el "crecimiento potencial", según la definición (3) ("production function"). En concreto, se estima una función de producción Cobb-Douglas que incluye el capital físico, el factor trabajo, el capital humano y un término que mide la productividad total de los factores (FTP o TFP de sus siglas en inglés), es decir, aquella parte del crecimiento del producto que no viene explicado por la evolución del factor trabajo, el capital humano y el capital físico y que, en última instancia, tiene que ver con la eficiencia con la que los inputs son utilizados y con el progreso tecnológico.

En el trabajo reciente del FMI (Anand, Cheng, Rehman y Zhang, 2014) se presentan estimaciones del crecimiento potencial de los algunos países emergentes del Este de Asia, incluida China, para el periodo 1994-2013.  Las estimaciones del "crecimiento potencial" se basan en las tres metodologías descritas anteriormente.

En el siguiente gráfico se observa claramente como el crecimiento potencial de China se ha reducido significativamente desde el inicio de la crisis financiera internacional de 2008. Estos resultados se confirman para los tres métodos de estimación (se incluye en el gráfico también la media de los tres métodos).


En los dos siguientes gráficos se presenta la descomposición del crecimiento potencial de China en sus diferentes componentes: a) factor trabajo; b) capital físico; c) capital humano; y d) productividad total de los factores.

Destacar que la significativa desaceleración del crecimiento potencial de China iniciado en 2008 parece haber sido impulsada en gran parte por la importante desaceleración del crecimiento de la PTF. Los resultados del estudio apuntan que esta desaceleración de la PTF podría estar relacionada con la caída del grado de utilización de la capacidad productiva de la economía china.




¿Qué otros factores podrían estar impulsando la desaceleración del crecimiento económico real y potencial de China?

Por un lado, un estudio reciente (Nabar y N'Diaye, 2013) muestra que el crecimiento de China se ha desacelerado a pesar de los altos niveles de crecimiento de la inversión en capital productivo y del crédito. Esto implicaría la disminución de la tasa de rentabilidad de la inversión y una mala asignación de recursos productivos. El estudio pone en duda el actual modelo de crecimiento "extensivo" (modelo basado en la acumulación de capital) y sugiere que una falta de adaptación de este modelo podría eventualmente dar lugar a nuevos desequilibrios macroeconómicos y financieros y una mayor desaceleración del crecimiento potencial. 

Por otro lado, los factores demográficos también pueden estar teniendo una influencia negativa en el crecimiento potencial a largo plazo de China.

Por un lado, la influencia negativa demográfica sobre el crecimiento potencial vendría directamente a través de la caída de la tasa de crecimiento de la población en edad de trabajar (entre 15 y 64 años), tal y como muestran los datos del cuadro y del gráfico siguientes:



Por otro lado, la influencia negativa demográfica sobre el crecimiento potencial vendría indirectamente a través del aumento de la tasa de dependencia (ratio entre la población de 0-14 años y más de 65 años respecto a la población en edad de trabajar) - que podría provocar una caída de la tasa de ahorro -, tal y como se puede observar en las cifras para China del siguiente gráfico:


¿Cómo podría revertirse la tendencia de la desaceleración del crecimiento potencial de China? 

Por el lado de la demanda, muchos economistas respaldan el paso de un crecimiento liderado por la inversión a un crecimiento impulsado por el consumo privado. Aún más popular es la recomendación por el lado de la oferta, respecto al cambio de un crecimiento "extensivo" a un crecimiento "intensivo", es decir, el paso a un modelo basado en la acumulación de capital a un modelo impulsado por mejoras en la eficiencia, medidas por la PTF. En esta línea resulta imprescindible el aumento de la competencia en los mercados, una mejora en la asignación del crédito a las empresas y una reforma del sector servicios, especialmente en las telecomunicaciones y en el sistema de salud.

Finalmente, el FMI ha estimado en un reciente informe (IMF, 2013) la posible incidencia de la desaceleración del crecimiento de China sobre los países exportadores de productos básicos. En el siguiente gráfico se presenta el impacto en los ingresos por exportaciones en los principales países exportadores  de productos básicos (en % del PIB y ajustado por la PPA) de la desaceleración de la economía China en el horizonte 2025.


El país más perjudicado es Mongolia con una caída del 7% de sus ingresos de exportaciones (en % del PIB) por la caída de las importaciones chinas de carbón, mineral de hierro y cobre. Además de los países exportadores de petróleo, tienen efectos "spillovers" negativos de la desaceleración económica de China, países como Australia, Chile, Brasil e Indonesia.
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Anand, R., Cheng, K.C., Rehman, S. y Zhang, L. (2014): "Potential Growth in Emerging Asia", IMF Working Paper WP/14/2, International Monetary Fund, Washington, D.C.

IMF (2013): "Commodity Market Review", World Economic Outlook, october, International Monetary Fund, Washington, D.C.

Nabar, M. y N’Diaye, P. (2013): “Enhancing China’s Medium-term Growth Prospects: The Path to a High-Income Economy”, IMF Working Paper 13/204, International Monetary Fund, Washington, D.C.

jueves, 6 de febrero de 2014

La política monetaria del BCE debe de tomar el relevo a la política fiscal restrictiva


Las políticas de excesiva "austeridad" fiscal continúan pasando factura al crecimiento económico en España y en el resto de países de la zona euro. Los posibles efectos negativos sobre el crecimiento económico provocados por rápidas reducciones de los déficit públicos - conocidos como "ajustes fiscales" o "procesos de consolidación fiscal" - están de máxima actualidad en muchos países de la OCDE y, especialmente, en el caso de la Eurozona.

Los resultados de las políticas de austeridad fiscal aplicadas en la Eurozona son claras. Todos los países que se sometieron a este "tratamiento" están en peor situación en términos de empleo y de riqueza que en el inicio de los programas de ajuste gestionados por la llamada "troika": Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo (BCE).

En 2009 y 2010 los economistas estábamos debatiendo sobre la eficacia de los paquetes de estímulos fiscales introducidos en 2008 y 2009 para contrarrestar los efectos negativos de la crisis económica. El enfoque mayoritario era entonces que los procesos de consolidación fiscal serían "expansivos" en el medio plazo (estimularían el crecimiento económico) a través de los denominados efectos no keynesianos. En síntesis, los efectos no keynesianos se generan por un cambio en las expectativas sobre los impuestos futuros (gastar supone aumentar los impuestos, hoy o mañana). Al reducirse los impuestos esperados en el futuro, el consumo y la inversión aumentan en el momento actual y, en última instancia estimulan el crecimiento y el empleo. [1]

Las cifras de evolución económica del periodo 2008-2013 han puesto de manifiesto el fracaso de la hipótesis de la política de consolidación fiscal “expansiva”, especialmente en la Eurozona. Por ello, el debate académico se ha trasladado en los últimos tiempos justo en sentido contrario: de los efectos no keynesianos (positivos) a los efectos keynesianos (negativos, vía multiplicadores fiscales) de la política fiscal. Ahora se debate si las consolidaciones o ajustes fiscales "excesivos" y persistentes tienen un efecto negativo a medio y largo plazo sobre el crecimiento económico y el empleo.

En este línea, existen en la literatura económica reciente sólidos argumentos teóricos que indican que cuando los tipos de interés nominales se mantienes constantes y en niveles cercanos a cero, el banco central no es ya capaz de amortiguar los efectos negativos de la caída en el gasto público, lo que implica que el efecto multiplicador negativo sobre el output de la política fiscal restrictiva puede ser muy elevado [2].

Centrémonos en el caso particular de la Eurozona.

Por un lado, el fracaso de la política fiscal restrictiva en la Eurozona tiene mucho que ver con la falta de una política monetaria de acompañamiento "suficientemente" expansiva del BCE.

En primer lugar, la inyección de liquidez del BCE a través de la estrategia de expansión del balance (denominada política monetaria no convencional) en la Eurozona no ha sido suficiente ni eficaz para estimular el crédito al sector privado, el crecimiento económico y el empleo. 

Como se puede observar en el gráfico (hacer click sobre el mismo para verlo más grande), hay una diferencia muy notable entre el comportamiento de la Reserva Federal de EE.UU. y el Banco de Inglaterra respecto al BCE. Desde enero de 2007, la Reserva Federal de EE.UU. y el Banco de Inglaterra han multiplicado su balance por 4,45 y 4,75 veces, respectivamente, como consecuencia de una clara, contundente y decidida política de compra de activos al sector bancario (deuda pública y activos respaldados por hipotecas). Mientras tanto, el BCE sólo ha duplicado su balance y, lo que es más llamativo, su tamaño es hoy igual al de noviembre de 2011, fecha en la que Mario Draghi toma posesión como Presidente del BCE.


En segundo lugar, el BCE ha sido excesivamente "fiel" a su objetivo único de estabilidad de precios. 

Esta actitud contrasta con el comportamiento de la Reserva Federal de EE.UU. y del Banco de Inglaterra cuyo objetivo es dual (estabilidad de precios y  apoyo a la política económica del gobierno, incluyendo sus objetivos de crecimiento y empleo). De hecho, en los siguientes gráficos se puede observar como se sigue manteniendo la tasa de inflación de la Eurozona claramente por debajo del objetivo del 2% (+0,8% en tasa interanual frente al +1,5% en EE.UU.; diciembre 2013), cuando la tasa de desempleo alcanza cifras récord desde comienzo de la crisis financiera internacional (12,1% frente al 6,7% en EE.UU., escala de la izquierda del gráfico; diciembre 2013), y la tasa de crecimiento continúa en tasas negativas (-0,3% frente al +3,2% de EE.UU.; tercer trimestre y cuarto trimestre de 2013, respectivamente).






Una política monetaria más expansiva por parte del BCE que hubiera generado más inflación hubiera tenido efectos más positivos sobre la economía. En primer lugar, habría reducido los costes laborales reales en los países periféricos, incluida España. En estos países, la presencia de un elevada tasa de desempleo ha inducido a aumentos moderados de los salarios nominales, por lo que una mayor tasa de inflación habría reducido también los salarios reales, los costes laborales unitarios reales y, en última instancia, hubiera aumentando la competitividad exterior. En segundo lugar, la mayor tasa de inflación habría ayudado al proceso de desapalancamiento de las economías, vía la reducción del valor real de los stock de deuda pública, y de los stock de deuda del sector privado (sistema bancario, hogares y empresas no financieras).

En tercer lugar, la política monetaria "moderadamente" expansiva del BCE no ha propiciado la depreciación nominal y real del tipo de cambio del euro y, por lo tanto, un aumento de la competitividad exterior del economía de la Eurozona, factor clave para dotar de un mayor impulso a las exportaciones.

En los gráficos siguientes podemos observar como el tipo de cambio nominal del euro con el dólar y la libra esterlina, el tipo de cambio efectivo nominal del euro y el tipo de cambio efectivo real del euro (con el conjunto de los 21 países con los que más  realiza intercambios comerciales), se sitúan en la actualidad en los mismos niveles de comienzos de mediados de 2008, y de comienzos de 2010 en los dos últimos casos.






Por otro lado, la falta de recuperación económica de la Eurozona tiene mucho que ver también con los errores cometidos por el BCE en el proceso de reestructuración bancaria del periodo 2009-2011.

Muchos analistas pensamos que los problemas de crecimiento y empleo de la Eurozona se vieron agravados por las primeras "pruebas de resistencia" o "tests de estrés" al sistema bancario europeo realizadas en 2009 y 2011. Al final de este proceso pocas entidades bancarias quebraron y aumentaron la ratio capital-activos, vía el crecimiento moderado del capital y de una caída en mucha mayor medida de los activos. Este comportamiento provocó, en última instancia, una contracción del crédito al sector privado que no ha ayudado a la recuperación de las economías de la Eurozona, especialmente las periféricas (véase la caída del crédito a las empresas no financieras y a los hogares en los dos siguientes gráficos, respectivamente).





Agotada la política fiscal restrictiva en la Eurozona por sus efectos perversos sobre el crecimiento económico y el empleo, sólo cabe esperar que la política monetaria del BCE tome el relevo.

La nueva estrategia monetaria del BCE se sustentaría en:

1) Introducir nuevas medidas de política monetaria no convencional que expandan en mayor medida el balance el BCE y la liquidez de la Eurozona: a) volver a utilizar el programa de Operaciones de Financiación a más Largo Plazo (OFMLP o por sus siglas en ingles LTRO); b) poner en marcha el programa previsto de Operaciones Monetarias Directas (OMD) para compra de títulos de deuda pública. Este instrumento no se ha utilizado todavía, pero el efecto del anuncio de este programa, en septiembre de 2012, consiguió rebajar la prima de riesgo y romper el círculo vicioso de la deuda pública de Italia y España; c) aprobar un nuevo Programa de Mercado de Valores (PMV) en el que inicie una compra masiva de activos respaldados por hipotecas, a semejanza de lo realizado por la Reserva Federal y, en menor medida, por el Banco de Inglaterra.

2) Propiciar un aumento de la tasa de inflación para ayudar al proceso de desapalancamiento de las empresas no financieras, sistema bancario y hogares.

3) Propiciar la depreciación nominal del euro en los mercados de cambios, e indirectamente la depreciación real del euro, con la relajación del objetivo de inflación. El objetivo sería impulsar las exportaciones de la Eurozona, especialmente la de los países periféricos.

4)  Relajar las condiciones de los nuevos test de estrés de los bancos de la Eurozona (las pruebas se realizarán entre marzo y octubre de 2014), impidiendo que se incluya la totalidad de la deuda pública de la cartera de las entidades bancarias en los activos de riesgo. Un aumento excesivo de las necesidades de nuevo capital podría llevar a otra crisis bancaria, a otro rescate bancario y a un nuevo frenazo al crédito al sector privado por un largo periodo de tiempo.

5) Aprobar la introducción de un mecanismo cercano al Esquema de Financiación del Crédito (Funding for Lending Scheme, FLS por sus siglas en inglés), acordado entre el Banco de Inglaterra y el Tesoro británico para el programa fomentar el crédito en la economía británica. Desde su introducción en julio de 2012, el FLS ha contribuido a una fuerte reducción de los costes de financiación de los bancos y las sociedades de crédito. Esto ha llevado a una reducción de los costes de los préstamos y a un aumento de la disponibilidad de crédito para hogares y empresas no financieras del Reino Unido. Su reciente renovación que se extiende hasta enero de 2015 incluye el apoyo a los créditos a la pymes.

6) Cobrar tasas negativas para los depósitos de las entidades bancarias "ociosos" en el BCE. Esta medida sería muy conveniente para impulsar el crédito al sector privado no financiero de la Eurozona.

Si el BCE no cambia radicalmente su política monetaria y la economía española no crece a medio plazo por encima del 2-3%, la aritmética de la deuda pública y de la deuda exterior es insostenible y nos veremos abocados al impago de la deuda. Y en este sentido ya ha aparecido un aviso serio para navegantes: el Bundesbank propone en su último boletín de enero que los países europeos que atraviesan dificultades financieras, en lugar de pedir ayuda a los contribuyentes de los países europeos más ricos como Alemania (a través de los rescates previstos en la Eurozona), se "espabilen" recaudando dinero entre los sectores más adinerados de su propio país (“un pago único y extraordinario del impuesto sobre el capital nacional”).

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[1] Sobre los efectos no keynesianos de los procesos de consolidación fiscal puede verse los trabajos de:

Alesina, A. y Ardagna, S. (1998): "Tales of fiscal adjustments", Economic Policy, 13, 487-545.
Alesina, A. y Ardagna, S. (2010): "Large Changes in Fiscal Policy: Taxes versus Spending", Tax Policy and the Economy, 24, 35-68.
Alesina, A. y Ardagna, S. (2012): "The Design of Fiscal Adjustments", Department of Economics, Harvard University, mimeo.
Alesina, A., Favero, C. y Giavazzi, F. (2012): "The output effect of fiscal consolidations", NBER Working Paper No. 18336.
Alesina A. y Perotti, R. (1995) “Fiscal Expansions and Adjustments in OECD Countries”, Economic Policy, No. 21, 207-247.
Giavazzi, F. y Pagano, M. (1990): "Can Severe Fiscal Contractions Be Expansionary? Tales of Two Small European Countries", NBER Macroeconomics Annual 1990, 5, 75-122.
Perotti, R. (2013): "The Austerity Myth: Gain without Pain?", en A. Alesina y F. Giavazzi (eds.), Fiscal Policy After the Great Recession, University of Chicago Press and NBER, forthcoming.

[2] Sobre el aumento de los valores de los multiplicadores fiscales desde el inicio de la crisis financiera internacional, véase entre otros:

Christiano, L. , Eichenbaum, M. y Rebelo, S. (2011): "When Is the Government Spending Multiplier Large?”, Journal of Political Economy, Vol. 119, No. 1, pp. 78.121.
Eggertsson, G. y Woodford, M. (2003): “The Zero Interest-rate Bound and Optimal Monetary Policy", Brookings Papers on Economic Activity, 1, pp. 139-233.

jueves, 23 de enero de 2014

It’s tax expenditure, stupid! (¡Es el gasto fiscal, estúpido!)


El Comité de Expertos (o los llamados "sabios fiscales") designado por el ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristobal Montoro, para la reforma del sistema tributario español ya ha ultimado su documento de propuestas. Y como era de esperar el documento ya circula por doquier antes de que se lo presenten oficialmente al ministro. Esta Comisión, presidida por Manuel Lagares (catedrático jubilado de Hacienda Pública y Sistemas Fiscales de la Universidad de Alcalá), recomienda una profunda reforma fiscal, que pasa por reducir la tributación directa, aumentando las bases y rebajando tipos, y compensar las rebajas con aumentos en la tributación indirecta.

Sin entrar ahora si resulta conveniente sustituir imposición directa por indirecta, en esta entrada del Blog me voy a centrar en destacar lo que no propone a fondo el borrador de documento (presuntamente filtrado por algún miembro de la Comisión y que se debería presentar formalmente a finales de febrero): la eliminación de la mayor parte de los gastos fiscales.

Recordemos que los llamados gastos fiscales o tributarios (tax expenditures en inglés) son el conjunto de deducciones, exenciones, desgravaciones, reducciones e incentivos de las distintas figuras tributarias (IVA, IRPF e impuesto de sociedades, fundamentalmente) que representan un importante coste en términos de recaudación impositiva y que en la mayoría de los casos tienen  efectos perversos negativos sobre la equidad y la eficiencia impositiva. De hecho, la eliminación de una parte sustancial de los gastos fiscales tendría cuatro efectos positivos: (1) No aumentarían los tipos impositivos marginales; (2) No reducirían los incentivos al ahorro o a la inversión productiva del sector privado; (3) Aumentaría la eficiencia económica al eliminarse numerosos incentivos fiscales que distorsionan las decisiones de ahorro y de inversión del sector privado; y (4) Se reduciría sin duda la excesiva complejidad de la estructura tributaria y aportaría, en última instancia, mayor transparencia impositiva.

En el cuadro adjunto que se presenta en tres partes (hacer clic sobre los mismos para verlos más grandes) se representa la pérdida de recaudación impositiva de los gastos fiscales en % del PIB de España. Las cifras son las oficiales que aparecen en la "Memoria de Beneficios Fiscales" de los Presupuestos Generales del Estado para 2014.




Como puede observar el lector, la lista es interminable y de los más variopinta. 

La pérdida de recaudación impositiva de los gastos fiscales alcanza tan sólo en 2014 los 38.360 millones de euros, lo que representa un 3,83% del PIB de España, desglosado en 15.513 millones de euros del IRPF, 1410 millones de euros del Impuesto de la Renta de no residentes, 3309 millones de euros del impuesto sobre sociedades, 16.628 millones de euros del IVA, 584 millones de euros del impuesto sobre las primas de seguros y 826 millones de euros de los impuestos especiales.

De todo ese conjunto de gastos fiscales que deja de recaudar el Estado, la única propuesta de eliminación que se ha filtrado a la prensa es la eliminación de la deducción de la cuota del IRPR por inversión en vivienda habitual, que representa solamente 1785 millones de euros (un 4,5% del total de gastos fiscales), y cuya propuesta de retroactividad podría ser de dudosa legalidad.

Para destacar la importancia relativa de esta pérdida de recaudación de los gastos fiscales (38.360 millones de euros), pensemos que esta cifra representa el 64% del ajuste que han realizado las AA.PP. españolas en el déficit público en el periodo 2009-2012 (60.000 millones de euros), y más del doble del ajuste fiscal previsto para el periodo 2012-2015 (15.000 millones de euros).

Yo me atrevería a aconsejar al profesor Montoro que alargara el mandato de la Comisión para que la misma profundizará en la racionalización de los gastos fiscales del sistema tributario español. Su principal tarea sería la de poner a cero el contador de todos los gastos fiscales, es decir, del conjunto de deducciones, exenciones, desgravaciones, reducciones e incentivos de las distintas figuras tributarias y proponer su racionalización, incluyendo las estatales como las autonómicas (en este caso del IRPF en su tramo autonómico). Me gustaría que en el informe final que entreguen al Ministro aparezca un estudio para cada uno de los gastos fiscales que evalúe sus efectos en términos de equidad y de eficiencia. En caso contrario, la Comisión habrá servido sólo para justificar el intercambio de imposición directa por indirecta, tal y como proponía en su programa electoral el actual Gobierno.

La racionalización del complejo entramado de los gastos fiscales del sistema tributario español generaría, al menos, cinco efectos positivos: (1) el aumento de la equidad impositiva; (2) el aumento de la eficiencia económica; (3) la reducción de la creciente desigualdad de las rentas; (4) la simplificación de la estructura impositiva y el fomento de la transparencia; y (5) la generación de ingresos adicionales necesarios para apoyar el ajuste fiscal para el periodo 2014-2020, sin necesidad de subida de impuestos o de reducciones adicionales en algunos programas de gasto, especialmente en la inversión en infraestructuras.

Para justificar mi propuesta recordemos que el Presidente El presidente Obama creó en febrero de 2010 una Comisión mixta de senadores y congresistas - The National Comission on Fiscal Responsability and Reform- cuya misión principal era proponer una reforma fiscal (tanto de los gastos como de los impuestos) en profundidad, con el objetivo último de reducir a medio y largo plazo el abultado déficit presupuestario y el stock de deuda de los EE.UU. La Comisión presentó su informe final en diciembre de 2010 con un conjunto de recomendaciones para equilibrar el presupuesto federal (excluyendo el pago de intereses del stock de deuda pública) para el año 2015. Dentro de una extensa lista de cambios en los gastos e ingresos públicos, destaca justamente la propuesta de eliminación sustancial (y simplificación) de los gastos fiscales, ingresos adicionales que se dedicarían a reducir el déficit público.

En el siguiente gráfico podemos observar como los gastos fiscales reducen la equidad del sistema tributario de EE.UU., ya que el valor de las deducciones, exenciones y exclusiones impositivas aumenta a medida que lo hace el ingreso del hogar. De hecho, en el gráfico se puede ver como los gastos fiscales benefician fundamentalmente a los hogares del quintil más alto y al 1% de los hogares con más ingresos. Y esto no resulta sorprendente, ya que las familias norteamericanas de mayores ingresos son las que, en general, se compran una casa, envían a sus hijos a la universidad, ahorran para la jubilación con planes de pensiones y contribuyen generosamente a causas benéficas. Y la eficiencia queda también en entredicho ya que el Gobierno estaría dedicando una cantidad significativa de recursos tributarios (que podría dedicar a otros programas de gastos) para subsidiar decisiones del sector privado que se habrían producido de todos modos, mientras que en la práctica se excluyen a las familias de menores ingresos que serían mucho más sensibles a estos incentivos fiscales.



Finalmente, también me gustaría ver este gráfico para la economía española en el Documento Final de la Comisión de Expertos.