Por un lado, el Comité Federal de Mercado Abierto (Federal Open Market Committee) de la Reserva Federal de EE.UU. fija en sus reuniones periódicas la tasa “objetivo único específico” o (Federal Funds Rate Range, FFRR) en las que pueden negociar las instituciones depositarias en el mercado de fondos federales.
Por otro lado, la tasa efectiva de los fondos federales (Efective Federal Funds Rate, EFFR) se calcula como la media de los tipos de interés de los préstamos de fondos federales ponderada por el volumen de las transacciones de fondos federales del día.
La hoja de ruta de la Fed en 2026: Del desacuerdo interno a la cautela unánime por el frente geopolítico
Para entender el momento actual, hay que recordar cómo empezó el año. En enero, el consenso de la Fed se resquebrajó con una votación de 10 a 2, donde los gobernadores Stephen I. Miran y Christopher J. Waller exigieron un recorte inmediato de tipos de 25 puntos básicos. Sin embargo, el panorama cambió drásticamente en marzo. El estallido del conflicto en Oriente Medio sacudió los mercados con un repunte vertical en los precios de la energía y los combustibles, obligando a los disidentes a replegarse. Para las reuniones de marzo y abril, el Comité recuperó la unanimidad absoluta: 12 votos a favor de mantener las tasas estables. La urgencia por bajar los tipos se disipó ante el temor colectivo de que las tensiones internacionales reavivasen las presiones inflacionistas.
El análisis secuencial de las actas revela una transición clara en las expectativas de actuación futura. En enero y marzo, el debate se centraba en cuándo iniciar la flexibilización, y las encuestas de mercado proyectaban con optimismo hasta dos bajadas de tipos para la primera mitad del año. Sin embargo, los datos y eventos acumulados hasta abril han obligado a los inversores y al propio Comité a retrasar el calendario. Ahora, las actuaciones previsibles apuntan a una pausa mucho más prolongada de lo previsto, postergando cualquier movimiento para la segunda mitad del año. Es más, el ala más dura del Comité (hawks) ha dejado constancia de que, si la inflación se estanca debido al impacto cruzado de los aranceles sobre los bienes principales (core goods) y los costes energéticos, no dudarán en proponer ajustes al alza (subidas de tipos).
Detrás de este blindaje de la Fed hay tres indicadores macroeconómicos clave que justifican su inacción:
Inflación dualizada: Mientras que los precios de los servicios y la vivienda muestran una moderación sostenida, la inflación subyacente de los bienes se mantiene rígida por los aranceles, y el IPC general se ve amenazado por la volatilidad del petróleo provocada por el conflicto en Oriente Medio.
Mercado laboral en equilibrio: La tasa de desempleo se ha estabilizado en torno al 4,4%. El mercado ya no está sobrecalentado, pero sigue siendo robusto: la creación de empleo es moderada y los salarios nominales están creciendo a un ritmo más lento, lo que reduce los riesgos de una espiral salarios-precios.
Crecimiento económico sólido: A pesar de los tipos restrictivos, el PIB real sigue expandiéndose a un ritmo firme, respaldado por un consumo privado resiliente y una fuerte inversión empresarial en tecnología (pese a los temores iniciales reflejados en marzo sobre disrupciones de la IA en ciertos modelos de negocio).
La conclusión para los próximos meses es una "ultra-dependencia de los datos". Con una economía que resiste y un mercado laboral que no se destruye, la Fed cuenta con el margen necesario para mantener la cautela. El banco central prefiere pecar de paciente antes que arriesgarse a recortar el precio del dinero prematuramente en un mapa global volátil e impredecible. La puerta a las bajadas sigue abierta, pero el umbral para cruzarla exige ahora certezas geopolíticas que el mundo, de momento, no puede garantizar.
La tasa de interés de los fondos federales implícita de la Regla de Taylor
En relación a la Regla de Taylor, John B. Taylor, catedrático de Economía de Stanford University, California, EE.UU., propuso en un seminal trabajo de 1993 una regla monetaria para establecer cambios en los tipos de interés de los fondos federales en función de la desviación de la producción real actual respecto a la producción real potencial y de la desviación de la inflación actual del objetivo de inflación, tal y como se puede ver en la siguiente expresión: [4]
i = π + 0,5 (y – y*) + 0,5 (π – π*) + r [a]
donde i es el tipo de interés nominal a corto plazo y objetivo de la Política Monetaria derivada de la Regla de Taylor (en nuestro caso, la tasa de interés de los fondos federales); y es la tasa de variación del PIB real; y* es la tasa de variación del PIB potencial, (y-y*) es el "output gap"; π es la tasa de inflación actual (medida por la variación del deflactor del PIB); π* es la tasa de inflación objetivo de la Reserva Federal (en nuestro caso el 2%); y r es la tasa de interés real de equilibrio (de estado estacionario) o r-star, en el caso de la economía de EE.UU. el 2%.
Recordemos que la tasa de interés real neutral es consistente con una inflación igual al nivel objetivo de inflación y un crecimiento real igual al crecimiento potencial a largo plazo. Además, la tasa de interés real de equilibrio no se ve afectada por la política monetaria, sino que está impulsada por factores fundamentales de la economía, incluida la demografía y el crecimiento de la productividad, los mismos factores que impulsan el crecimiento económico potencial. Por último, la tasa de interés real neutral y el PIB potencial a largo plazo pueden variar con el paso del tiempo.
Teniendo en cuenta los dos datos fijos, la regla de Taylor quedaría finalmente como:
i = π + 0,5 (y – y*) + 0,5 (π – 2) + 2 [b]
Desde el punto de vista práctico, por ejemplo, si la economía de EE.UU. mantuviera una tasa de crecimiento real del +1%, el crecimiento potencial fuera del +3% y la tasa de inflación fuera del +0,5%, la tasa de inflación neutral fuera del 2% (objetivo de la Reserva Federal), la Regla de Taylor sugeriría que la Reserva Federal debería fijar unos tipos de interés de los fondos federales del +0,75%.
¿Son necesarias subidas de los tipos de interés de los fondos federales para reducir la tasa de inflación actual y doblegar las expectativas de la inflación futura?
En los siguientes gráficos (hacer clic sobre los mismos para verlos más grandes) se muestra la evolución de la tasas de interés de fondos federales efectivos (línea roja) y las tasas de interés implícitas de la Regla de Taylor (el tipo de interés que se fijaría de seguirse la Regla de Taylor de la ecuación [b], línea azul) para el periodo 1954-2026 (último dato abril), y desde abril de 2016 hasta abril de 2026.
La historia de esta desconexión comenzó a gestarse mucho antes de la Gran Recesión. Tras el estallido de la burbuja tecnológica de las puntocom y los atentados del 11 de septiembre, la Fed redujo agresivamente el precio del dinero. Durante el periodo de 2001 a 2006, los tipos oficiales se mantuvieron sistemáticamente por debajo de lo que recomendaban todas las versiones de la Regla de Taylor, que sugerían tasas de entre el 3% y el 4% mientras la autoridad monetaria las congelaba cerca del 1%. Esta laxitud prolongada, bautizada por los críticos como la era del dinero "demasiado bajo por demasiado tiempo", terminó alimentando de forma pasiva las condiciones crediticias que dieron origen a la desastrosa burbuja inmobiliaria subprime.
Cuando la crisis financiera global estalló con toda su crudeza en 2007, la Fed se vio obligada a vaciar rápidamente su arsenal, recortando los tipos a velocidad récord hasta encallarlos en el suelo del 0% al 0,25%, el límite inferior cero. En ese instante, las Reglas de Taylor experimentaron una caída libre vertical sin precedentes históricos. Debido al desplome del PIB y al repunte masivo del desempleo, las fórmulas matemáticas exigían tipos de interés negativos extremos de hasta el -5%. Al ser físicamente imposible fijar tasas nominales negativas en la economía real, la profunda brecha que se abrió entre ambas líneas reflejó el nacimiento de una nueva era: la Fed se vio forzada a ignorar la regla tradicional y a inventar la flexibilización cuantitativa (QE) e inyecciones masivas de liquidez para compensar el estímulo que los tipos ordinarios ya no podían ofrecer.
Tras la tormenta llegó una de las divergencias más persistentes y debatidas de la historia moderna. Durante la lenta recuperación de 2010 a 2019, marcada por los temores al "estancamiento secular", la economía estadounidense comenzó a sanar gradualmente. Las Reglas de Taylor rebotaron con fuerza y ya para el periodo 2012-2014 exigían subidas de tipos generalizadas hacia la zona del 3% o 4%. Sin embargo, la Fed mantuvo las tasas en cero hasta finales de 2015 por pura cautela. Hubo una divergencia pasiva prolongada porque el banco central priorizó sanar el mercado laboral antes de atacar una inflación que aún no presionaba. Incluso cuando comenzaron las subidas en 2016, la Fed frenó en seco al llegar al 2,4% en 2018, desoyendo por completo a una Regla de Taylor que para entonces ya demandaba tasas cercanas al 5%.
Esta desconexión voluntaria palidece al compararse con el shock inflacionario del COVID-19 entre 2020 y 2023. Tras devolver los tipos al 0% por la pandemia, la reapertura económica y los cuellos de botella globales desataron una espiral de precios histórica. Las Reglas de Taylor reaccionaron de forma explosiva y vertical, llegando a exigir tipos de interés de entre el 9% y el 11% en 2022 para contener los precios. Al catalogar inicialmente la inflación como "transitoria", la Fed se quedó peligrosamente por detrás de la curva de la regla matemática. Aunque posteriormente aplicó la subida de tipos más rápida en décadas hasta el entorno del 5,3%, la brecha histórica evidenció que la Fed prefirió amortiguar el golpe económico en lugar de aplicar el durísimo castigo monetario que dictaba la teoría.
Finalmente, el ciclo actual nos traslada a la encrucijada del primer cuatrimestre de 2026. Tras iniciar una senda de normalización que redujo el tipo efectivo hacia el rango del 3,25% - 3,50% gracias a la moderación de los servicios y la vivienda, el estallido del conflicto geopolítico en Oriente Medio ha vuelto a sacudir las variables. El violento repunte en los precios del petróleo ha provocado que las variantes de la Regla de Taylor basadas en la inflación detengan su descenso y vuelvan a registrar una preocupante rigidez al alza. Este repunte matemático justifica a la perfección el giro prudente de la Fed en sus últimas reuniones de marzo y abril: mientras que indicadores como el empleo justificarían seguir bajando tipos, el shock petrolero introduce presiones en la fórmula que obligan al banco central a activar el freno de mano y prolongar su pausa, evitando a toda costa que la brecha con la Regla de Taylor se vuelva a ensanchar y descontrole las expectativas de inflación.
Con más detalle, la tasa efectiva de los fondos federales ha alcanzado en junio de 2026 el nivel del +3,64%, mientras que la tasa de interés implícita de los fondos federales derivada de la Regla de Taylor indica que la Reserva Federal - en base a los datos del PIB real actual y de la inflación actual - debería situar los tipos de interés en nada menos que el +6,41,%. Una potencial alza de los tipos de 2,77 puntos porcentuales.
Esta encrucijada matemática y geopolítica no ha pasado desapercibida para los inversores. En las últimas semanas, el mercado de renta fija ha reaccionado con un movimiento contundente: un repunte vertical en las rentabilidades (yields) de los bonos del Tesoro a 10 y 30 años (véase el siguiente gráfico). Esta subida de los tipos de interés a largo plazo es el reflejo inequívoco de que el mercado está reajustando sus expectativas de inflación estructural. Los inversores exigen ahora una mayor prima por plazo ante el temor de que el binomio "aranceles continuos y tensiones petroleras" enquiste los precios durante el resto de la década.
Para la Reserva Federal, este comportamiento de los bonos se traduce en un arma de doble filo. Por un lado, la subida de los tipos a 10 y 30 años encarece automáticamente las hipotecas y el crédito corporativo, provocando un endurecimiento de las condiciones financieras reales; en la práctica, el mercado le está haciendo el "trabajo sucio" de restricción monetaria a la Fed. Por otro lado, valida los peores temores que la regla de Taylor lleva meses anticipando: que la inflación sigue viva en el horizonte. En definitiva, el repunte de las curvas de deuda soberana es la señal definitiva que justifica la extrema cautela del banco central. Con el mercado largo tensionándose solo, la Fed no necesita mover ficha: le basta con sentarse a esperar, vigilar los datos y confirmar si este repunte de los bonos es el freno definitivo que la economía necesita o el preludio de un ciclo de tipos altos mucho más largo de lo que nadie se atrevía a pronosticar.
Pero el verdadero efecto multiplicador de este movimiento se entiende al observar los tipos swap de interés a 5 y 10 años (USD 5 Years Interest Rate Swap y USD 10 Years Interest Rate Swap), que han repuntado en perfecta sintonía con la deuda pública (ver gráficos, datos desde ferbero de 2026 hasta la actualidad). [5] Si analizamos la trayectoria de ambas curvas, se observa un cambio de tendencia drástico y un repunte vertical a partir de los meses de febrero y marzo. Este movimiento no es casualidad: refleja el momento exacto en el que los mercados interbancarios comenzaron a descontar las graves tensiones geopolíticas en Oriente Medio, el recrudecimiento del conflicto y, muy especialmente, la amenaza de estrangulamiento logístico en el estrecho de Ormuz. Al ser una de las arterias energéticas más cruciales del planeta, el temor a un bloqueo prolongado disparó las expectativas de inflación por el lado de las materias primas, y los tipos swap reaccionaron de inmediato exigiendo mayores primas por plazo.
Mientras que los bonos del Tesoro marcan la "tasa libre de riesgo" del Estado, la curva de tipos swap de 5 y 10 años es la referencia real que utiliza la banca comercial e institucional para cubrir sus carteras y fijar el precio del dinero en el largo plazo. Su encarecimiento simultáneo en estos dos tramos clave, espoleado por la prima de riesgo geopolítico, genera un efecto de transmisión directa e inmediato: eleva drásticamente el coste de emisión de deuda para las corporaciones que buscan financiarse a medio y largo plazo, y dispara en paralelo los intereses de las nuevas hipotecas a tipo fijo.
Para la Reserva Federal, este comportamiento conjunto de bonos y swaps se traduce en una situación idónea para sus intereses. Al subir estos tipos en el mercado abierto por la pura fuerza de los acontecimientos internacionales, las condiciones financieras de la calle se endurecen de forma orgánica, enfriando el consumo y la inversión sin necesidad de que el Comité vote nuevas subidas en sus tipos oficiales. En la práctica, el mercado le está haciendo el "trabajo sucio" de restricción monetaria a la Fed. Esto valida por qué el banco central cuenta hoy con tanto margen para prolongar su pausa y aplicar una estrategia de "esperar y ver": con un mercado financiero que ya se está auto-regulando al alza ante los riesgos arancelarios y petroleros, la Fed puede permitirse el lujo de no mover ficha, dejando que la propia inercia de las curvas de tipos consolide el freno que la inflación necesita.
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[1] Powell, J. (2020), “New Economic Challenges and the Fed’s Monetary Policy Review”, remarks at Navigating the Decade Ahead: Implications for Monetary Policy, a symposium sponsored by the Federal Reserve Bank of Kansas City, Jackson Hole, Wyoming, August 27.
[2] Véase la discusión en Taylor, J.B. y Williams, J.C. (2011), "Simple and Robust Rules for Monetary Policy", en Benjamin M. Friedman y Michael Woodford, eds., Handbook of Monetary Economics , vol. 3B, (San Diego: Holanda Septentrional), 829-860.
[3] Taylor, J. B. (1999), “A Historical Analysis of Monetary Policy Rules”, in Monetary PolicyRules, University of Chicago Press, 319-348. Yellen, Janet (2012), “Perspectives on Monetary Policy”, speech at the Boston Economic Club Dinner, June 6.
[4] Taylor, J.B. (1993), "Discretion versus policy rules in Practice", Carnegie-Rochester Series on Public Policy 39, 195-214. Véase también el articulo del ex-presidente de la Fed de St. Louis, William Poole: William Poole, W. (1999), "Monetary policy rules?", Review, Federal Reserve Bank of St. Louis, issue Mars, 3-12.
[5] Los instrumentos referenciados corresponden a los contratos de permuta financiera de tipos de interés en dólares estadounidenses (USD Interest Rate Swaps). El Bono USD 5 Years Interest Rate Swap y el Bono USD 10 Years Interest Rate Swap (cuyas referencias estándar de mercado en terminales financieras son los índices USDSB3L5Y y USDSB3L10Y, respectivamente) determinan el tipo de interés fijo que las instituciones financieras acuerdan intercambiar por un tipo flotante —generalmente ligado a tasas de referencia interbancarias a 3 meses— para plazos de vencimiento a 5 y 10 años. En la práctica, actúan como el indicador real y el termómetro del coste del dinero a medio y largo plazo para el sector corporativo, el mercado hipotecario y el sistema bancario global.
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Como citar esta entrada del Blog:
Vicente Esteve, "El mercado le hace el "trabajo sucio'" a la Fed: Regla de Taylor, tipos de la deuda pública, swaps y freno a los tipos de los fondos federales en 2026", Universidad de Valencia", Blog Viaje al Fondo de las Finanzas Internacionales, 22/5/2026,
https://vicenteesteve.blogspot.com/2026/05/el-mercado-le-hace-el-trabajo-sucio-la.html
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